Moda

Zapatero a tus zapatos

Al igual que el año pasado, la carrera de Diseño de Vestuario de Duoc UC San Carlos de Apoquindo me invitó a participar de su segunda versión del Proyecto Oficios. Ahí reunieron a estudiantes, exalumnos, profesores, dueños de marcas independientes y artesanos del tradicional barrio Victoria para recrear las técnicas de la zapatería. El reto consistió en elaborar dos tipos de zapatos por grupo, todo bajo la mirada y guía de los profesionales de la marca nacional Guante y de la diseñadora de calzado checa Barbora Vesela.

  • Constanza Espinoza

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Fotos Rodrigo Cisterna y Nicolás Abalo

Si no somos todas, al menos la gran mayoría de las mujeres, en diferentes grados e intensidades, somos fanáticas de los zapatos. Y yo no tengo problemas en reconocer que mi nivel de devoción por un par cómodo, versátil y bonito es muuuy alta; tanto así que no me da vergüenza usarlo TODOS los días. Así que cuando me contaron de qué trataría esta nueva versión del Proyecto Oficios de Duoc UC me entusiasmé, incluso más que el año pasado, y feliz dije sí otra vez a ese torbellino de cuatro días de creación. En 2015 se trató sobre chaquetas hechas con las tradicionales técnicas de la sastrería, en esta oportunidad el equipo de docentes, liderados por la directora de la carrera de Diseño de Vestuario, Mary Ann Lama, ideó una propuesta completamente distinta; cinco grupos tendrían que elaborar dos modelos de zapatos masculinos, uno clásico y otro experimental, en menos de una semana. A cada equipo además se le asignó un concepto de base/inspiración; estructura caleidoscópica, dinamismo sugerente, deconstructivismo geométrico, modularidad progresiva y sinuosidad interrumpida, y también un tipo de zapato en particular; derby, monkstrap, desert boot, oxford y chelsea boot para partir el desafío.

Preparados, listos… ¡ya!

A diferencia del año pasado, donde los grupos de trabajo estuvieron compuestos por profesores, estudiantes y exalumnos, para esta segunda versión los cinco equipos se conformaron por dos alumnos, un exestudiante, un profesor, un artesano del barrio Victoria y un representante de una marca independiente. El primer día se les entregó una caja con los materiales, el moodboard (una especie de pizarra donde cada equipo desarrolla su propuesta conceptual, agregan imágenes que los inspiran y detalles que les servirán en el proceso creativo), las telas necesarias -primó el cuero artificial- y seis pecheras de zapatero confeccionadas en denim, la tela protagonista del año pasado. Esa tarde quedaron plasmadas un par de ideas en los moodboard, algunos escogieron un nombre para sus equipos y se dibujaron un par de bosquejos en busca del modelo perfecto.

 

Cuando la jerga técnica no es el fuerte

La misma historia del año pasado, repitiéndose una y otra vez. Porque si creía saberlo todo sobre ropa, cuando en verdad no conocía nada, mucho menos iba a tener idea de lo que supone la confección de un zapato. Conceptos como traslapado, talón sobre lateral, margen de armado, tela de refuerzo, máquinas de cambrado (en serio, ¿qué es eso?) me hicieron gritar ayuda y observar y escuchar con muchísima atención cada procedimiento. Para quienes tienen la misma duda que yo tenía con respecto a esta última ‘cosa’ llamada ‘máquina de cambrado’, lo explico en pocas palabras: el cambrado es el proceso donde se le da firmeza al zapato en el talón y la punta a través de la aplicación de calor que estas máquinas proporcionan. El segundo día los grupos ya tenían bastante claros sus dos modelos y se encontraban preparados para la primera visita del equipo de profesionales de Guante liderados por Guido Pierattini, gerente de desarrollo de calzado de esta empresa nacional que tiene una trayectoria de 88 años. La idea del segundo día era que cada grupo mostrara sus procesos, comentara sus dudas y recibiera el feedback de Guante. Entendí que la comodidad es uno de los aspectos más importantes que se tienen en cuenta, con detalles como que el cuero debe ser más delgado donde quieres doblar una zona para evitar la rigidez o que en los botines la zona de atrás siempre es más baja para evitar molestias en el tobillo al momento de caminar. También descubrí que la suela se pinta una vez que el zapato está finalizado. El diseño se debe mantener en equilibrio con la practicidad. “He aprendido que el diseño del zapato tiene que transmitir algo, comercialmente eso no lo estaba viendo”, me contó Jorge Espinoza, uno de los maestros zapateros del barrio Victoria. Él se especializa en zapatos ortopédicos y tallas difíciles de encontrar. “Nunca lo había visto de esa forma, yo solo me centraba en la parte funcional”, agregó.

