La Comensala

Casa Alma

Se agradece la creatividad del cocinero y la frescura de los ingredientes.

  • Pilar Hurtado

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Desde el céntrico Salvador Cocina y Café, el cocinero Rolando Ortega se duplicó y partió al sector Bellavista, donde está en un nuevo proyecto. Se trata de Casa Alma, una antigua casa cerca de calle Loreto a la que unos franceses decidieron dar vida con, por ejemplo, un taller de tatuajes, un bar y un restaurante, entre otras cosas entretenidas que se están integrando. Ellos contactaron al cocinero porque probaron su mano y les gustó, para que fuera parte de este proyecto. El lugar es muy bonito, desde la puerta recibe una pizarra con el menú del día y hay mesas en la parte de adelante y en un gran patio trasero, sencillo pero muy bien ambientado, que ojalá a la publicación de esta nota ya tenga su patente de alcoholes, porque es perfecto para tomarse allí unas copas y picar de la carta nocturna que Ortega está diseñando para compartir. Cuando fuimos solo estaba funcionando a la hora de almuerzo con la modalidad de cinco entradas, tres fondos y un postre, a elegir una opción de cada tiempo por un precio fijo de $8.900. Estos menú van cambiando cada día, por lo que se agradece la creatividad del cocinero y la frescura de los ingredientes. Elegimos la cebolla asada con oliva servida tibia sobre pesto de pimentón asado y miga crocante; me encantó, aunque la deliciosa porción sobre un trozo de pan tostado nos pareció algo chica con mi amiga. La otra opción fue una atrevida sopa fría de jibia, curry, coco y manzana, con coco tostado, cilantro fresco y limón a la parrilla (este último en un platito aparte por si uno le quiere agregar), rica la sopa, novedosa y fresca.  Como fondos pedimos la opción vegetariana, que era un trigo mote con sofrito de cebolla y berenjenas, champiñones salteados en mantequilla de ajo, tomate asado, hojas verdes y parmesano. No saben la maravilla que era este plato, cremosito y muy sabroso; me lo repetiría sin dudar. El otro plato fue el costillar de chancho ahumado en madera de roble (el ahumador se podía ver funcionando en el mismo patio, gran detalle), puré de zapallo camote asado y ensaladita de repollo morado y manzana asada. El puré estaba espectacular, la manzana asada en la ensalada era un superdetalle, con cáscara y todo. Del costillar, con rico toque ahumado, venían solo dos trocitos, por lo que a nosotras nos pareció que un hombre ladraría de hambre con esa ración, comentario que le hicimos al chef cuando se acercó a saludar. El postre era una crema de piña con albahaca, refrescante para terminar. Probamos también los jugos, de betarraga y de naranja, con sus agregados, que no dependen de Ortega sino del bar, a cargo de otros socios del proyecto; estaban muy buenos. Como comentario final debo decir que, aparte de que me gustó mucho todo, no quedamos con hambre con los tres tiempos. Consumo: menú $8.900 (entrada, fondo y postre).

NOTA 6.5 / Antonia López de Bello 191, Recoleta.  Instagram: @casa_alma191