Moda

“Los zapatos revelan el estilo de una persona”

Imposible no caer bajo el charme de Inés de la Fressange. Por su simpatía, por su impecable buena educación, por la manera de hacer sentir cómoda a su interlocutor y por su espontaneidad: un verdadero viento de aire fresco en el ambiente de la moda donde el discurso suele estar estrictamente formateado.

  • Florencia Sañudo

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El encuentro tuvo lugar en la Maison de l’Amérique Latine, donde la marca de zapatos y carteras Roger Vivier, de la cual ella es embajadora (un título que le hace gracia), presenta su nueva colección durante la Fashion Week parisina. Al borde de sus 60 años (no estamos traicionando ningún secreto, ella proclama su edad a los cuatro vientos) está más activa que nunca o, mejor dicho, tan activa como siempre. Desde que surgió como modelo a mediados de los años 70, la joven aristócrata causó furor por su físico longilíneo (1 m 81, 57 kilos), su belleza no convencional y su particular manera de desfilar, encarnando la ropa como si se tratara de un personaje. Rápidamente se convirtió en una de las modelos mejor pagadas del mundo. “No hay otra como ella”, afirmaba Karl Lagerfeld, quien en 1983 le ofreció un contrato de exclusividad con Chanel para ser la imagen de la maison, que terminó en 1989 debido a una diferencia con el modisto, hace ya tiempo olvidada. Al año siguiente se casó con Luigi D’Urso, un hombre de negocios italiano, que falleció en 2006, dejándola con dos niñas: Nine (1994) y Violette (2000). En 1991 Inés creaba su propia marca, pero nueve años más tarde se encontró licenciada (era socia minoritaria) y privada del uso de su propio nombre. Durante los años de forzada inactividad como diseñadora publicó su biografía y “La Parisienne”, una guía de sus direcciones parisinas favoritas y best seller internacional; volvió a los podios; asumió el rol de embajadora de L’Oreal y, en 2002, de Roger Vivier, contribuyendo así al renacimiento de la marca. Asimismo, se convirtió en una solicitada invitada en la televisión y la radio, amadrinó varias asociaciones a favor de la infancia y volvió a encontrar el amor junto Denis Oliviennes, presidente de Lagardere Active, un grupo de medios. Finalmente, en 2013, Inés recuperó el derecho a usar su nombre, volvió a darse de lleno al diseño y abrió su tienda, una suerte de bazar chic, y comenzó una exitosa colaboración con Uniqlo, la megacadena japonesa, así como con otras marcas para las que ha creado encantadoras colecciones cápsula.

©Benoit Peverelli

¿Cuál es su trabajo como embajadora de Roger Vivier? En todo caso embajadora suena más glamorosa que ‘consultante’, que es lo que soy en realidad. Embajadora es un título muy ‘flou’ y no entra en ninguna jerarquía. Al principio me ocupaba de explicar que Roger Vivier fue quien inventó los tacos aguja, que hacía los zapatos de la Reina de Inglaterra y las botas de John Lennon. Ahora lo sabe todo el mundo, ¡eso creo!, y espero haber contribuido a ello.

¿Influye su propio estilo en las creaciones de Bruno Frisoni, el diseñador de la marca? No lo creo, porque cuando se es un creador hay una multitud de cosas, de hechos y de personas que influyen continuamente. Pero, en todo caso, hay muchísimas cosas que me gustan en cada colección. Si no fuera así ¡sería atroz! Dicho esto, hay algunos modelos que pueden ser bonitos pero no me gustan para mí.

Inés con Bruno Frisoni, diseñador de Roger Vivier /©Lionel Gasperini/Roger Viviver.

