Columnas

Me cansé de los lloricones

Basta alzar la vista un poco más allá de nuestros zapatos para descubrir cientos, miles de personas dispuestas a hacer de Chile un país mejor.

  • Carla Guelfenbein

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Ilustración: Consuelo Astorga T.

Es cierto que vivimos en un país donde salir a la calle aún significa para una mujer tener que soportar palabras y gestos lascivos de los hombres, un país donde las desigualdades son obscenas, un país que se vuelca en manadas a los malls. Un país donde ser diferente aún es un estigma, un país donde la corrupción ha alcanzado todos los rincones. Es cierto. Pero también es cierto que vivimos en un país donde si se produce una catástrofe como la de los recientes incendios, la solidaridad no se deja esperar. Basta alzar la vista un poco más allá de nuestros zapatos para descubrir cientos, miles de personas dispuestas a hacer de Chile un país mejor. Como Arturo Soto, de 36 años y fundador de Budeo. Arturo vivió y vive en una de las poblaciones más vulnerables de Antofagasta, la población El Golf. “A los 13 años tuve que dejar mi hogar y vivir en una casa abandonada que tenía mi abuela en uno de los barrios más vulnerables y peligrosos de la ciudad, donde la droga y las pandillas eran mi única posibilidad de vida, al igual que la de miles de niños de mi país. Pero yo tenía una ventaja. Estaba a dos calles del mar. Un día caminé a la playa y vi una ola de 3 metros. Al día siguiente bajé con mi tabla de bodyboard. Así comienza la historia de mi emprendimiento y mi relación con el mar. Mi conexión fue tan grande que estaba a las 7 de la mañana surfeando. Todos mis problemas por no tener padres, vivir solo, y la depresión poblacional en que vivía, se quedaban en la mar. Mis vecinos creían que estaba loco, y en el colegio me decían el salado. Pensando en cómo podía vivir de lo que me apasionaba, fue que tuve la idea de hacer una escuela de este deporte. Mi sorpresa fue grande cuando los niños de mi población empezaron a golpear la puerta de mi casa. Eran chicos pobres y altamente vulnerables. De inmediato pensé que tenía una oportunidad de ayudarlos a salir, como había salido yo. En el camino conocí a otras personas que creyeron en este sueño. Creamos un circuito de campeonatos de bodyboard en diferentes olas de nuestra región, con la idea de hacer sustentable nuestro trabajo deportivo y social con los niños y mantenerlos motivados. Hoy no solo los ayudamos a salir de su situación de riesgo, sino también a transformarlos en líderes sociales enseñándoles a creer en ellos mismos y en sus sueños, a crear cambios en una sociedad que lo necesita mucho”. Pero Arturo no es el único. Camiseteados es un proyecto que creó Ashoka, una organización que aúna a emprendedores sociales. Se hizo un llamado nacional para buscar a personas comunes y corrientes haciendo cosas extraordinarias. De ahí salieron cientos de personas que hacían todo tipo de cosas, desde regar la plaza de su barrio hasta empresas sociales. Como Jorge Torres, de 38 años, que se dedica a rescatar lugares públicos, a pintarlos y refaccionarlos. “Empecé pintando un ferrocarril y ahora llevo 5 años en esto, de noche o de día. Trabajo también educando a la gente para que entiendan que hay que cuidar y querer nuestros espacios. Tenemos un colectivo pequeño que se llama La Revolución de las Estatuas”. Otro proyecto descubierto por Camiseteados es el de Laura Rufatt, alumna de 3ro. básico del Colegio Hebreo. Laura desarrolló un proyecto para que nadie se quede solo o esté triste durante los recreos. Junto a sus amigas crearon una campaña: CAS ( Campaña Amigos por Siempre). Hicieron afiches y pusieron su plan en marcha. Ellas caminan todos los recreos por el colegio buscando niños que están solos, se les acercan y les buscan con quien jugar, ojalá para siempre. Los acogen entregándoles amor y actividades.

Denunciar es importante. Pero también es relevante que, en lugar de quedarse en el rincón pataleando y lloriqueando, salgamos afuera, como Arturo, Jorge y Laura. Que nos unamos a otras personas que piensan como nosotros y hagamos algo por cambiar lo que no nos gusta.