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Lo que necesitas para ser feliz

La felicidad no tiene nada que ver con el éxito y la plata. Tampoco con el matrimonio y los hijos, asegura el sicólogo de Harvard Dan Gilbert. La felicidad es un asunto de química del cerebro.

  • Carolina Pulido

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Hace tiempo que vengo pensando que el éxito está sobrevalorado. Tendemos a creer que éxito es igual a felicidad, pero basta que llegues ahí, a la cúspide, para darte cuenta de que no estás ni cerca de ser feliz. De chica quisiste ser la mejor en todo, te dijeron que era importante para entrar a la universidad y para luego triunfar en la vida. Sí, así te lo dijeron: tienes que triunfar en la vida. Y tú pensaste que de eso se trataba, de trabajar mucho para ser la mejor y para sentirte orgullosa de tus logros. Y para conseguir un buen marido y armar una bella familia. De paso, también para que te admiren y te aplaudan y te puedas comprar la vida que quieres.

La felicidad es el tesoro preciado que buscamos todos, pero paradójicamente pasamos la mayoría de nuestro tiempo trabajando para otras personas que muchas veces no nos gustan y haciendo labores que en realidad no disfrutamos. Es el sacrificio para obtener el éxito y el sueldo a fin de mes; aunque, si uno lo piensa, tampoco tenemos otra opción. Estamos atrapados en un sistema engañoso que nos promete el paraíso a cambio de los mejores años de nuestra vida.

De pronto recordé una novela que acabamos de terminar de leer con mi hija: Momo, de Michael Ende. La historia es acerca de una niña pobre, simple y sabia que se enfrenta a una agrupación de hombres malos, de traje gris, que no paran de fumar y que planean gobernar el mundo robándoles el tiempo a las personas. La novela fue escrita en 1973, cuando aún no estábamos consumidos por el exitismo y la adicción a la tecnología. Pero al parecer el autor intuía que se venían tiempos oscuros y frenéticos.

Hay un famoso psicólogo de Harvard llamado Dan Gilbert que asegura haber descubierto el secreto de la felicidad. No, no es un gurú de la autoayuda sino el autor de numerosas investigaciones sobre el tema publicadas en la revista Science. En sus charlas, Gilbert suele citar dos ejemplos para ilustrar sus teorías: el del Beatle perdido y el del socio de Steve Jobs.

Pete Best es el baterista que aparece en las primeras fotos de la banda de Liverpool en vez de Ringo Starr. Abandonó el grupo en 1962, justo antes de que se convirtiera en un fenómeno mundial. La gente suele sentir lástima por el músico, que siguió tocando batería en su ciudad natal sin grandes ambiciones. “Soy feliz con mi estilo de vida”, dice Best, que hoy es un alegre abuelo. Por otra parte, Ronald Wayne es quien fundó una prometedora empresa para fabricar computadores llamada Apple junto a dos amigos: Steve Jobs y Steve Wozniak. Por miedo a que el proyecto terminara en bancarrota, vendió sus acciones por 800 dólares. A pesar de que hoy valdrían 62.000 millones de dólares, Wayne, un ingeniero retirado que vive feliz en Las Vegas, asegura que jamás se ha arrepentido de su decisión.

Así que al parecer la felicidad no tiene nada que ver con el éxito y la plata. Tampoco con el matrimonio y los hijos, asegura Dan Gilbert. La felicidad es un asunto de química del cerebro. La genética influye, pero las circunstancias también. “Intentar ser más feliz es como bajar de peso -afirma el sicólogo en una de sus charlas Ted-. Hay unas pocas cosas que se pueden hacer y, si se hacen todos los días, el promedio de felicidad irá subiendo”. Lo interesante es que esas cosas cotidianas son totalmente gratis. Según un estudio comandado por Gilbert, que diseñó una aplicación para teléfono móvil que preguntaba periódicamente a 5.000 personas de 83 países cómo se sentían, qué hacían y qué pensaban, esas cosas sencillas son cuatro: practicar sexo, hacer ejercicio, escuchar música y conversar.

Así de simple. Tal vez el problema está en el foco. Y como el éxito está sobrevalorado, el foco debería virar hacia el tiempo. El tiempo es la joya invaluable de esta nueva era. Tiempo para invertirlo en esas cuatro actividades, claro. Y para eso, todo parece indicar que la clave es una: la vida lenta, reposada, reflexiva, consciente y en calma. Como antes.