Columnas

Si me agredes te denuncio en la red

Las redes son una nueva forma de defendernos de todas esas pequeñas o grandes agresiones que se viven día a día en nuestra sociedad.

  • Carla Guelfenbein

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Foto: Consuelo Astorga

No es la primera vez que doy cuenta a través de esta columna de la creciente agresividad del ciudadano común. Hace unos días, cuando defendí el derecho a ocupar un estacionamiento que esperaba en un mall, la mujer a quien detuve amablemente cuando quiso ocupar mi espacio, se bajó de su auto y comenzó a insultarme. Luego me siguió por el estacionamiento y por las escaleras gritando, hasta que llegamos arriba, y nos dimos de bruces con un guardia. Me detuve ante él. La mujer seguía gritándome y amenazándome en frente de su hijo de no más de 7 años, mientras el guardia nos miraba desconcertado y llamaba por su walkie talkie quien sabe a quién, sin decir palabra.

En tanto, la mujer con su hijo simplemente desaparecieron. Me arrepentí de -en lugar de haber acudido al supuesto salvador de la gente común y corriente- no haberle tomado a la mujer una foto y haberla hecho circular por las redes. Recuerdo que hace un par de años mi amigo Pablo Simonetti fue agredido por una pareja en un ascensor. Al subirse él, la pareja se bajó, gritando algo así como “qué asco”. Pablo lamentó no haberles tomado una foto, y desde entonces es un instrumento que usa contra la discriminación. Las redes son una nueva forma de defendernos de todas esas pequeñas o grandes agresiones que se viven día a día en nuestra sociedad. No necesitamos acudir a una supuesta autoridad por asuntos que, de todas formas, ellos no tomarán en cuenta, como me ocurrió a mí. El impacto es poderoso. Todos recordamos al oftalmólogo de Reñaca que atacó brutalmente y echó fuera a un perro de un ascensor e insultó a la mujer que lo llevaba, acusándola de que dado su trabajo como nana debía subir por las escaleras. Estas fotos y videos caseros van constituyendo una radiografía y a la vez sacando a la luz un comportamiento ciudadano que de otra forma permanecería en la oscuridad. El repudio no se hace esperar. Muchos de estos videos y fotos se hacen virales.

Pero como tantas cosas, la denuncia a través de las redes sociales es un arma de doble filo, como lo demostró un video subido hace poco por una pasajera del Transantiago. Allí se veía a dos jóvenes rayando un bus con unos gruesos plumones negros. Después de haberse vuelto viral, después que todos despreciamos el mal comportamiento de las chicas, nos enteramos de que lo que hacían era borrar un rayado xenofóbico en contra de los haitianos. Incluso, en su defensa, también por las redes sociales, ambas declararon que si se encontraran ante otro rayado como ese, donde se acusaba a los haitianos de traer el sida a nuestro país, lo harían de nuevo. El mensaje que le envió por Twitter una de las chicas a la mujer que las acusó, además de explicarle lo que hacía, la encara en un punto álgido y controvertido de esta nueva forma de denuncia. Legalmente nadie tiene derecho a hacer pública una imagen de otra persona sin su consentimiento. También alude a otro punto importante. Termina su mensaje así: “Bien cobarde no decirme esto a la cara y andar publicándolo en las redes sociales”.

En los múltiples videos que nos llegan en las redes de colegiales agrediendo brutalmente a uno de sus compañeros mientras los demás observan entre estupefactos y admirados, uno se pregunta: ¿Por qué ninguno de ellos tuvo los cojones para encarar al agresor directamente? Alguien lo filmó, sí, alguien lo subió a la red, sí, pero nadie lo detuvo. Con esto, no me retracto de mis primeras palabras en esta columna. Todavía me arrepiento de no haberle tomado una foto a mi agresora en lugar de acudir a una autoridad que resultó ineficaz, pero también soy consciente de que acusar a alguien por las redes sociales es un acto que hay que usar con responsabilidad y conocimiento.