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Sobrefalda

Falda emplazada sobre otra falda o vestido, cuyas proporciones (largo y ancho) son, por lo general, distintas a las de la prenda que cubre. Estas diferencias -sumadas a cambios en los colores, motivos, texturas, pesos y grosores de las telas empleadas en su confección- producen un juego estético entre ambas capas. El objetivo de la sobrefalda es sumar atractivo visual a la vestimenta.

  • Pía Montalva

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Foto: Givenchy, Primavera/Verano 2017.

ORIGEN.

Las primeras sobrefaldas de la historia remiten a la indumentaria egipcia. Alrededor de 1500 a.C., los hombres combinan la túnica larga transparente denominada kalasiris con el schenti, una especie de falda corta, plisada y almidonada, ubicada encima del primero. Tres mil años más tarde, durante el Renacimiento europeo, el traje femenino, constituido hasta ese momento por dos vestidos de diferente tonalidad, incorpora un cambio que revolucionará el gusto de los próximos siglos. La prenda exterior, fruncida en la cintura, se abre por delante en forma triangular. Opera como sobrefalda y deja en evidencia aquello que va  debajo: una segunda saya fabricada en paño de oro y plata o en seda recamada con perlas e hilos metálicos. Hacia 1670, el estilo francés potencia la idea al drapear el vestido externo en la zona trasera de las caderas, con el propósito de exhibir una superficie más amplia de la pollera y lujosos brocados con variados dibujos. En el siglo XVIII, ambas vestiduras replican el mismo material e idénticos adornos: ruches, volantes, cintas. La sobrefalda integra ahora una suerte de bata, siempre abierta en el frente, pero holgada en la espalda, gracias a la presencia de pliegues encontrados que se expanden hacia el ruedo. Para el XIX, la superposición de faldas deviene en un recurso utilizado por la naciente alta costura, destinado a incrementar el volumen y presencia de los trajes de noche o baile.

A mediados de los 60, algunos diseños de pijamas palazzo elaborados en seda estampada incluyen sobrefaldas de gasa.

TENDENCIA.

En la década de 1910, la línea imperio domina la oferta de modas. La sobrefalda es parte de la túnica corta, de talle alto, elaborada en tul, gasa o encaje y bordada con motivos orientales que se lleva sobre una pieza de configuración equivalente, hasta los tobillos, confeccionada en satén, damasco o chiffon. Por el contrario, en los años 20, cuelga desde una pretina situada en las caderas, estructurada sobre la base de plumas o flecos de canutillos terminados en una fina borla de hilos de seda.