La Comensala

La Misión

La Misión ocupa el espacio donde antes estuvo el restaurante Puerto Fuy, y hoy luce más abierto y acogedor, con larga barra y ventanales a la calle que invitan a beberse una copa.

  • Pilar Hurtado

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Hace poco más de un mes que abrió este restaurante dedicado a los vinos. Es un nuevo proyecto del empresario Jerome Reynes y de su socia Katherine Hidalgo -los mismos de Bocanariz y Chipe Libre-, que se orienta a los vinos americanos. La Misión ocupa el espacio donde antes estuvo el restaurante Puerto Fuy, y hoy luce más abierto y acogedor, con larga barra y ventanales a la calle que invitan a beberse una copa. Atrás hay una terraza con paredes negras y quitasoles en tonos café, igual que las sillas. Ahí nos ubicamos con mi amiga, y fuimos prontamente atendidas por Claudio, que partió explicando el concepto del local: vinos producidos en América, una amplia carta de más de 400 etiquetas, ‘vuelos’ para probar varios vinos y más de 40 vinos por copa, además de una carta de cocina de autor que los acompaña. Nos explicó que hay un menú del día que incluye copa de vino, además de un menú maridaje que permite probar varios vinos con los platos, y una carta. Optamos por un menú y platos de la carta, además de vasos de agua y vino. La entrada del menú era huepo (o navajuela) con salsa de almejas, y mi entrada fue royal de erizos. Royal es el nombre de una preparación de crema y huevo, en este caso una delicada crema de erizos horneada y servida con puntos de salsas de color encima. Una de esas salsas era de limón y al meter la cuchara y sacar un bocado del royal con limón, era tan ácida la salsa que uno quedaba chino y la sutileza tan bien lograda del erizo desaparecía. Pero en los otros bocados no pasaba eso. En el plato -muy lindas todas las presentaciones- venían verduras como rábano encurtido, tomate, hojitas. El fondo del menú era un delicioso chupe de hongos, y el mío fue una pasta con pulpo grillado a punto, pappardelle negro y gris, donde la pasta negra estaba a punto pero la otra algo recocida, palta asada, salsa de aceitunas y un poco de salsa de palta. Este plato me pareció menos logrado que el anterior. De los postres, el del menú, peras al oporto sobre una suerte de sabayón -preparación con yemas, vino y azúcar- estaba delicioso, y de la carta, a sugerencia del mozo, elegimos un mil hojas de quínoa con chirimoya, servido en una vistosa pecera, gran porción ideal para compartir. La galleta de quínoa, delgadísima, estaba increíble, con esta crema de frutas y unos brotes que a mi juicio no le pegaban para nada, pues su sabor es muy verde y herbáceo. Destaco de La Misión la onda en torno al vino, el servicio y también una propuesta para acompañarlo. De hecho, cuando llegó mi copa de chardonnay Maycas de Limarí, venía con un platito o ‘tapa’ encima, pensado para maridar con ese vino. Pequeños ajustes para un buen lugar. Consumo: todo lo descrito + 1 café: $45.300. El menú cuesta $14.500.

NOTA: 6.0 / Nueva Costanera 3969, Vitacura. Teléfono 22088908. www.lamisionsantiago.cl