Belleza

Todo sobre lunares

A veces coquetos, y otras no tan estéticos, los lunares aparecen principalmente durante la pubertad, aunque hay algunos con los que se nace. La mayoría son benignos, pero hay ocasiones en que se tornan peligrosos y es mejor vigilarlos o sacarlos para evitar que se vuelvan cancerosos. En esta época de piel expuesta al medioambiente entregamos algunas claves para poner ojo a nuestras ‘beauty marks’.

  • Francisca Colussa

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¿Qué es un lunar?

Médicamente se les llama nevo y consisten en la formación o presencia de un nuevo tejido (neoplasia). Son tumores benignos que surgen cuando los melanocitos -las células que producen el pigmento de la piel- crecen en grupo. Y en su aparición influye mucho la exposición solar. Los lunares son tan comunes que una persona puede tener fácilmente entre 20 y 40. “Los nevos pueden aparecer al nacimiento y se denominan nevo melanociticos congénitos, o también se presentan a lo largo de la vida, preferentemente durante la infancia y adolescencia, y se les llama nevos adquiridos. Lo más frecuente es que dejen de asomarse entre los 40 y 50 años de edad”, dice Carla Muñoz, dermatóloga y directora médica del centro dermatológico Globalderm.

¿Es cierto que los lunares oscuros son más peligrosos?

Los lunares suelen ser rosados o cafés (claro u oscuro), su color depende del tono de la piel. Hay algunos que son azulados, “esos se llaman neoazules, son profundos y la frecuencia de malignización es bajísima. El tema de los lunares es siempre acordarse del ‘patito feo’. Uno puede tener muchos, pero el que es distinto es por el que hay que preocuparse y consultar, aquel que creció más rápido o se ve diferente”, explica Claudia Piper, dermatóloga del centro dermatológico Estoril.

¿Y las pecas?

Su nombre científico es efélide y son manchas que, a diferencia de los lunares, son siempre planas y aparecen por un aumento de la melanina y en la mayoría de los casos en pieles claras por exposición al sol. La predisposición a tener pecas es genética y su aparición está causada por el mismo proceso en que se produce el bronceado, solo que la distribución de la melanina no es pareja.

Los atípicos

Estos son los lunares a los que se debe prestar atención. “Se les llama atípicos (o nevo displásico) a los lunares que son asimétricos, con bordes irregulares, tienen más de un color, un diámetro mayor a 6 milímetros y que han cambiado en el tiempo”, detalla Carla Muñoz. Aunque la frecuencia de conversión de estos lunares en cáncer es baja -el 75% de los melanoma aparece espontáneamente y el 25% de un lunar que ya teníamos-, hay que mantenerlos vigilados porque no se sabe cuándo podrían evolucionar. Estos se revisan con un dermatoscopio, que permite ver bien su estructura y así el especialista decidirá si se debe extirpar o no.

Lunares ‘gordos’, ¿mayor alerta?

“Al contrario de lo que cree la gente, los lunares más gorditos -los que crecen hacia afuera- son mejores que los lunares planos. Los más redondos son como una cúpula, están bien delimitados y el pigmento está bien externo. En general los lunares atípicos son planos, claro que cuando el melanoma (cuando las células de melanocitos se vuelven malignas) ya ha crecido formando un tumor, obviamente sale hacia arriba, pero con forma irregular”, cuenta Claudia Piper.

Lunar peludo, ¿indica peligro?

“La mayoría de los lunares congénitos tienen pelo, y eso no indica nada. Hay algunos que pueden malinizarse y no conviene tocarlos, sin embargo los que aparecen después y tienen pelo, por lo general no son de mucha importancia. En general no hay una fórmula, se debe evaluar caso a caso, pero que tenga pelo no quiere decir nada”, explica la Dra. Claudia Piper.

Métodos quirúrgicos para quitar un lunar

Para extirpar un nevo existen varios métodos, que deben ser practicados por un médico dermatólogo. “Se puede realizar con shaving (afeitado), quemar o destruir con láser o crioterapia, o extirpar en losanjo (se quita un bloque completo y se cierra la lesión con sutura). Si es un lunar en el que se sospecha malignidad se recomienda este último método, porque permite realizar una biopsia para evaluar la lesión completa”, explica la doctora Muñoz.

¿Quiénes son candidatos a revisar sus lunares?

Todos deberíamos revisar nuestros lunares una vez al año, pero deben ser más estrictas las personas de piel blanca (o pecosa, rubios o colorines y de ojos claros), quienes tengan antecedentes familiares de primer grado (padres, hermanos, hijos) de melanoma u otro cáncer de piel, o si tiene muchos lunares atípicos -más de cinco incrementa 10 veces el riesgo, según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI)-. Quienes tengan trabajos de alta exposición solar, cicatrices de quemaduras o inmunosuprimidos (trasplantados) también deben chequearse con regularidad. Es muy importante utilizar protector solar (se recomienda preferir FPS 30 o 50, evaluar con un dermatólogo) durante todo el año, sobre todo en las zonas más expuestas y visitar al dermatólogo con frecuencia para despejar dudas.