La magia ocurre en la fábrica

Por ignorancia estaba convencida de que un zapato se metía en una o dos máquinas y estas hacían todo el trabajo. Gran error. “Ninguna máquina puede reemplazar totalmente el trabajo artesanal, no se ha llegado a tanta perfección”, aseguró Guido en la charla que dictó el primer día del workshop. Quizás debería haber prestado más atención a sus palabras y así no me habría sorprendido tanto al encontrarme con cientos de personas trabajando en la fábrica de Guante (ubicada en San Miguel), en anchos mesones repletos de piezas de cuero, lápices, reglas, tijeras y máquinas, donde miércoles y jueves los zapatos fueron perforados, descarnados (parte en la que se rebaja el cuero), aparados (momento en el que se hacen las costuras), armados, terminados y montados con la ayuda de modelistas de calzado en la sala donde realizan los prototipos de la marca. “Son todos procesos en serie y la mayoría de las personas aquí en Chile se especializan en solo uno de ellos”, me explicó Caro Urrutia, dueña de la marca 1927 Shoes (en Instagram @1927shoes) y una de las participantes del workshop. El trabajo artesanal aquí es fundamental, las piezas de los zapatos pasan por hartas manos y secciones hasta finalmente ser entapados, es decir, el momento donde se pega la suela.

El momento de la verdad

Luego de cuatro agitados días cada grupo logró el desafío: el resultado fueron dos modelos de zapatos por cada equipo. Multiplicidad de colores, incluso texturas y aplicaciones, detalles como costuras azules en un zapato de cuero negro; todo fue ideado en prácticamente unas horas, plasmado en papel, luego en diferentes tipos de cuero y finalmente pasó por las manos de los casi 30 participantes y las modelistas de Guante en menos de cuatro días. “Compartir, conocer a gente que está estudiando, que trabaja en el mundo de los zapatos (…) esa mezcla que se generó la encontré genial, porque todos terminamos aportando desde la experiencia o del conocimiento de haber estudiado una carrera”, me contó Caro Urrutia mientras el fotógrafo Pancho Carrillo Matta desarrollaba la sesión final del workshop, inmortalizando cada modelo. Obvio que no aprendí a hacer zapatos, así como tampoco me convertí en una experta sastre el año pasado, pero sí que esta experiencia abrió un nuevo mundo para mí. Porque además de ser testigo de todos los procesos por los que un zapato debe pasar antes de verse tan bonito y tentador en cualquiera de mis tiendas favoritas, es increíble el trabajo manual que este demanda. Así que la próxima vez que adquiera un zapato pondré atención a cada detalle y valoraré todo el tiempo y dedicación que tomó.

Desde República Checa:


“Mi primera experiencia fabricando zapatos fue al tomar un curso en Londres. Era bastante parecido a este workshop, duraba una semana y consistía en fabricar unas botas”, me contó Barbora Vesela (32), la invitada internacional de Proyecto Oficios y acompañó a los equipos. Ella es diseñadora de calzado y cursó sus estudios en la escuela de Cordwainers del London College of Fashion. “Me enseñaron excelentes técnicas y me entregaron grandes conocimientos, pero tuve que poner en práctica ese aprendizaje en un corto período para terminar las botas. Fue difícil pero al finalizar me dije ‘esto me encantó, es posible y quiero dedicarme a ello’”, cuenta respecto a sus inicios como zapatera. “Había una vibra similar a la que hay aquí, todos estábamos muy entusiasmados y motivados; creo que eso es parte de la aventura de estos cursos cortos”, relata. Barbora tiene su propio estudio en Praga donde confecciona zapatos a la medida. “Estar aquí ha sido una experiencia espectacular, muy positiva y me estoy sintiendo inspirada para llegar a crear más y hacer un mejor trabajo”, asegura.

Para conocer más acerca de su trabajo visita su página: www.barboravesela.com