¿Cuál es el zapato que no usaría jamás? Uso tacos altos muy pocas veces pero me encantan, y encuentro estúpido eso de que si una mujer es alta no debe usarlos y, en cambio, si es bajita, sí. No hay que pensar en los zapatos como si fueran escaleras, no son para atrapar cosas en el clóset. Asimismo, hoy puedo decir que no me gustan los zapatos blancos con piedras y suelas transparentes, pero qué pensaré mañana, no lo sé. Ejemplo: hay cosas que siempre detesté, que jamás imaginé que un día podría usar, como el calzado tipo Birckenstock. Para mí era para los turistas nórdicos que hacían dedo en la ruta… pero ahora, desde que lo hicieron algunas marcas que yo respeto (ndlr: Chanel, Celine, Roger Viviver) han adquirido una especie de look bastante moderno y los miro de otra manera. Finalmente, la moda es un poco como la filosofía, uno debe poner en cuestión todo, todo el tiempo.

¿Juzga a la gente por sus zapatos? ¡Sí! Porque los zapatos son reveladores de los gustos, de la sensibilidad y del estilo de una persona y es hipócrita decir lo contrario. Esto no quiere decir que valoro especialmente un calzado caro o de lujo. Por ejemplo, en un supermercado se pueden encontrar zapatillas que están muy bien o espadrilles que pueden ser muy bonitas y elegantes.

COLECCIÓN ROGER VIVIER Otoño/Invierno 2016.

De usted dicen una y otra vez que es la encarnación del chic parisino, ¿le convence esta definición? No, para nada. Primero porque creo que el chic es internacional y, además, porque hoy el concepto suena un poco triste, anticuado, ¿no? Y finalmente porque no creo que lo sea. Y por otro lado, hay que aprender a aceptar los elogios. Así que… ¡gracias! Seriamente, si mi nombre está asociado con el lujo francés y parisino está muy bien, pues se trata de una industria que representa la belleza, un savoir-faire y que genera muchos empleos.

¿Qué le dicen en la calle, los choferes de taxi, por ejemplo? Todos me llaman Inés, siempre, y eso es muy simpático. Cuando escucho un “¡hola Inés!” en la calle dudo un poco porque pienso que quizás es alguien que conozco, y en general son desconocidos. Pero si salgo y estoy así nomás, en jeans, con bolsas y paquetes, a veces hay quienes me dicen que me ‘parezco’ a Inés de la Fressange… y yo siempre digo gracias.

¿Le ocurre salir de su casa y no estar satisfecha de su look? ¡Todos los días! Sin ir muy lejos, esta mañana misma estaba retrasada y me decía, ¿qué me pongo? Me decía, chaqueta negra y un pantalón blanco no es muy original, y al mismo tiempo sabía que si no me cubría iba a tener frío. Entonces busqué entre mis chaquetas y constaté que todas son azul marino. Luego pensé en ponerme una t-shirt, pero después me dije que debía estar más elegante y opté por una camisa. Y al final salí sin estar demasiado convencida. En fin, creo que tengo los mismos problemas que la mayoría de las mujeres.

Usted diseña para su propia marca pero también para la cadena Uniqlo y colecciones cápsula para otras marcas. ¿En qué es diferente el trabajo? Es un ejercicio de estilo interesante. Por ejemplo, en Uniqlo no debe ser muy caro, pero como hacemos enormes cantidades podemos usar un muy buen lino, algodón, cachemire, lana, y a pesar de la muy buena calidad llegar a precios muy razonables. En mi marca la gente espera encontrar esencialmente mi estilo, pero aun así, sí hay ciertas cosas que me gusta diseñar, pero que no son forzosamente para mí, por ejemplo, algunas prendas que imagino más bien para mis hijas; yo no las puedo usar porque me vería ridícula.

¿Qué es lo que aprendió de sus hijas en cuanto a la moda? Yo tengo mucha más cultura de moda y de referencias que ellas, pero a veces eso mismo puede bloquear. Por ejemplo: un vestidito negro yo pienso que hay que usarlo con unos zapatos kitten heel, a lo Audrey Hepburn-Givenchy. Ellas en cambio lo usan con zoquetes y zapatillas y de golpe provocan algo diferente, fruto de la libertad que da desconocer la referencia. A menudo las veo tomar un pulóver mío, de Prada, por ejemplo, que mezclan con cosas que pueden haber comprado en una gran cadena sin manifestar ningún respeto particular por la prenda ‘mejor’ y más cara.

