Moda

Urban Zen, el oasis de Donna Karan

Un año después de dejar atrás la vorágine de la moda al abandonar su cargo en la dirección de Donna Karan International, la diseñadora estadounidense dio a conocer su último emprendimiento. Se trata de una mezcla de marca de ropa, filosofía de vida y filantropía que representa sus pasiones e intereses más íntimos.

  • Catalina Abalos

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Fotos Gentileza Urban Zen

Nadie podría haberlo dicho mejor que ella: “Lo llamo consumo consciente, porque estás vistiendo y dirigiéndote a tus clientes al mismo tiempo. Hay una historia detrás de cada cosa, donde los productos son igualmente importantes que el estilo de vida que representan… Tienen un propósito y significado. Esa es la belleza de lo que hacemos aquí”.

DK400La diseñadora norteamericana que en los años 80 y 90 se hizo famosa con sus ‘seven easy pieces’ (siete prendas básicas), must-haves del guardarropa de toda mujer que se jactara de ser moderna -incluida la entonces primera dama Hillary Clinton, que usó un vestido suyo en su primera recepción en la Casa Blanca-, habla de Urban Zen, su último emprendimiento, mezcla de marca de moda, filosofía de vida y filantropía.

Desde su partida a mediados de 2015 como diseñadora jefe en Donna Karan International (adquirida por LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton en 2001 y vendida a G-III Apparel Group en julio), a sus 68 años Karan puede decir que está dedicada a lo que verdaderamente le interesa. “Aunque la tienda Urban Zen y la fundación que lleva su nombre nacieron en 2007, hasta ahora sentía que no les estaba brindando toda la atención que merecían. Esto es un startup, una idea pequeña que parece interpretar las necesidades de muchas personas”, dijo la diseñadora en una entrevista a Vogue.com.

¿Cuáles serían esas necesidades? Aunando la experiencia de Donna como modista, yogi, filántropa y viajera incansable, Urban Zen se define como una conexión de mente, cuerpo y espíritu, inspirada en asociación con artesanos provenientes de distintos lugares del mundo. En sus tiendas ubicadas en Nueva York, Los Ángeles, Sag Harbor, Manhasset (en formato pop up), Aspen (solo por la temporada) y al interior de Bergdorf Goodman se pueden encontrar prendas de vestir femeninas de su colección homónima, joyas artesanales, piezas de cuero hechas a mano, jarrones de cerámica haitianos, muebles de madera de teca balinés y una larga lista de objetos de deseo afines a su idea de economía consciente.

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Calmo y colmado de verde, así es el exterior de Urban Zen en Los Ángeles, California.

La suya es una noción que atrae cada vez más adeptos. Prueba de ello fue la fiesta de apertura de su nuevo local de más de dos mil metros cuadrados el pasado 9 de noviembre en Los Ángeles, California. Con una estética que hace pensar a los visitantes que se encuentran en la casa de la propia Karan, el lugar es un bungalow de estilo californiana con un hermoso jardín, cocina y mesa para reuniones en el patio, buscando generar sentido de comunidad. Ahí se sentaron figuras como Demi Moore, Maria Bello, Rachel Roy y Alexandra von Fürstenberg a disfrutar de una cena en la que se sirvió salmón y vegetales orgánicos, muy a tono con el lifestyle saludable que promueve su creadora.

También in situ vieron la colección otoño 2016 llamada El Alquimista, que incluye vestidos atemporales que pueden anudarse como bufandas, tops que se amarran de múltiples maneras, leggings, faldas tubo, tejidos de cashmere, chaquetas de seda y gamuza, todas prendas pensadas para vestirse por capas en colores burdeos, café y negro.

En la misma entrevista a Vogue.com, la modista admitió que es muy distinto diseñar para Urban Zen que para su antigua marca Donna Karan. “Sigo siendo yo, pero cuando diseñaba para Donna Karan lo hacía desde el punto de vista de temporada, y quizás también por una obsesión artística del momento. En cambio la ropa de Urban Zen es atemporal. Son mis básicos pero suficientemente atractivos para que luzcan modernos. Es mi clóset personal”, explicó.

Parte de las ventas van a beneficio de la Fundación Urban Zen, que en su declaración de principios declara: “Buscamos crear, conectar y colaborar con la sociedad a fin de generar conciencia e inspirar cambios positivos en las áreas de wellness, preservación de la cultura y empoderamiento infantil”. Algunas de sus múltiples iniciativas son el Programa de Terapia Integrativa, el cual ofrece yoga, aromaterapia, meditación y reiki a pacientes hospitalizados; y el Proyecto de Artesanos de Haití, cuya misión es crear trabajos para personas que fabrican joyas, bolsos, cerámicas, candelabros y otros accesorios para Urban Zen.

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Donna Karan llamó El Alquimista a su colección otoño 2016. Incluye vestidos atemporales, tops que se amarran de múltiples maneras, leggings, tejidos, chaquetas de seda y gamuza.

Emprendedora como pocas, la diseñadora no está aún satisfecha. En un futuro próximo planea añadir ropa para yoga, vestuario masculino y ampliar la oferta de carteras y zapatos. Su visión no termina allí. “Mi sueño es construir una especie de hotel/condominio/residencia donde puedas encontrar todo lo que necesites, desde acupuntura, masaje tailandés y métodos de salud alternativos junto a un bello jardín. También quiero que haya un restaurante de comida saludable y un centro de exhibiciones y conferencias, donde la gente que quiera marcar una diferencia positiva en el mundo pueda reunirse. Ese es mi sueño. ¡Quiero vivir en ese espacio!”, confesó al diario The New York Observer.

Quizás el mejor ejemplo de esta nueva manera de ver la vida fue la actitud de la misma Donna en el debut de Urban Zen en la más reciente Semana de la Moda de Nueva York. En un local de Greenwich Village, en medio de celebrities, periodistas, editoras, paparazis y potenciales clientas, la modista era la mejor exponente de la calma en medio del caos temporal propio del mundo fashion. Con una sonrisa de oreja a oreja y un ánimo imperturbable, pese a caminar apoyada en ‘burrito’ -antes se había roto un pie en la presentación ecuestre de su nieta-, envuelta en uno de sus famosos vestidos drapeados, Donna Karan saludaba entusiasta desde la pasarela que emulaba un moderno oasis en el desierto. Tenía razones de sobra: había encontrado su propio refugio.