Entrevistas

Bernardo Santander: “(En Chile) no hacemos alta costura, hacemos alta noche”

Hace un año era quizás el nombre más desconocido dentro de los diseñadores que fueron seleccionados para confeccionar un vestido para Carolina de Moras en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar; sin embargo, fue uno de los favoritos de la crítica. Este 2017 repitió la historia, abriéndose definitivamente paso entre la nueva generación de creadores nacionales.

  • Alejandra Villalobos

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Fotos: Nicolás Abalo

“Cuando las cosas tienen que pasar, pasan”, dice Bernardo Santander (32), convencido de que la vida lo puso en el momento preciso y con la persona correcta. “Es una historia bien bonita, que me emociona porque tiene que ver con Pablo Gálvez, quien falleció el año pasado”, dice refiriéndose a cómo llegó a diseñar por dos años consecutivos un vestido para Carolina de Moras para el Festival de Viña del Mar, siendo todavía desconocido en el medio. “Yo conocía a una amiga que trabajó con él. Un día me ofreció ir con ella donde Pablo, en 2013, para ayudarlo en unas pegas urgentes que él tenía. Yo en ese entonces no sabía quién era Pablo y cuando llegamos nos dijo que le ayudáramos con un vestido para Javiera Díaz de Valdés para la gala del Festival, ¡yo no lo podía creer!”, recuerda Bernardo. Y lo que comenzó como una simple colaboración terminó convirtiéndose en la puerta para lo que vino después. “Pablo me siguió llamando para que lo asistiera con más trabajos, hasta que se generó una amistad. Poco a poco comencé a preguntarle, medio en serio medio en broma, si podía hacerle un vestido a la Carola, pero me decía que todavía no estaba preparado, que me faltaba experiencia y currículum”, dice. Por eso comenzó a buscar distintas plataformas para mostrar su trabajo. Así llegó al mundo de las ‘misses’ (Miss Chile y Miss Universo), y entre el 2014 y 2016 ha estado trabajando en la creación de diseños y trajes típicos para estos certámenes. “De chico siempre los veía con mi mamá y me encantaban, los comentábamos y era de las personas que reclamaban cuando a Chile le iba mal, o cuando le ponían un vestido feo, y ahora estaba en mis manos, era yo el que podía hacer algo, y estuve trabajando mucho en eso”, cuenta, y agrega que “me han criticado harto socialmente, porque lamentablemente el mundo de las ‘misses’ está superdesprestigiado; antiguamente eran unos megaeventos, todas querían ser Miss Chile, pero ahora se asocia con algo medio ‘chulo’, entonces me encantaría devolverle ese glamour”, dice. Este año quiere bajar la dosis, porque el año pasado estuvo en todos los concursos. “Ahora quiero enfocarme más en formar mi carrera como diseñador y posicionar mi nombre como marca”, sentencia.

El paso por los concursos de belleza, más otras cosas que recopiló, le ayudaron a armar un pequeño ‘book’ – “igual insignificante al lado de un Matías Hernán, que ha estado en Nueva York, o de Paulo Méndez o Claudio Mansilla”- dice, hasta que finalmente la oportunidad llegó: el programa Maldita Moda lo citó a un casting porque iban a hacer un concurso para integrar a un diseñador al staff. Al poco andar el concurso no resultó, pero igual lo llamaron para mostrarle sus propuestas a Carolina. “Hice como 5 bocetos a todo color, nos juntamos en su casa, le presenté las propuestas y le encantaron. Dijo ‘aquí me quedo’”, cuenta. “Estoy muy agradecido, porque han ido apareciendo personas que me han ayudado mucho, que siempre han estado ahí. Viña ha sido una tremenda plataforma para ponerme en el mapa, pero más que eso, para mí ha sido una gran oportunidad de conocer personas increíbles, de darme cuenta de que este mundo no es tan frívolo, que hay a quienes sí les importas y que creen en ti”, dice.

