La Comensala

El Rincón del Poeta

El local es pequeño y acogedor, pero tiene una terraza en dos niveles que cuelga prácticamente sobre el mar, con una vista espectacular y paredes de vidrio que mantienen impecables.

  • Pilar Hurtado

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Siempre he tenido buenas experiencias en este restaurante que está al lado de la casa de Pablo Neruda en Isla Negra. He estado allí varias veces, porque voy mucho a la zona, y durante febrero, buscando un lugar para almorzar afuera, lo elegimos nuevamente. En especial, cuando supe por un programa de TV que el chef Mauro Pino había vuelto a sus fogones. Esta vez, el grupo estaba compuesto por mi madre, mis hijos, un sobrino y yo. Los niños iban instruidos para no pedir más de una bebida por cabeza, así la cuenta no nos salía tan abultada. El local es pequeño y acogedor, pero tiene una terraza en dos niveles que cuelga prácticamente sobre el mar, con una vista espectacular y paredes de vidrio que mantienen impecables. Ese día había harto público, especialmente gente mayor. Había uno o dos niños más, de esos que uno no puede creer lo bien portados que son; los míos suelen ser fatales y ese día no fue la excepción. Afortunadamente, el día estaba precioso y hasta la garzona nos atendió con mucha paciencia. Mi madre y yo pedimos copas de vino, generosamente servidas (la mayoría de etiquetas son de los valles de Leyda, Casablanca, San Antonio, Cartagena). Los niños cucharearon incrédulos un pebre de cochayuyo muy rico. Para compartir, pedimos un ceviche de la misma alga con camarones, generosa porción que es parte de las recetas de la mítica Ingrid Weinrich, una de las primeras chefs de Chile y dueña de este local, aunque hoy, debido a su edad, más bien en la retaguardia del negocio. Y también probamos el causeo de lapas, un molusco típico de la zona, que es, como decía mi padre, “el loco del pobre”: una delicia. En este caso, con trocitos de palta. Como fondos, hubo varias opciones. Un par de platos fueron el muy rico congrio frito sobre pastelera con ensalada chilena tibia, con un buen pescado frito que por dentro está a punto y con costra crujiente, encima de una sabrosa pastelera que aprovecha los choclos de verano. También trucha con salsa de alcaparras, que a su dueño le gustó y el pescado estaba muy bueno. Otro fue un salmón con salsa de calamares, limón y jengibre. Mientras tanto, los chicos hablaban fuerte, dieron vuelta un par de bebidas y pidieron más. Nosotras tratábamos de hacerles bajar el volumen para no molestar al resto, pero la gente estaba feliz y nadie se quejó. De postre, probamos una buena leche nevada, un tiramisú y una contundente marquise de chocolate. Salió abultada la cuenta, pero fue una muy grata experiencia en un lugar al que dan ganas de volver.

Consumo:todo lo descrito + acompañamientos y varias bebidas: $119.800.

NOTA: 6.6 / Poeta Neruda s/n, Isla Negra. Tel. 35246 1774.