Entrevistas

Jean Paul Gaultier: “En moda hay una guerra política total”

Modelos exóticas, faldas para hombres, entallados corsés y sostenes cónicos son algunos de los ingredientes que convirtieron a Gaultier en el diseñador más rupturista de los 80, fama mundial que consolidó en los 90 con extravagantes colecciones y el lanzamiento de su marca de perfumes. Dejó de hacer prêt-à-porter el año pasado para enfocarse en la alta costura y en sus fragancias, y durante su última gira promocional por Latinoamérica conversamos con él.

  • María Paz Maldonado O. desde Buenos Aires

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“¿Podemos hacer la entrevista en español? Quiero aprovechar estos días para practicar”, dice de entrada Jean Paul Gaultier (64), sentado en un amplio bergere en el hotel Faena de Buenos Aires. Frente a él hay un gran vaso de jugo de naranjas y un pocillo de frutos secos que no deja de picar. A pesar de que la industria y la prensa especializada lo bautizaron como l’enfant terrible de la mode (el niño terrible de la moda), su simpatía y sentido del humor dejan claro que lo ‘terrible’ lo reserva para su mundo creativo. “Tomo como un halago que me llamen así, prefiero ser l’enfant terrible a que me califiquen de viejo conservador”, asume riendo con un confuso ‘espanglish’ con acento francés.

Son las 8 de la mañana y la noche anterior fue intensa para el diseñador. Puig, el conglomerado español encargado de su visita, realizó una exclusiva gala de bienvenida, con un número de tango, la presentación de la show woman Moria Casán y un concierto del grupo de cumbia Ráfaga. “Queríamos que conociese un poquito de todo de Argentina”, explican de la agencia de PR anfitriona. Como invitado de honor, Jean Paul no dejó nada que desear. Aplaudió cada tango, se rió a carcajadas con Moria Casán (aunque durante esta entrevista reconoce haber entendido muy pocos de los chistes) y bailó, con palmas incluidas, varias canciones de Ráfaga. “Fue increíble conocer un poco más de la cultura argentina. Para mí de eso se tratan los viajes, y en particular este a Latinoamérica, de conocer e inspirarme. Me parece sorprendente el choque de culturas que hay en los países en Sudamérica y la belleza exótica de las mujeres. De hecho, Claudia Huidobro (chilena) fue una de mis modelos favoritas de los 80, trabajó conmigo más de 15 años”, explica pausadamente, intentando encontrar las palabras en español para construir cada frase.

Estuvo a punto de visitar Chile por primera vez en 2010, pero el terremoto de febrero lo obligó a modificar su itinerario un par de semanas antes. “Fue una pena, pero la próxima vez exigiré pasar. Tengo muchas ganas de conocer su paisaje, hasta ahora lo he visto solo en libros, me parece maravilloso”, agrega.

Eterna provocación

“No diseño con el objetivo de provocar, pero si en ese camino lo hago, pues me alegro mucho”, reconoce, y su sonrisa delata que disfruta de la polémica. El corsé es el ícono más reconocible de Gaultier y fue precisamente su propuesta de lencería como prenda exterior la que le valió los calificativos de rebelde y terrible que le han dado fama mundial. “Mis creaciones tienen que ver con lo que percibo en la sociedad en un momento determinado. Si en los 80 rescaté el corsé fue porque percibí ese deseo de las mujeres de liberarse y de empoderarse de su sensualidad, era como decir ‘quiero ser sexi, pero no estoy obligada a serlo’. Fue una propuesta de sensualidad como opción, no como algo impuesto; una femineidad exagerada, pero no sumisa. Las reglas y estereotipos coartan la creatividad”, describe.

¿Por eso también presentó faldas para hombres en su colección ‘Y Dios Creó al Hombre’ en 1985? Claro, había que romper estereotipos. Entendí que la moda y la belleza se pueden percibir de diferentes formas, y que está bien quebrar las reglas de cada género (esa falda masculina inspirada en el kilt escocés fue una de las piezas ícono de la muestra ‘Bravehearts: Men in Skirts’ que exhibió el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York en 2003).

Luego vino el sostén de conos con que vistió a Madonna para la gira The Blond Ambition World Tour en 1990, probablemente su prenda más emblemática. Es divertido, pero en realidad ese sostén lo diseñé originalmente para un oso de peluche cuando era niño. ¡Todavía lo tengo! Pero sin duda que Madonna hizo que el ‘cone bra’ diera la vuelta al mundo y le dio una fama inigualable.

El corsé con forma cónica, una de sus piezas más emblemáticas.

Conquistó el mundo, y aparentemente a usted, ¿es cierto que le pidió matrimonio dos veces? (suelta una carcajada y contesta) ¡Tres! Y en todas dijo que no. Con Madonna siempre sentí una conexión especial, pensamos muy parecido. Es una mujer muy inspiradora y lo más atractivo para mí es que no le teme a lo diferente. Representa esa hiperfemineidad combinada con poder.