Estar enamorada ¿hace bella a una mujer? No me gusta ese preconcepto machista de “ah, que bien te ves, ¿tienes un tipo?”. ¡Noooo! Se puede no tener un hombre en la vida y lucir formidable. Seguro que sentirse feliz, no estar estresada, saber cuáles son sus prioridades y relativizar, todo eso se ve en el rostro. Es muy simple: si una está angustiada, cansada y duerme mal, se ve automáticamente en el tinte de la piel, ¡catastrófico!

¿Qué le evoca un personaje como Kim Kardashian y la manera en que el mundo de la moda la celebra? Yo siempre trato de no tener una mirada muy juzgadora, pues me digo, tengo casi 60 años, si no ¡voy a parecer de 80! Por lo tanto, lo observo todo con una mirada benévola. Está bien que haya ejemplos, ídolos, que haya referencias, pero en este caso esa obsesión de ser sexi no me gusta. El otro día la vi en la primera fila de un desfile en un vestido transparente bajo el cual se veía un enorme sostén beige. Yo quizás hubiera preferido que el vestido fuera verdaderamente transparente como ya lo había hecho Yves Saint Laurent en los años 60. Sería más honesto, ¿no? Pero sobre todo aquello con lo que no estoy de acuerdo es ese culto del dinero, de la fachada, del show off, de dar a los jóvenes la impresión de que solo serán felices con un coche sport, una vida extravagante y ropa de diseñadores, cuando nada de eso es una receta para la felicidad.

¿Se imaginó alguna vez que a los casi 60 años sería un ícono para muchas mujeres y sobre todo que sería aún influyente en el mundo de la moda? ¡No! y ¿cómo iba a imaginar que aún seguiría haciendo fotos, como este verano que posé en traje de baño para Elle? Felizmente ¡existe el Photoshop! (risas). Irónicamente, yo siempre estoy un poco mal en mi piel. Cuando era adolescente tenía la impresión de que estaba mal vestida, mal peinada, que mi pelo no era suficientemente espeso y me decía que con el tiempo eso pasaría. Pero no pasa totalmente.

Es curioso, porque usted tiene muchas razones para sentirse segura de sí misma. …y no es así. Cuando me llaman ícono me inquieta porque en ciertos momentos me siento poco segura de mí. Por otro lado, siento que aprendí un montón con todos los estilistas, maquilladores, etc. con los que trabajé todos esos años y sé cómo explotar lo mejor de mí.

¿Un must para estar a la moda? Creo que siempre hay que mantenerse informada, mirar las revistas, ver lo que está pasando. Muchas veces las mujeres llegan a su momento de gloria en un cierto período de la vida, en general, alrededor de sus 30, 35 años, y luego guardan el mismo corte de pelo, la misma manera de vestirse de entonces y se quedan allí, bloqueadas. Creo que es importante escuchar a los profesionales, al coiffeur, al maquillador, a las empleadas de las tiendas, que están allí para ayudar, cambiar los productos de cosmética, cambiar de peinado. Y dejar de lado los prejuicios. Hay mujeres que por ejemplo dicen, “yo, cuello alto jamás” o “nunca usaré naranja o rosa”, y en realidad todo depende.

¿Un consejo? Desprenderse de cierta ropa. Hay cosas que se guardan porque una se dice quizás un día lo usaré, pero en general se trata de ropa que no amamos realmente, si no la estaríamos usando. No hace falta tener tanto, lo que hace falta es poco y bueno. A veces no te animas a comprar una cartera porque es cara y terminas comprándote tres baratas. Mejor comprar esa prenda que encuentras un poco cara pero que adoras.