Entrevistas

Adolfo Castro

Trabaja de 9 a.m. a 5 p.m. en un rubro (gastronomía) en el que la mayoría de las veces los horarios no tienen límites. Eso es porque para este chocolatero disfrutar la vida y entregarse al placer es clave. Lo mismo que busca transmitir con cada uno de sus bocados.

  • Patricia Morales

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Foto: Rodrigo Cisterna

El cuento Maldito Gato, del escritor chileno Juan Emar, decía que la persona que probara un dulce Candiyugo, entendería,mientras durara ese caramelo en su boca, cómo funciona el universo. No era una golosina cualquiera, al comerlos había un efecto. Lo mismo que busca Adolfo (33) con su marca de chocolates Candiyugo (en honor a estas pastillas alucinógenas), provocar algo, aunque no tan surrealista como el cuento eso sí. “Esa es la gracia, que te comas el chocolate y que, mientras ese chocolate esté en la boca, puedas disfrutar, sea como una pausa, un momento de placer”, dice.

A este chocolatero la cocina lo conquistó desde niño. “Cuando cocinaba me gustaba el efecto que generaba en las personas. Disfrutaba cocinar, pero también mirar el resultado, las caras de la gente cuando probaban”, cuenta. A pesar de sentir esa pasión, cuando llegó el momento de decidir su futuro, no sabe muy bien por qué, pero se metió a estudiar Derecho, carrera en la que solo duró dos años. “Me di cuenta de que no era lo mío y decidí hacer lo que me gustaba y no lo que la gente quería que yo hiciera”, recuerda.

Entró a las cocinas y nunca más salió. Estudió gastronomía en el Culinary y mientras estaba ahí supo que tenía habilidades para lo dulce, así que cuando llegó el momento de hacer su práctica eligió la chocolatería Oriol Balaguer, en Barcelona. “Me encantaba su trabajo y sabía que sería una gran experiencia”, recuerda. Y agrega: “Fue intenso, pero eso me permitió conocer el mundo de la alta pastelería y adquirir conocimientos que después fueron muy útiles cuando volví a Chile”. De hecho, a los tres días de su arribo al país ya estaba trabajando con uno de los mejores pasteleros a nivel nacional, Nicolás Welsh, con quien estuvo tres años, hasta que decidió emprender.

Buscadores de placer

El 2011 nació Lea-Plaza y Castro (@leaplazaycastro), la marca de catering que Adolfo tiene con su socio Joaquín Lea-Plaza. Una empresa banquetera que se caracteriza por la fabricación artesanal y los productos de alta calidad. “Es una propuesta distinta. Todos nuestros productos se hacen en nuestro taller y ciento por ciento a mano. Tratamos de no comprar nada a terceros, como en los buenos restaurantes, que fabrican absolutamente todo”, explica. Y agrega: “Tratamos de entregar productos que den placer y que también nuestro trabajo sea un placer”.

En eso último no transan. “Cuando armamos este proyecto decidimos quedarnos con todo lo que nos gustaba de la cocina y lo que no, fuera. Por eso trabajamos de 9 a 5 (algo muy difícil en ese rubro), porque nos gusta hacer deporte, nos encanta el tiempo libre, creemos mucho en eso, entonces lo hacemos para nosotros y se lo damos a nuestra gente”, explica. Para Adolfo esto es el punto de partida para llegar a un buen resultado en sus productos. “Si estás contento y bien en lo que estás haciendo, tarde o temprano eso te va a traer frutos. Nuestro trabajo es placentero y esperamos que eso mismo sientan nuestros clientes mientras tengan uno de nuestros Candiyugos en su boca”.