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Fetiche: Ruches

Elemento ornamental estructurado a partir de una banda de tela, generalmente angosta, plisada, o recogida en el centro o los bordes. Dispuesto en una o más hileras sucesivas, se emplea para enriquecer algunos sectores de la vestimenta femenina generando un cambio en la textura y brillo del material de origen.

  • Pía Montalva

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ORIGEN. La introducción de artificios decorativos en la indumentaria occidental se produce hacia fines del Medioevo. Superada la herencia clásica donde predominan pliegues y drapeados, el atractivo se centra en ribetes de piel y dibujos bordados, pasamanerías, galones, bolillos y redecillas fabricados con hilos metálicos de oro o plata. Recién alrededor de 1550 emergen los primeros ruches. Se trata de diminutos volantes que sobrepasan el escote de la camisa blanca usada como prenda interior, por ambos sexos. Con el tiempo se multiplican en número de capas y tamaño. Configuran un importante accesorio denominado gorguera, adoptado por hombres, mujeres y niños, cuya moda se prolonga durante más de medio siglo. En el XVIII, el estilo rococó propio de la corte francesa impone a las elegantes recargados trajes en sedas de Lyon. Los complejos motivos naturalistas y la cantidad de colores utilizados para tejer un mismo diseño aportan una cuota de espectacularidad. A lo anterior se agregan inéditos ruches del mismo género, emplazados verticalmente bordeando el vestido exterior abierto por delante y horizontalmente o a modo de guirnaldas, en el petillo triangular ubicado al medio del corpiño y el ruedo de la falda.

TENDENCIA. La presencia de ruches alcanza su apogeo durante la segunda mitad del XIX. Los alardes de la estética burguesa y el surgimiento de la alta costura potenciando la necesidad de distinguirse, conducen a una recuperación de los antiguos adornos. Estos últimos combinan ahora diferentes técnicas de plegado y fruncido en un mismo soporte y consideran también formas de adosarse a la superficie del vestido que subrayan el volumen de la guarnición. En la década de los 80 del s. XIX, el arribo de la línea princesa y la relevancia adquirida por el polisón incrementan el número de detalles presentes en un traje. Los ruches se mezclan con flecos, borlas, cintas, encajes, cuentas de cristal o azabache, plumas; recursos que a poco andar harán valer su supremacía estimulando la desaparición de los primeros.