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Fetiche: bata

Desde 2013, la tendencia propone para la calle piezas de vestir -pijamas, camisolas, enaguas y batas- hasta ahora circunscritas al ámbito privado.

  • Pía Montalva

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En la foto, Lacoste Primavera-Verano 2017

Prenda de vestir unisex, holgada, confortable, liviana, cuya longitud se ubica entre las rodillas y los tobillos. Incluye mangas amplias y largas, cuello esmoquin, bolsillos de parche y un lazo que permite ceñirla al cuerpo. Confeccionada en seda, viscosa, algodón, felpa, plush o polar, se lleva en espacios interiores para cubrir camisones y pijamas o con el objeto de abrigarse luego de tomar un baño.

ORIGEN. Las primeras batas femeninas -los deshabillés (desvestidos)- aparecen durante el siglo XVII y se emplean exclusivamente al momento de levantarse o justo antes de ir a dormir. Forman parte de un conjunto que replica el material y los elementos decorativos de la camisa de noche. En esa misma época los hombres adoptan una indumentaria equivalente para permanecer cómodos en casa mientras efectúan diferentes actividades. Hacia el 1700 predominan en el guardarropa masculino las llamadas indianas (batas de algodón multicolores, teñidas y estampadas con dibujos exóticos). Esta vestimenta es comercializada por los holandeses, quienes establecen un diseño especial para el mercado europeo. Mezclan la forma del kimono japonés y algunos de sus motivos ornamentales, con materias textiles y manufactura india. Otras alternativas son fabricadas en sedas color pastel, bordadas en el mismo tono y forradas con algodones crudos. En el siglo XIX, el uso de la bata se expande y emerge una versión más corta -el batín-, que integra solapas acolchadas. Los elegantes la combinan con pantalones y zapatillas de terciopelo, y la visten para fumar en una habitación de la casa especialmente destinada a esta práctica. A comienzos del XX la bata, plenamente incorporada al ajuar de las mujeres, reúne delicados tejidos como satén y muselina con volantes, ruches, encajes, recamados, cintas, cordones y borlas.

TENDENCIA. Con la expansión de las tiendas por departamentos, la confección seriada y las fibras sintéticas la bata de casa femenina se democratiza y amplía hacia otros públicos. En la década de los 50 del siglo pasado la oferta considera versiones de mañana, gruesas y acolchadas; de tarde, sobrias y ligeras, y de noche, sexis y ultrasofisticadas. Desde los 70 son crecientemente desplazadas por los buzos para deporte, conservando sin embargo un lugar de privilegio en aquellos contextos ligados al bienestar corporal: gimnasios, piscinas y spas.