Entrevistas

Sergi Arola

Su nuevo rol como jurado de MasterChef (Canal 13) le ha permitido a este reconocido cocinero español hacer una pausa en su ajetreada agenda internacional para vivir un tiempo en Chile. “No tendría ningún problema en quedarme o al menos pasar una larga temporada aquí, este país me gusta mucho”, dice.

  • Patricia Morales

Compartir vía email

Fotos: Rodrigo Cisterna

La primera vez que Sergi (49) cocinó tenía solo 12 años, pero no fue porque esta actividad lo apasionara. “Era el típico niño que no le gustaba comer nada. Pasaba largas temporadas con mi abuelo y para que no me retara por no comer, decidí empezar a cocinar yo”, recuerda. Su verdadera pasión era la música. Siempre quiso ser rockero, hasta que un día se dio cuenta de que se le daban mejor las baterías de cocina que las de música. “La música sigue siendo mi vida, mi pasión. Está presente en todo lo que hago, siempre estoy escuchando música. No es para nada pasado, es presente y futuro (…) Ojalá Dios me hubiera dado la virtud de tocar la guitarra y cantar en vez de cocinar, pero bueno, tengo la que tengo y tampoco me puedo quejar”, dice.
Y claro que no tiene de qué quejarse: dos preciadas estrellas Michelin por su restaurante Gastro (Madrid), varios restaurantes en distintos países y haber cocinado para personajes como Leonardo Di Caprio, Joan Manuel Serrat, Madonna, Lady Gaga y Beyoncé, son parte de su currículum. Pero a pesar de llevar una vida llena de viajes y glamour gastronómico, lo que a Sergi lo conquistó de la cocina fue la capacidad de expresar, de llegar a través de sus platos al corazón de sus comensales. “La gastronomía es algo que haces y disfrutas con los cinco sentidos. Solo el sexo lo disfrutas también con los cinco sentidos, no hay ninguna otra actividad humana en la que expreses y recibas así”, dice.

“Con Chris (Carpentier y Ennio (Carota) existe una química muy divertida, un poco irreverente, lo pasamos muy bien juntos”, dice.

La experiencia MasterChef

Al comienzo de la entrevista Sergi pregunta si se publicaría el pasado domingo 5 (día del estreno de la tercera temporada de MasterChef, donde él es jurado por primera vez). “¡Es que habrían sido muchas emociones juntas!”, dice. Además de emocionado, con este proyecto lo está pasando muy bien. “Me lo habían ofrecido hace 3 años y no pude por temas de agenda, pero me quedé con la pena de no haber podido aceptar. Esta vez cuando me llamaron tardé solo 12 horas en decidirme, no le pregunté a nadie”, cuenta.
Para este chef, con más de 20 años de trayectoria, la relación con principiantes es, en sus propias palabras, maravillosa. “Puede sonar radical, pero de toda mi experiencia creo que esta es una con la que me quedaré siempre. Emociona ver la ilusión con que chavales aman hacer algo, pero no tienen la oportunidad, porque es caro, porque no tienen conocimientos o por lo que sea; llegan al programa y con los recursos que les proveemos evolucionan a una velocidad impresionante”, dice.

¿Eres muy exigente con ellos?

En mi cocina intento ser honesto y cada vez más quitarle trasfondo a la manera que cocino. De hecho, me aburren las concepciones demasiado creativas y filosóficas de la gastronomía, como cuando escucho a algún compañero mío hablar de un plato de garbanzos ¡como si te estuvieran hablando de una ponencia sobre derecho canónico! Dicho esto, claro que seré exigente, pero dentro de este estilo.