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Sombrilla

Accesorio portátil, más liviano que el paraguas, no necesariamente impermeable, empleado por las mujeres para protegerse del sol. Se compone de una pieza de tela que se recoge y expande proporcionando sombra, una varilla central y un sistema de rayos provisto de un mecanismo para abrirlo y cerrarlo.

  • Pía Montalva

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ORIGEN

El origen de la sombrilla o parasol se remonta al antiguo Egipto y sitúa alrededor de 1.500 años a.C. Se trata de un instrumento fabricado con hojas de palma atadas a una caña, destinado a los altos dignatarios y la nobleza cuya jerarquía demanda evitar la exposición a la luz solar. Desde allí se propaga hacia Grecia, donde se transforma en un artículo de lujo, exclusivamente femenino. La sombrilla, de lino blanco, es cargada por sirvientas y esclavas en las ceremonias y fiestas celebradas al aire libre. Los hombres tienen prohibido usarla porque predomina la idea de que bajo esta ocultarían sus conductas libertinas a los dioses. Roma aporta esplendor al objeto: seda púrpura, tejidos de Oriente, mangos de marfil con adornos de oro y plata. Dicha tradición permanece durante largo tiempo. La italiana Catalina de Médicis introduce el parasol en Francia, a mediados del XVI. Para la centuria siguiente este forma parte de la indumentaria de las elegantes. Antoine Furetière, en su Diccionario (1690), lo describe como “un pequeño mueble portátil o cobertura redonda que se lleva en la mano para proteger la cabeza de los grandes ardores del sol; se elabora a partir de un cuero circular, tafetanes, tela encerada, etc… Sirve también para defenderse de la lluvia y entonces algunos lo llaman paraguas”.

La sombrilla china, impermeable gracias al tratamiento otorgado al papel y la seda, se inventa en el siglo XI a. C.

TENDENCIA

En el siglo XIX la sombrilla deviene en un accesorio indispensable para las mujeres de la élite. Contribuye a distinguirlas de sus congéneres pertenecientes a la masa trabajadora al conservar sus pieles sin broncear. Sujeta a los vaivenes de la moda y a los estilos vestimentarios, se adapta a ornamentos, colores, telas y silueta en boga. Hacia 1810, confeccionada en algodón blanco, incluye flecos y bordados multicolores que combinan con el ligero vestido de muselina, el sombrero de paja y el chal de cachemira. Por el contrario, hacia 1890, una versión deportiva, manufacturada en seda lisa, incorpora un forro de un color contrastante. Acompaña una estrecha chaqueta decorada con pasamanerías y una falda con polisón, plisada y drapeada.