La Comensala

La Rosa Gana, sandwichería

Es un lugar sencillo, al paso, pizarras con la oferta, una vitrina-mostrador de madera con croissants, brownies, panes de chocolate y otras delicias del día.

  • Pilar Hurtado

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Participé como jurado de un concurso de empanadas de las señoras de un centro comunitario de Santiago, y al llegar vi esta sanguchería y panadería de la que había leído. Sería difícil tener hambre al terminar como para ir a probar la mano, pero le hice empeño, así que tras probar 18 empanadas enfilé hacia La Rosa Gana. Es un lugar sencillo, al paso, pizarras con la oferta, una vitrina-mostrador de madera con croissants, brownies, panes de chocolate y otras delicias del día. Un refrigerador con los jugos y bebidas, y una pequeña barra con 4 o 5 asientos completan el panorama. Como una muestra más de la inmigración y del nuevo Chile que se viene, hay también arepas con distintos rellenos. Yo pedí el sándwich colombiano, de mechada con cebolla, pimiento y queso, en pan ciabatta de la casa, que por $3.000 incluye un jugo, esta vez de maracuyá. El jugo estaba heladito y no era de pulpa congelada; de hecho, no tenía azúcar y me lo advirtió la dependienta (colombiana) por si le quería agregar. Me pasaron mi sánguche en un plato desechable y con un potecito con salsa que era una mayonesa con hierbas. Lo gracioso es que pretendía solo probar el sándwich y me lo terminé comiendo todo, ya que ¡hacía tiempo no probaba un emparedado tan bueno! El relleno venía hirviendo, muy sabroso y jugoso, cebolla y pimiento bien cocidos, cantidad justa de queso, y el pan insuperable, ya que no era tan alto y se podía morder sin problemas, sin perder lo crujiente a pesar del relleno. Muy rico. Mi hija probó el brownie y el pan de chocolate, el primero tenía una cubierta de chocolate y estaba correctísimo para los 500 pesos que costaba, y el pan de chocolate me dijo que no le gustaba tanto como otro que suele comer. Para probar las empanadas del lugar -ese día, de queso fresco, tomate y albahaca o de ratatouille-, nos llevamos unas a la casa y en la noche las calentamos en el horno. Cuando las probamos, la masa integral me pareció buena pero los bordes demasiado gruesos; los rellenos sabrosos ambos. Por el lugar, ya a estas alturas picada del barrio, pasó mucha gente en ese rato, desde señoras mayores con su mascota hasta parejas con niños y algunos inmigrantes que venían a buscar las especialidades. Fue una grata sorpresa a cargo de un cocinero y panadero francés, Bernard Leroy Pawloff, responsable de varios emprendimientos culinarios, entre ellos un extinto vagón de tren en Peñalolén y el Petit Bernard, en el barrio Bellas Artes.

Consumo: todo lo descrito $9.500.

NOTA: 6.2 / Santa Rosa 1899, esquina General Gana, Santiago Centro. Teléfono 946594908