Entrevistas

Sebastián Lira

Aguantar la respiración en el agua le enseñó a estar presente, a entender que la vida es aquí y ahora y que está bien no controlar el futuro. A puro pulmón, este sicólogo y campeón sudamericano en buceo libre recorre el mundo poniendo su cuerpo y mente a prueba bajo el mar.

  • María Paz Maldonado

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Foto Rodrigo Cisterna

Tres minutos y 12 segundos. Eso se demoró Sebastián (29) en alcanzar los 100 metros de profundidad en el fondo del mar en Roatan (Honduras) de un solo respiro. Esa marca lo convirtió en campeón sudamericano en buceo a pulmón con aletas en la Copa del Caribe 2016. La inesperada medalla lo impulsó a renunciar a su trabajo como sicólogo organizacional en IF Ideas Factory y planear irse a vivir junto al mar en los próximos meses. “Cuando logré los 100 metros tuve una pequeña lesión (squeeze o apretón de tráquea) y entendí que no podía seguir haciendo marcas considerables si no entrenaba profundidad en el agua constantemente. Ahora estoy evaluando si me voy a Hawái, Honduras o Filipinas”, cuenta.

La apnea deportiva lo conquistó hace solo dos años en Honduras, cuando se certificaba como buzo profesional con tanque. “Fue una escena bien poética -dice riendo-, yo estaba en el agua con mi equipo, todo enchufado, y a lo lejos vi a un apneísta, solo con máscara y aletas. Lo hacía parecer tan fácil y natural que me sentí un ñurdo con tanto aparato. En la superficie lo contacté para que me enseñara de la apnea. Terminé mi certificación y nunca más buceé con tanque”.

Así cambió la seguridad de un tanque de oxígeno por la capacidad autónoma de sus pulmones, y los cinturones con pesos de plomo por la fuerza de su cuerpo mientras desciende de cabeza hacia el fondo marino. “La apnea es un deporte extremo por su naturaleza, porque estás llevando tu cuerpo el límite, pero es muy seguro si cumples con todos los protocolos”, explica para defender a brazo partido a quienes catalogan esta disciplina como demasiado peligrosa.

¿Qué piensas mientras aguantas la respiración? ¡Mil cosas! Es muy diferente la bajada de la subida; cuando desciendes vas muy concentrado en las técnicas que van cambiando con la profundidad, y cuando subes tienes que enfocarte en llegar bien a la superficie, en mantener tu mente bajo control y calmarte si la cabeza te empieza a acelerar. Es una mezcla entre lo automático y lo consciente, en eso me ha ayudado mucho el practicar yoga ashtanga hace 4 años. Te cuestionas mil cosas: quién te mandó a estar ahí, por qué elegiste aguantar tu respiración en medio del mar y no una vida tradicional, por qué no entrenaste más, por qué no hiciste algo distinto. Es un viaje interno potente, sobre todo porque estás en un medio donde tu cuerpo no es capaz de sobrevivir, eres como un astronauta en el espacio.

La clave para calmar la mente, dice, fue aceptar que esas preguntas no tienen respuesta. “En la vida siempre nos vamos a cuestionar miles de cosas, pero al aceptar que a veces no hay respuesta logras disfrutar el aquí y el ahora, y entender que lo más importante es lo que estás haciendo en ese minuto. La apnea no me cambió, al menos no más que a cualquier persona que se haya embarcado en un viaje de autoconocimiento, pero sí me enseñó a estar presente en el momento y a no querer controlar mi futuro, a liberarme del miedo por no seguir un plan de vida tradicional. Puede ser a 100 metros de profundidad del mar o sentado en una oficina, en la vida vas a ganar y fracasar mil veces, pero si no disfrutas el momento, ahí es donde realmente estás perdiendo”.