Entrevistas

Magdalena Moreno: cuando el fuego no da tregua

Después de semanas de enormes incendios forestales, casi 600.000 hectáreas consumidas por el fuego y miles de viviendas destruidas, la ayuda internacional y de diversas organizaciones se ha hecho imprescindible. Es ahí donde el nombre de la fundación Viento Sur, y el de su directora, Magdalena Moreno, se hicieron conocidos por todos nosotros. Conversamos con la mujer detrás del SuperTanker, el avión cisterna más grande del mundo, que devolvió un poquito la esperanza y que aún combate los focos activos que arden en distintas regiones del país.

  • Constanza Espinoza

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Foto: Gustavo Lara

Magdalena Moreno (41) es psicóloga educacional de la Universidad Católica y actualmente, en sus propias palabras -medio en broma, medio en serio- ‘experta’ en aeronáutica. Ella es la directora de la fundación Viento Sur, creada por la filántropa Lucy Ana Avilés, y responsables de traer a nuestro país el famoso SuperTanker: el avión que logra almacenar 72.000 litros de agua para apagar incendios alrededor del mundo. La tarea, eso sí, no fue fácil. “Tuvimos que diseñar un sistema que no existía para combatir esta emergencia, y todo en un día”, cuenta. “Además hay que coordinar la bencina, la alimentación de esta tropa gigante de personas, recibir los millones de donaciones de agua, hablar con el Gobierno, buscar los recursos necesarios para seguir manteniendo al SuperTanker acá -luego del aporte de Lucy Ana y Ben los encargados de financiar las operaciones del 747 fueron la familia Luksic y los Angelini- y también informar a la prensa de forma criteriosa, porque esto no es un show, sino que una emergencia”, asegura.

Una fundación para la educación

La fundación Viento Sur surgió en el año 2014, a raíz de la necesidad y del interés de Lucy Ana Avilés y de su esposo, Benjamin Walton, por seguir realizando acciones filantrópicas en nuestro país. “Ellos comenzaron ayudando luego del terremoto de 2010, cuando las tres escuelas de la costa de la comuna de Licantén (Iloca, Duao y La Pesca) ‘volaron’ para el tsunami”, explica Magdalena. El matrimonio financió la construcción de un colegio, pero no solo eso. “Cuando el establecimiento se entregó, además se firmó un convenio con la Municipalidad: Lucy Ana seguiría involucrada en el colegio, participando a través de un Consejo Escolar”, cuenta. “Por esa razón había que empezar a trabajar puntualmente en eso y conversando conmigo, Lucy Ana decidió formar la fundación y yo comencé a dirigirla altiro”, detalla Magdalena.

¿De qué forma influye en tu vida dirigir esta fundación? Tanto Lucy Ana como yo tenemos apego con la zona costera de Curicó, entonces más gustosa iba a estar dispuesta a trabajar en temas en la zona, llevar programas y ver cómo mejorar la educación en esas comunas. Nosotros financiamos proyectos que tengan impacto en la educación, pero no se trata solo de firmar un cheque en blanco y entregarlo, sino que nuestra filantropía -que viene de los lineamientos establecidos en la fundación Walton Family Foundation, en Estados Unidos- conlleva involucrarse en los programas que se financian, ver los resultados que se están obteniendo, hacer un seguimiento y si es necesario sugerir modificaciones o cambios. En el día a día es bien parecido a cualquier trabajo, aunque Lucy Ana esté en Estados Unidos hablamos muchas veces al día, constantemente, y ella está también muy involucrada en las decisiones de la fundación. Vamos siempre trabajando juntas.

¿Y cómo surgió la idea de apoyar en lo que estaba pasando con los incendios? Lucy Ana está permanentemente monitoreando lo que pasa en Chile. Su familia y sus amigos están aquí, entonces veía con mucha preocupación y desesperación lo que ocurría. Al ver que esto parecía que no iba a dar tregua en mucho tiempo, surgió la idea de hacer algo efectivo -que es lo que siempre tratamos de hacer como fundación- y realmente importante para aportar en el combate de los incendios.

Coincidencia o no, la ‘Mane’ -como la llaman sus cercanos- se encontraba justamente en la comuna de Hualañé cuando los incendios ya estaban haciendo noticia. “Lo que hicimos al principio fue ayudar en la alimentación de los brigadistas y bomberos. Y mientras estaba allá le contaba a Lucy Ana cómo estaba la situación, lo que opinaba la gente, la desesperación y el susto, y cómo el fuego avanzaba y avanzaba. Ella dijo: ‘Busquemos una solución más efectiva’. Y lo que nos pareció más efectivo en ese momento fue traer la mejor herramienta que pudiera complementar el trabajo que se estaba haciendo en Chile”. Ahí fue cuando apareció el SuperTanker.

¿Y qué sentiste con todas las trabas que empezaron a surgir para que el SuperTanker lograra ponerse en acción? Fue bien frustrante al principio. Ese mismo sábado 21 que hablamos y dijimos ‘vamos adelante, le damos con ese avión’, me comuniqué con personas de la Conaf. Pienso que quizás parte de la culpa se debe a la incredulidad y desconfianza (…) porque la primera pregunta que me hicieron fue: “¿Me puede explicar por qué le interesa ayudar con el avión?”. Y esa desconfianza se puede entender, porque Chile no está acostumbrado a este tipo de filantropías. Aquí lo único que existe es responsabilidad social y empresarial, es decir, donar para que una marca tenga un beneficio. Pero, ¿una filantropía porque sí? De eso estamos a años luz. Además de esa frustración inicial, todos los otros sentimientos que se conjugan: rabia, pena, impotencia. Pero decidimos darle, tirarnos a la piscina, sabíamos que sería duro y que nos íbamos a exponer. Hasta hace unas semanas nadie había escuchado sobre la fundación, pero estuvimos dispuestos a asumir el costo de esa exposición por ayudar a apagar los incendios.

