Entrevistas

Pasos chilenos en Nueva York

Luego de un par de años “tanteando terreno” en tiendas de Nueva York y Chicago, hace tres meses la marca de calzado Sitrana abrió su primer espacio en el extranjero, en el concurrido barrio de Williamsburg, en Brooklyn (NY). Desde su taller en Santiago Centro, su creador Jaime Cardemil exporta un cuidado trabajo artesanal, que cobra especial valor en esta ecléctica capital de la moda y la diversidad.

  • María Paz Maldonado O.

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En una maleta llevaba los pesados letreros de madera que instalaría en la tienda -idénticos a los que decoran la de Vitacura- y en la otra, las mantas de cuero con que tapizaría (él mismo) el mesón principal del local ubicado Williamsburg, el barrio más hipster de Brooklyn. “¡No te explico el sobrepeso que pagué! Pero quería que el espacio reflejara tal cual la esencia original de Sitrana y su rusticidad, y me daba miedo de que las cosas se perdieran en el camino. Logramos (con su socio Eric) que la tienda reuniera el espíritu de lo clásico, de lo simple y sobre todo de lo artesanal, algo tremendamente valorado por nuestros clientes allá”, cuenta su fundador y dueño, Jaime Cardemil (34).

¿Lo valoran más allá que acá en Chile? Muchísimo más. Allá un zapato artesanal, ciento por ciento hecho a mano, es realmente una joya que se lleva en los pies. La gente lo busca y está dispuesta a pagar bastante dinero por un par. Acá un zapato hecho a mano no causa tanta impresión, tiene que ser italiano para que se valore de verdad. Aunque afortunadamente es algo que está cambiando.

Pero lo artesanal está tan de moda que ya casi no es novedad. Sí, es verdad, hay muchas marcas que venden zapatos artesanales en Nueva York, pero creo que Sitrana ofrece algo distinto. No sé qué es; quizás sus líneas, la suela, el corte, algo tienen, y a la gente les gustan. Además no cobramos precios tan altos porque no son zapatos lujosos, no me gusta ese concepto, son zapatos bien hechos y que envejecen bien. Y bueno, también causa curiosidad que sean chilenos.

¿Preguntan por el origen? Provoca harto interés, pero ya nadie pregunta qué es o dónde queda Chile; y si no saben, agarran su celular, buscan en Google y listo.

Del living a vitrinas internacionales

La tienda Sitrana en el barrio Williamsburg, Brooklyn.
La tienda Sitrana en el barrio Williamsburg, Brooklyn.

Cuando comenzó con la marca en 2009 -bautizada así en honor a su abuelo Jaime Cardemil, cuyo nombre artístico cuando cantaba boleros era Víctor Sitrana- vendía zapatos a pedido en el living de la casa de su mamá. Eran cinco modelos, los que mandaba hacer a un pequeño taller con tres maestros, con una acotada producción de tres pares diarios. “No vivía de hacer zapatos, pero era algo que me gustaba mucho, así que iba jugando con la producción de acuerdo con la demanda. Recibía a la gente donde mi mamá, pero todo era muy relajado”, recuerda. Durante el día trabajaba como ingeniero comercial en una empresa de marketing, y de 6 a 9 se metía en el taller para aprender de este oficio y de un negocio al que ahora se dedica ciento por ciento.

Hasta ese improvisado primer showroom llegó Eric Pitzer, su actual socio en Nueva York. “El gringo llegó por un aviso que publiqué en un diario. Le encantaron los zapatos, y cuando abrí mi primera tienda en el Centro Comercial Lo Castillo se apareció allá. Me dijo que quería venderlos en Estados Unidos, así que empecé a enviarle unos 30 pares mensuales, los que él distribuía a particulares. El negocio prendió, y al tiempo entramos a la tienda Robert James con tres locales en Nueva York y a otra tienda en Chicago. Así estuvimos tanteando terreno en el extranjero durante un par de años. Llegó un punto en que vendía más afuera que en Chile”, cuenta.

¿Qué hizo que decidieran abrir tienda propia? ¿No era mejor distribuir a través de otras marcas ya consolidadas? Sin duda era más cómodo y seguro seguir vendiendo a través de ellos, pero hace rato teníamos ganas de hacer algo propio, a nuestra pinta. Buscamos una tienda chica pero bien ubicada, para comenzar desde abajo, igual como lo hice acá en Santiago. La armamos nosotros, con la ayuda de la familia de Eric, utilizando madera de demolición, cuero chileno y muebles vintage que el gringo encontró revoloteando. Además esperamos que este Sitrana sea la vitrina para acceder a nuevos distribuidores, más grandes, pero si no tienes tienda propia no existes. Aunque tengas las mejores fotos del mundo, no puedes vender una propuesta de un PDF. Si queremos ir en grande, había que partir chicos.

El taller de Sitrana ubicado en Santiago Centro.
El taller de Sitrana ubicado en Santiago Centro.

¿Y el taller (son siete artesanos en total) daría abasto para distribuidores más grandes? Sí, capaz habría que crecer un poco más, pero lo que tenemos claro es que no queremos meter máquinas. Me rehúso a la industrialización, ahí se perdería la esencia del negocio. Queremos crecer, claro, pero también mantener la identidad de nuestros zapatos, y esa es que cada pieza es distinta a la otra, cada modelo tiene detalles únicos, y eso lo da el trabajo artesanal.

¿Muy complicado manejar un negocios a la distancia? Ha funcionado bien. Eric está a cargo de toda la administración allá y estamos muy conectados. ¡Tenemos una relación de muchos whatsapps y mensajes de voz! (ríe).

Las líneas clásicas, rústicas y masculinas son las notas insignes de Sitrana, y aunque la marca nació pensada en los hombres, rápidamente amplió su producción al rubro femenino. De esas nuevas clientas que llegaron a la tienda, más de la mitad eran extranjeras (“gringas”, especifica), otro punto que Jaime consideró antes de llevar sus zapatos a Nueva York.

¿Por qué crees que les vendías más a ‘gringas’? Creo que ellas ya vienen un poco de vuelta en la moda. Prefieren comprarse un par de zapatos buenos antes que tres en liquidación que les van a durar media temporada. Quieren un zapato bueno y de calidad a la primera, bien hecho.

¿Las ventas prendieron allá también? Afortunadamente sí, y eso que esta no es buena época, porque son vacaciones. Pero les ha ido muy bien, y como son 100% de cuero, son frescos. En el sector donde está la tienda la gente se preocupa mucho del vestuario, y ahora está la moda de andar con jeans y bototos o zapatos de suela. Se nota que hay una preocupación por llevar un look más fashion. Además las mujeres allá son más decididas para comprar que acá, ¡aunque igual siempre le van a dar más vueltas que un hombre!