Entrevistas

Moritz Fried

Pasa el año persiguiendo la temporada primavera-verano: cinco meses en Chile y siete meses en Europa, donde tiene repartidas sus heladerías gourmet Moritz Eis. De origen austriaco, aterrizó en Santiago influenciado por su amigo y mentor Douglas Tompkins, con quien compartió (y a quien reconoce) gran parte de su éxito.

  • María Paz Maldonado

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Doce horas haciendo transbordo en varios trenes y metro, cargando un cooler con helados, tuvo que viajar desde Belgrado (Serbia) a Praga (República Checa), donde su amigo, mentor y ex socio el ecologista Douglas Tompkins (1943-2015) dictaba una charla. “Nos conocimos hace un tiempo en Rumania y nos hicimos muy amigos, así que luego lo visité en Valle Chacabuco. Me interesaba mucho mostrarle mi emprendimiento, saber qué opinaba del negocio que yo recién comenzaba a montar en Belgrado. Así que agarré una caja y le mostré mis helados. Le encantaron, me dijo que eran helados 5 estrellas y que teníamos que llevarlos a Chile. Me ayudó mucho ideando toda la estrategia del negocio, gran parte de mi éxito se lo debo a él”, recuerda Moritz (40) en el segundo piso del tercer local que inaugura en Chile, en el mall Casacostanera, luego de abrir heladerías en Cachagua e Isidora Goyenechea.

Estudiaste finanzas y trabajaste años en eso, ¿por qué emprender en una industria tan distinta? En ese tiempo, cuando entré a estudiar, todos los ‘machos-alfa’ se metían a finanzas para probar de lo que eran capaces, y yo hice lo mismo, pero me aburrí rápido. Los bancos son un trabajo demasiado rígido, monótono. Mientras trabajaba para una compañía banquera en Belgrado me puse a reflexionar qué podía hacer para comenzar mi propio negocio. Estuve un año pensando en eso, dándole vuelta a mil ideas.

La reflexión terminó un día que pasó por una heladería en Viena (Austria). “Había una fila enorme que salía por la puerta y lo primero que pensé fue que en Belgrano no había helados ricos y que sería buen negocio inaugurar una heladería distinta, original, con sabores únicos”, recuerda. Partió a instalarse una semana a la heladería de una amiga en Estambul (Turquía), donde su mayor aprendizaje y resolución fue que no sirve de mucho ver cómo hacen las cosas otros, sino que hay que llevarlo a cabo uno mismo, y de manera diferente. De vuelta en Serbia armó un equipo de trabajo junto a un diseñador y arquitecto, y en octubre de 2012 abrió las puertas del primer local Moritz Eis. “El fin de semana siguiente de la inauguración llegó la policía porque había tanta gente afuera que pensaron que algo extraño estaba pasando”, dice orgulloso.

El éxito de esa primera tienda en Serbia se replicó en las de Montenegro, Rumania, Hungría y Chile. “Me fascina esta vida media gitana que me tiene viviendo a contratemporada, persiguiendo el calor. Paso cinco meses acá, entre Santiago y Cachagua, y luego siete meses en Europa. Me gusta Chile, ¡solo me falta encontrar una polola que aguante tantos viajes!”, cuenta riendo.