¿Qué ha significado para ti, y también para la fundación, la positiva reacción que han tenido los chilenos? ¡Una maravilla! Y es que gracias a los chilenos que el avión está acá. La reacción de Chile entero es una maravilla porque gracias a la exigencia del país es que nos firmaron la carta. Nadie puede atribuirse el mérito de esa firma, eso lo logró Chile. Así que ha sido, para la fundación y para mí, un antes y un después, un cambio gigante. Nosotros somos superestrictos en las políticas de la fundación y en su neutralidad. Es muy frecuente que en casos como este todos traten de venir a colgarse de lo que se está haciendo, por lo que lograr mantener esa neutralidad ha sido difícil, pero lo seguiremos intentando. Le digo a la Lucy Ana: ‘No nos van a doblegar. Vamos a seguir haciendo lo que haya que hacer para apagar los incendios, sea lo que sea, el costo que tenga’.

¿Y cómo han sido estos días? Vertiginosísimos. Le comento a la gente que me pregunta que nosotros estamos todo el día trabajando en el aeropuerto, no vemos lo que pasa en la televisión. Yo tengo con suerte 20 minutos para leer lo que aparece en la prensa y en redes sociales, entonces no puedo abstraerme y mirar desde afuera lo que está pasando. Para mí, estoy en mi trabajo, un trabajo un poco distinto al que tenía hace una semana (ríe), y no sé si todavía podemos sopesar todo esto. Pero estamos muy contentos, ha sido agotador, dormimos dos o tres horas diarias pero es tan lindo, emocionante y te devuelve un poco la confianza en lograr ver que peleando y peleando logramos coordinar las organizaciones. Me dijo uno de los pilotos: “Esto es como un ballet. Cada uno tiene que dar un paso coordinado y se ve una obra maestra preciosa”.

¿Cuál es la mayor crítica que tienes contra las autoridades? No sé si me gustaría hacer una crítica, más que criticar hay que tratar de mirar hacia adelante. Creo que no hay que esperar a que termine el incendio para cambiar los protocolos, eso es algo que puede hacerse ahora perfectamente. En una emergencia así hay que tener indicadores clarísimos y comenzar la ayuda el día 1. Tiene que existir un sistema prearmado entre las ONG, el sector privado, las instituciones públicas y la ayuda internacional, y que no existan trabas burocráticas. Todos los protocolos tienen que estar establecidos para que la prioridad sea la rápida solución de la emergencia. Porque, ¿cuántos días de incendios llevamos? Y todavía el sistema no cambia en nada.

Magdalena junto a parte de la tripulación del SuperTanker 747.

En la línea de fuego

Para el equipo que conforma el SuperTanker, entre los que se encuentra Bill Moody, piloto estadounidense con vasta trayectoria, esta experiencia también ha sido impresionante. “Ellos nos han explicado que, en general, los incendios forestales son de ‘masa’, pero acá son millones y millones de focos, y surgen todos los días nuevos”, cuenta Magdalena. Ella hace unos días tuvo la oportunidad de ver la emergencia desde el avión al sobrevolar Portezuelo. “Para mí, como directora de la fundación, me permitió ver el punto final que me faltaba: y es cómo se materializa todo lo que hemos hecho durante estos días”, asegura. “Pude ser testigo de cómo se coordinan los pilotos, un equipo de profesionales impecable y ver los incendios desde arriba: los cerros altos, con copas de árboles enormes envueltos en llamas gigantes (…) Cuando se hacen las descargas de agua se oscurece la cabina por completo del humo que sale”, cuenta. Otra postal para el recuerdo son los videos que la gente graba recibiendo al avión. “Nunca pensamos que el SuperTanker iba a tener esta especie de efecto psicológico esperanzador, porque si además de ayudar a apagar incendios sirve para subirle el ánimo a Chile y que se levante con más fuerza para superar esto, doble impacto.

En el país estamos, lamentablemente, acostumbrados a las tragedias, emergencias y desastres naturales. Y en un principio se recibe mucha ayuda pero después la gente se olvida, ¿cómo reactivarías tú ese apoyo? Los municipios tienen hartas herramientas, no muchos recursos pero sí saben cómo trabajar con sus comunas. En Hualañé, que es con quienes más estoy en contacto, ya me dijeron que no necesitaban más comida sino que listones, planchas de zinc, alambres de púa, etc. Ellos están pensando para más adelante, ya dieron ese paso. Hay que escuchar a los gobiernos locales, quizás suene supercursi pero es cierto, y es que Santiago no es Chile. No sirve de nada tomar las decisiones acá sin saber lo que necesitan allá.

Como fundación, ¿cuáles son sus objetivos a futuro? El foco de la fundación es conseguir mejoras en el aprendizaje de los niños en educación escolar. La fundación de Lucy Ana y Ben en Estados Unidos, además, está enfocada en la protección de la infancia más vulnerable. Nuestro plan este año era enfocarnos en nuestros propósitos, pero partimos un poquito desviados (ríe). Pero como hoy me dijo una señora, “con esto también están educando a la ciudadanía”. Así que no sé, y no creo, que podamos desvincularnos totalmente de esto. Pero sí vamos a seguir enfocándonos en el propósito central de Viento Sur.