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Visual: Querido arbolito

Aunque sus opciones estéticas sean diferentes, todas nuestras entrevistadas comparten algo en común: el armar y reunirse en torno al árbol de Navidad es un símbolo que une a sus familias, por eso les encanta. Para todas ellas es un ritual que esperan con ansias y emoción. Acá comparten con nosotras un pedacito de sus fiestas.

  • Montserrat Molina

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Producción Belén Muñoz Fotos Nicolás Abalo Maquillaje Maria José León

Manena Pomeroy, Productora de modas: “Buscaba un árbol que me interpretara mejor”


“La historia de este árbol empieza con su búsqueda. Durante mucho tiempo armé el arbolito de Navidad con un pino de verdad que teníamos en la casa. Hace cuatro años ese pino murió y decidí que iba a reemplazarlo por otro que me interpretara mejor, y fue entonces cuando encontré este, que es de madera. Una de sus gracias es que se le ponen pocos adornos y esto hace que todos los años podamos cambiar su look. En general evito los tonos rojos y verdes. Prefiero el dorado y el plateado, mates. Las luces me encantan y una vez que lo armamos, lo prendemos todas las noches con mis hijos”.

Manena cuenta que el arbolito de Navidad siempre ha tenido un gran significado para ella. “Cuando era chica en mi casa seguíamos muchos rituales, pues mi familia es tremendamente católica. Mis papás armaban el árbol rigurosamente el primer domingo de Adviento y lo desarmaban el 6 de enero. Hoy con mis hijos nos reunimos alrededor del arbolito el día 24, abrimos los regalos y leemos las tarjetas, donde aprovecho de escribirles cosas lindas. Para mí la Navidad es una fecha en la que me dedico a hacer feliz a mis seres queridos. Me encierro más de 2 días en la cocina, busco recetas y preparo maravillas. Esta es mi manera de demostrar el cariño que les tengo. Me siento muy feliz cuando los veo disfrutar”, dice.

Lucía Gallo, Comunicadora: “Quería un diseño limpio y transparente”


Apoyado en una base hecha con al menos veinte libros, el arbolito de Navidad de Lucía Gallo es una escultura que ella misma le mandó a hacer hace cuatro años a la diseñadora y decoradora Ximena Tannenbaum. Se trata de una estructura de fierro color blanca, con lágrimas de cristal y una piedra semipreciosa roja, que Lucía compró en Grecia tiempo atrás. “Cuando me junté con Ximena para explicarle mi idea, ella entendió de inmediato mis deseos e inquietudes. Yo quería que su diseño fuera limpio y transparente y que de alguna manera simbolizara el arbolito de Navidad. Las lágrimas de cristal representan la luz que te da esta fecha del año, pues para mí el nacimiento de Cristo es una luz que abre horizontes, ilumina la vida y les da sentido a las cosas. La lágrima roja encarna la estrella, y la piedra roja ubicada en el centro simboliza el corazón de Cristo que está aquí presente, en mi casa. Para iluminarlo utilizo dos velitas”.

Lucía Gallo comienza con los preparativos de la Navidad los primeros días de diciembre. “Me gusta ir creando un ambiente de Navidad con elementos que me inspiran, me motivan y me llevan a pensar en la venida de Jesús. Soy una persona muy creyente y gracias a esto he sabido sobrellevar altos y bajos. La corona, que es muy bonita y que está hecha con uvas y hojas de parra, la pongo en la puerta el primer domingo de Adviento. Mi nacimiento, que ocupa un lugar muy importante en mi casa, posee figuras de colores blanco y dorado, y están rodeadas con un tul blanco. ¡Es precioso!”.