A pesar de su mediático idilio con la diva pop, Jean Paul Gaultier siempre ha declarado con orgullo su homosexualidad. Su pareja más importante (por más de 15 años), y además exsocio, fue Francis Menugue, quien falleció en 1990 a causa del sida. “Fue gracias a su apoyo y confianza que me independicé. Yo quería ser diseñador, pero igual hubiese sido feliz sin mi propia marca. La firma fue como el hijo que tuvimos juntos, por eso en el after show luego de su muerte escribí ‘1 + 1= 1; Francis + Jean Paul= Jean Paul Gaultier’. Fue simbólico. Cuando murió pensé que ya había logrado lo que quería, incluso más de lo que imaginé (…). Así que me cuestioné, ¿para qué seguir? Quizás es mejor si llego hasta aquí, pero es todo lo que sé hacer”, dijo en una entrevista al diario The Guardian (28.08.2005).

Una industria en guerra

Fundó su marca en 1976, luego de trabajar 6 años como asistente del diseñador Pierre Cardin, y durante 7 años (2004-2010) fue director creativo de Hermès. “Nunca estudié diseño de vestuario formalmente, pero tuve la mejor escuela que fue aprender practicando en el taller”, dice. Cardin reconoció en Gaultier su talento para el dibujo -una habilidad que en el colegio le significó varios castigos de parte de sus profesoras que no veían con buenos ojos que un niño dibujase mujeres con vestidos- y lo reclutó a los 18 años. “Lo más importante para Cardin era la creatividad, y ese debiese ser el motor de cualquier diseñador”, recuerda en un auditorio con más de 700 alumnos en la Universidad de Buenos Aires, durante una masterclass que dictó el día previo a esta entrevista, donde además recibió el título de Profesor Honorario.

¿Siente que hay una crisis creativa en la industria? Sí, y es lamentable. La crisis social y económica actual ha provocado que la gente sienta miedo de innovar, a los quiebres. Hay un caos inmenso, sobre todo espiritual. Además, los grandes grupos propietarios de las firmas de moda están más preocupados de competir que de diseñar, hay una verdadera guerra política en la industria donde lo único que pareciera importar es ser mejor que el otro. Todo es rivalidad.

¿Por eso decidió dejar el prêt-à-porter? Por eso, y porque ya no era rentable. Crear una colección, producirla, montar un desfile, hacer publicidad, prensa, todo eso es carísimo, y el ritmo de la industria no lo hace rentable, porque la gente no lo compra… si hasta a las celebridades se les pasan vestidos gratis. Antes les vendías un vestido para que lo usaran en la alfombra roja; luego te lo pedían prestado por la gala, y estaba bien porque también es publicidad para ti, pero ahora ya piden que les pagues por usar tu marca, hasta exigen firmar contratos, ¡es insólito! Imagínate con toda la inversión que implica crear una colección, no hay nadie con tantos ‘followers’ ni ningún número de ‘posts’ que pague todo el trabajo y tiempo que implica.

Backstage de su desfile Haute Couture 2016-2017.

¿El negocio de las fragancias es más estable y rentable? Por ahora sí, y esperemos que se mantenga, pero hay tantas personas haciendo perfumes que uno nunca sabe. ¡Hay más marcas de perfume que personas! (dice riendo).

Pero al juzgar por los números Gaultier no tiene de qué preocuparse. Desde su lanzamiento en 1993, Classique, para mujeres, se ha convertido en un clásico de la perfumería de lujo; y su par masculino Le Mâle, creado dos años después, es el perfume de hombres número uno en ventas de la Unión Europea. Ambas fragancias se venden en más de 110 países como parte del portafolio de la empresa española Puig, dueña de la marca desde comienzos de 2016. Consecuentes con el estilo Gaultier, están embotelladas en un torso -el de ellas, vestido con un entallado corsé, y el de ellos, con una camiseta marinera- y empacadas en una lata que imita los tarros de comida para gatos. “Un día estaba dándole comida a mi gato y pensé lo bien que se vería ese envase como un brazalete… y ¡voilà! Lo diseñé para una colección. Cuando tuvimos que idear el packaging de los perfumes, inmediatamente pensé en la lata”, cuenta.

Los perfumes  Classique para mujeres y Le Mâle, para hombres

En esta dualidad creativa, ¿dónde se encuentran la moda y los perfumes? Para empezar, los dos se visten, pero creo que sobre todo los dos exigen autenticidad. En el vestuario y en las fragancias mi regla número uno es no seguir reglas, crear por instinto, captar sensaciones.

No sigue reglas ni obedece órdenes, pero se impone con tal amabilidad que su rebeldía cae bien. Así fue como los 15 minutos de entrevista programados se convirtieron en 42, pese a un par de interrupciones de su mánager para continuar con su apretada agenda. Gaultier no tiene apuro, va a su propio tiempo. Por eso ve con escepticismo el ritmo acelerado de la industria y la batalla campal entre los conglomerados de moda, renunció al prêt-à-porter y disfruta siendo su propio jefe. “Para mí crear exige libertad y tiempo, no concibo otra forma de hacerlo”.