Entre lápices y agujas

El sueño de la mamá de Bernardo era que fuera doctor. Desde pequeño le compraba libros de biología para incentivarle el gusto por la medicina, asignatura en la que para buena -o mala- suerte de Bernardo, le iba muy bien. “Pero lo que realmente me gustaba era dibujar; la mesada me la gastaba en lápices y en el minuto que podía dibujaba”, recuerda. En la adolescencia, y con el boom de los animé, más se potenció esa pasión, pero cuando llegó el momento de estudiar trató de inclinarse por alguna carrera relacionada con la salud. “No me fue tan bien en la prueba, así que me metí a un preuniversitario para volver a intentarlo, pero ahí me di cuenta de que no quería eso, que necesitaba una carrera más lúdica, entonces hice varios test vocacionales por Internet y ahí me apareció entre otras carreras dibujo teatral”, cuenta. Finalmente se matriculó pero justo ese año se fusionó esa carrera con diseño de vestuario en el Inacap. “Aprendí a coser y viví la rigurosidad de la máquina y la aguja, pero no me gustó la rigidez. Todos teníamos que hacer lo mismo, y yo soy todo lo contrario, me gusta probar, hacer cosas distintas, y ahí no podía, así que me retiré superfrustrado”, recuerda. Justo ese año unas sobrinas tenían su fiesta de graduación y como familia no estaban pasando por un buen momento económico, así que le pidieron que él les hiciera los vestidos. “Entre lo que había estudiado y lo que me acordaba comencé a hacer los bocetos; una cuñada nos regaló las telas y así confeccioné los vestidos, que para sorpresa de todos quedaron superbonitos. Mucha gente me los celebró y empezaron a aparecer las primeras clientas, y me fui dando cuenta de que me encantaba coser y diseñar, así que le di una segunda oportunidad a la carrera y busqué una institución más liberal. Entré al Incacea y fue una superbuena experiencia”, dice.

Hoy trabaja de lunes a viernes en la fábrica textil de Mavesa, en el área de sastrería y molde, y en sus tiempos libres y fines de semana se dedica a la confección de diseños de alta noche.

¿Cuál es tu sello? Es lo mismo que me pregunto (risas). Si bien me gusta trabajar con brillos, bordados y hacer detalles a mano, he hecho de todo; he trabajado con telas rígidas, telas con movimiento, volúmenes, siluetas, he hecho trajes típicos…

¿Pero hay algún patrón común que se repita? Me gusta el brillo; siempre he dicho, un vestido mío tiene que tener algo que resalte, que llame la atención. No soy muy amigo del negro, muy rara vez me vas a ver trabajando con ese color.

¿Siempre has trabajado en la línea nocturna, de gala? Sí, siempre. No me gusta llamarla ‘alta costura’ porque nosotros no estamos ni cerca de lo que realmente es, o sea, el haute couture tiene parámetros superestrictos que debes cumplir, y aquí en Chile no hacemos eso, sí hacemos vestidos de gala, a veces trabajamos con seda o cristales, pero no siempre. Acá no somos fabricantes de nada, todo lo traemos de afuera, entonces yo prefiero decirle ’alta noche’, para no pelearle a nadie (risas). Pero sí, me encanta el vestido de noche, se pueden hacer muchísimas cosas.

¿Y estás involucrado en todo el proceso creativo? Sí, yo lo diseño, lo dibujo, hago el molde, lo corto y a veces mando a bordar algunas cosas, pero me gusta estar ahí, en todo el proceso.

 

También haces vestidos de novia… Sí, aquí en Chile las novias son un nicho bien grande. Lo entretenido es que las novias están teniendo cada vez más identidad propia, ya no sueñan con vestirse de princesa, ahora estás más ‘mañosas’ (risas), buscan cosas distintas, originales. Y aunque saben lo que no quieren, no saben lo que quieren, entonces para mí ha sido un desafío supergrande y entretenido.

¿Y te gustaría diseñar para hombres? Sí, me gustaría, creo que sería un buen complemento para lo que hago. Yo creo que pronto me voy a lanzar con sastrería a la medida.

¿Tienes algún referente, nacional o internacional? Partiendo por casa, me encanta Rubén Campos, creo que es el mayor referente chileno, o sea, él puso el nombre de Chile en el mapa, ha hecho muchas cosas, ha sido irreverente y clásico, ha pasado por todo. Y pese a que hoy día hay muchos diseñadores buenísimos, él es historia. Y de afuera, Elie Saab, me fascina su trabajo a mano, cómo elabora las telas… me encantaría algún día hacer un trabajo como el de él, es mi referente máximo.

¿Cuál es la mayor enseñanza que has tenido en estos primeros años de carrera? Que nunca hay que dejar de soñar. Los sueños te van poniendo metas, hacen que te vayas superando. Si uno tiene un sueño hace lo posible por materializarlo, por hacerlo realidad, y en mi caso mis sueños nunca han sido tan aspiraciones; sueño cumplido, sueño nuevo, y así vamos subiendo, de a poco y con mucho esfuerzo. Puede haber algunas personas que piensen que a mí me tomaron y me pusieron arriba, pero quizás no saben que me he sacado la cresta, que muchas veces para poder cumplir mis metas o pagaba la luz o compraba las telas, y muchas veces me lanzaba nomás pensando, bueno, Dios proveerá, y menos mal siempre fue así (risas).