Clarissa Casciano, Modelo y directora de Magnolia Comunicaciones: “Este año le puse una estrella rústica”


Para Clarissa Casciano el arbolito de Navidad es un elemento decorativo que le recuerda el nacimiento de Cristo. “Encuentro que es una muy bonita tradición. El 8 de diciembre lo armo junto a mi hijo José, que le encanta decorarlo conmigo. Como es fanático de los Legos, siempre arma su trencito debajo del árbol. Todos los adornos los he ido comprando con el tiempo. Eso sí, este año encontré una estrella que me encantó porque es rústica. Me encanta la Navidad, me gusta porque mi hijo disfruta mucho, y porque es un momento en que recuerdo mi infancia y tengo muy presente a mi familia. Cuando era chica mi papá siempre compraba un pino de verdad, y después de la pascua lo plantábamos entre todos en el jardín. También me acuerdo la ansiedad que sentíamos con mi hermana y con mis primos por encontrar al Viejo Pascuero en la casa de mi abuela. Para mí la Navidad es un momento de reflexión sobre mi año, el trabajo y mi familia”.

María José Hederra, Decoradora de interiores y diseñadora de carteras: “Quise hacerlo con flores”


A María José Hederra le encanta el típico arbolito navideño, sin embargo este año decidió renovarlo y hacerlo distinto. “Quise hacerlo con flores, pues me encantan y en Chile tenemos muchas. Por lo demás, nuestra Navidad es en verano y encontré una buena idea adaptar la tradición a nuestra realidad. Para el montaje me ayudó mi amiga florista Nina Irarrázabal, quien hace arreglos preciosos. Ocupé flores artificiales y naturales, silvestres, en tonos pasteles con toques de luz blanca cálida. Antes de armar el arbolito me gusta agendar una fecha con mis tres hijos, pues la idea es que todos participemos. Es una instancia rica para planificar la próxima Nochebuena. Esta tradición para mí es el recuerdo del árbol paraíso, el de Adán y Eva, es el árbol de la vida que representa la alegría del nacimiento del niño Jesús y los regalos que trajeron los Reyes Magos en la Nochebuena”.

María José cuenta que cuando era chica vendían muy pocos adornos de Navidad. “Recuerdo que el domingo antes de armar el arbolito partíamos con mi papá y mis hermanos a comprar uno de verdad y teníamos un juego de luces que mis padres encontraron en la Zofri de Punta Arenas, que era lo máximo. Mi mamá pasaba tardes enteras haciendo manualidades, y con mis hermanos recortábamos, pegábamos y cosíamos nuestros propios adornos. Era un evento importante armar el arbolito”.

Danae Orihuela, Dueña de la tienda PoppylandChile y profesora de rumbas y sevillanas de Rita Roux: “Su montaje es una ceremonia”


Cuando Danae Orihuela llegó desde España a vivir a nuestro país, hace cuatro años, se trajo consigo todos sus recuerdos navideños. “Mis adornos tienen muchísimos años, algunos los heredé de mi madre y otros me los ha enviado mi hermana Eszko, que vive en Viena. El calendario de fieltro con zapatitos y caramelos, enrollado en el árbol, lo pongo desde que mi hija Danae era pequeña. Ella todas las mañanas corría a verlo y sacaba un dulce. De ese modo iba descontando los días que faltaban para que llegara Papá Noel. Este año quise agregar en mi arbolito los arreglos navideños que mi amiga Verónica Risopatrón vende. Se trata de los adornos que realizan las madres de la Fundación Nuestros Hijos para recaudar fondos y comprarles a sus niños regalitos de Navidad”.

Para Danae Orihuela estas fechas son muy especiales. “Aunque mi hija está estudiando en Madrid desde hace un año, el montaje del árbol es una ceremonia que nos pertenece a las dos. Siempre he vivido la Navidad con mucha emoción. Recuerdo que en los años 70 en España no existía la tradición del árbol, pero sí del Belén (pesebre), y como mi abuela era inglesa nosotros celebrábamos a Papá Noel. De hecho, aún guardo la bota de fieltro de aquellos años. Para mí la época de Navidad son tardes viendo la película Mujercitas frente a la chimenea, comiendo turrón, polvorones y roscos de anís. También son noches de villancicos con pandereta en familia”.