Entrevistas

Arturo Irarrázaval

Desde niño tuvo claro que su trabajo estaría relacionado con lo que a él más le gustaba, el deporte y las causas sociales. Así nació COA Surf, una marca de tablas e implementos que son fabricados por reos de la Cárcel La Pólvora, donde tiene su fábrica y en la que, además de pulir y pintar, enseña que en la vida es posible caerse, pero siempre hay que levantarse.

  • Patricia Morales

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Foto: Juan Pablo Sierra

Un traslado a Tahití por el trabajo de su papá lo hizo encontrar tempranamente su destino. “Desde los 6 a los 8 años viví en una casa al lado de la playa en la isla, pasaba todo el día en traje de baño, adentro del agua, una vida totalmente distinta a lo que estaba acostumbrado y que me encantó”, recuerda. Fue allí donde conectó con las tablas y el surf, y aunque en un comienzo fue un hobby, Arturo (30) siempre tuvo claro que esa conexión sería para toda la vida.

Cuando salió del colegio estudió publicidad e ingeniería comercial. “Pensé cómo podía hacer que lo que más me gustaba fuera mi trabajo, entonces decidí crear mi propia marca de surf”, cuenta. Para él había dos cosas que eran claves en este proyecto: que fuera algo diferente, un concepto interesante que le permitiera competir en el mercado y, lo más importante, que pudiera ayudar de forma potente al país o al planeta. “Investigué mucho sobre el calentamiento global, medioambiente, educación, pero nada me convencía”, recuerda.

Cuando estaba en esa búsqueda fue el incendio de la Cárcel de San Miguel (2010) donde murieron 81 reos. “Pensé ¿qué está pasando? Se habla tanto de los apoyos, pero finalmente nadie se hace cargo, no hay planes de reinserción lo suficientemente potentes. Dentro de la cárcel hay gente que quiere trabajar y espacio para hacerlo. En ese momento decidí que ahí era donde tenía que desarrollar mi proyecto”, cuenta

Caer y levantarse siempre 

El 2011 nació COA Surf (www.coasurf.com), una marca de tablas e implementospara el surf que se fabrican completamente en Chile, por presos del Complejo Penitenciario de Valparaíso (ubicado en Camino La Pólvora). “Investigué mucho, recorrí muchas cárceles y me di cuenta de que este recinto tenía un gran potencial”, dice. Las tablas se fabrican con fibra de vidrio, un material que se usa también para piscinas, sillas, mesas, repuestos de lanchas y un sinfín de otros productos. “Al estar en una zona costera, cerca del Club de Yates, los reos que aprendan a trabajar este material, si al salir no pueden trabajar con nosotros, tienen un mayor campo laboral donde reinsertarse”, explica.

En COA Surf todo el proceso se hace dentro de la cárcel. Depende de la etapa de producción, pero en promedio deben ser 64 reos y solo 5 que trabajan desde afuera. “Esta es una marca de las cárceles y los presos la sienten como algo propio, y eso se refleja en los productos. Cualquier diseñador está expuesto a contenidos y referencias, adentro no ocurre eso. Lo de ellos es un diseño muchomás limpio, de raíz chilena y que expresa lo que están viviendo. En las pinturas y serigrafías se ve mucho el sueño de libertad, el arrepentimiento. Son diseños muy cargados, muy potentes”, cuenta.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con personas privadas de libertad?

Dar oportunidades a personas que se han caído en la vida es potente, de eso se trata este proyecto, de caer y levantarse siempre (nuestro eslogan). Eso funciona en los deportes porque te puedes caer, quebrarte una pierna, eso te enseña después a ser más cuidadoso, menos arriesgado. Y dentro de la cárcel es lo mismo, te caes y tienes que aprender que no puedes volver a cometer ese error, tienes que mejorar, para que cuando salgas seas una persona más sólida.