Entrevistas

Sicólogo Rodrigo Jarpa y el Mindfulness: “Necesitamos volver a conectarnos”

Mujeres cada vez más exigidas, con una constante sensación de cansancio, falta de tiempo y de espacio. Frente a esa realidad una solución tan simple como compleja: apagar el piloto automático y comenzar a conectarse con los sentidos y con el cuerpo. “El mindfulness es una excelente herramienta para aprender a delegar tareas y así cerrar la puerta mental desconectándose de lo externo”, asegura el experto en sexualidad que, día a día, aplica esta técnica en sus consultas y charlas.

  • Josefina Strahovsky

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Foto: Rodrigo Salinas

Las tareas más simples muchas veces son las más difíciles de conquistar. El ejercicio de poner pausa a la agitada vida diaria, concentrarse en los sentidos, disfrutar de las cosas simples, tomar conciencia del cuerpo y la respiración suena fácil, pero esta disciplina -conocida como mindfulness- requiere de concentración y dedicación. El sicólogo Rodrigo Jarpa Schäcker -magíster en psicología clínica, doctor en sexualidad humana además de fundador y docente de la Academia de Psicología & Bienestar- supo de esta técnica en 2008 mientras realizaba una pasantía en el Hospital del Salvador donde se trabaja con DBT (Terapia Conductual Dialéctica) para el tratamiento de pacientes con un trastorno límite de personalidad. Una de sus bases era el trabajo con mindfulness.

“Al principio me pareció algo medio hippie, que no me hacía mucho sentido. Hasta que lo fui practicando y me di cuenta de lo potente que era en mí porque me sirvió para derribar los prejuicios que tenía con el tema, a lidiar con el estrés propio de trabajar con pacientes y el sufrimiento humano y también, aunque suene cliché, a disfrutar de las cosas más simples de la vida. Además comencé a revisar la evidencia científica que era superconcluyente”, recuerda.

Cuando retomó su trabajo en su consulta especializándose en terapia sexual y de pareja se le hizo natural aplicar los principios del mindfulness aprendidos con sus pacientes a nivel práctico, y en su tesis de magíster a nivel teórico investigó sobre la relación entre la terapia sexual y esta práctica. Hoy es parte integral de su manera de ver la terapia de pareja y además lo integra en distintas charlas y actividades grupales con mujeres. “He comprobado que la práctica sostenida en el tiempo puede llegar a cambiar rasgos de la personalidad, son beneficios duraderos”, recalca.

En tus palabras, ¿qué es mindfullness? Tiene que ver con la intención de estar plenamente presente en el aquí y en el ahora. Es una práctica que intenta aquietar las voces interiores y volver a conectarse con los sentidos. Para disfrutar de cualquier experiencia, incluida una relación sexual, es indispensable lograr esa conexión con lo que estás sintiendo y menos con lo que estás pensando. Es muy útil en la terapia sexual, tiene que ver precisamente con resolver las cosas que perjudican o que van rigidizando la posibilidad de conectarse con el placer, sobre todo cuando tenemos en la cabeza constantes temores, ansiedades y recuerdos de malas experiencias. Necesitamos volver a conectarnos con el cuerpo, y eso es paradójico porque aunque estamos obsesionados con él, también estamos cada vez más lejos. No lo estamos habitando. Y está comprobado que entre los pensamientos disruptivos que más afectan a las mujeres están los de la imagen corporal; es muy común estar en una relación sexual mientras piensas en el rollo o la celulitis. Eso claramente te desconecta y te aleja del placer.

¿Y crees que a las mujeres les resulta más difícil -en todos los ámbitos de la vida- lograr esa desconexión, hacer esos momentos de ‘pausa mental’ que requiere la práctica del mindfulness? Por ahí va la utilidad de la práctica del mindfulness, que requiere comenzar, de a poco, a darse esos espacios para desconectarse. Si no tienes tiempo ni espacio para ti es difícil lograr una buena relación de pareja, y aunque parezca sencillo es superdifícil en la sociedad actual donde la mujer asume muchos roles y donde está hiper-extrasobrecargada de cosas. Hay que aprender a desconectarse y dejar de ver como positivo ese papel que se les impone a las mujeres de ser ‘multitareas’, porque una de las mayores fuentes de estrés es intentar estar presente en muchas cosas al mismo tiempo. Y aunque parezca complicadísimo desconectarse, es algo que se aprende, es como ejercitar un músculo. En la práctica del mindfulness te vas dando cuenta de cómo, poco a poco, va cambiando tu relación con los pensamientos, aprendes a manejarlos, controlar las emociones y reconectarte con los sentidos.

¿Cómo afecta esta sobrecarga de tareas que viven las mujeres? No solo afecta la vida en pareja, sino que también es responsable de los alarmantes niveles de estrés. De esa constante sensación de cansancio, de falta de tiempo, de espacio. Es superentendible que no se tenga la disposición a tener relaciones sexuales si es que están absolutamente colapsadas y saturadas de cosas que hacer. Mindfulness es una excelente herramienta para aprender a delegar tareas y así cerrar la puerta mental, desconectándose de lo externo y acercándose a los sentidos, lo que finalmente deriva en una mejor relación de pareja.

¿Las mujeres están abiertas a este mensaje? En general sí, pero también hay bastante resistencia. Existe la idea de que mindfulness significa dejar la mente en blanco y no pensar. Me dicen mucho ‘una vez traté y no pude’, y eso las limita. Mindfulness son dos cosas al mismo tiempo: uno es poner atención y lo otro es darse cuenta. Es el ejercicio de que aunque pierdas la concentración, amablemente volver a ese pensamiento que te conecta. Es un muñequeo que al principio es constante, pero que con la práctica se hace más fácil.

¿Los principios sencillos del mindfulness hacen que su práctica sea vista como más complicada? Esa es una particularidad del mindfulness, es supersimple y para practicarlo no necesitas nada, pero a la vez eso lo hace tremendamente complejo.

¿Cómo aterrizas el mindfulness en las terapias de pareja? Se divide entre la práctica formal y la práctica de la vida cotidiana. La primera tiene que ver con ejercicios posturales, de respiración, y la práctica de la vida cotidiana tiene que ver con hacer las cosas -ducharte, tomarte un té, caminar- conectado con los sentidos. Independiente de que hay pacientes que no enganchan, sí predispone a una conexión con la terapia. Ahí ellos se van dando cuenta de lo beneficiosos que es, no solo en la terapia de pareja, que es por lo que vienen a consulta conmigo, sino en la vida.

¿Es útil la práctica del mindfulness en la búsqueda de aceptación personal y en la mejora de la autoestima? De todas maneras. Por ejemplo, cuando aparecen emociones negativas tendemos a querer manejar la mente como manejamos el mundo físico. La mente funciona con otras leyes. Si yo tengo un pensamiento desagradable, cuanto más intente evitarlo seguro será más recurrente. A lo que resistes, persistes. La aceptación del pensamiento te permite tener una relación distinta con él: puede ser que pienses en eso que te atormenta, pero seguro lo pasarás menos mal. Dentro de las tendencias condicionadas de la mente está el quedarse pegado; por ejemplo, ‘estoy gorda’ y ‘rumiar’ mentalmente con el tema; el cambio que provoca mindfulness es que ahora uno es capaz de darse cuenta de que está teniendo el pensamiento pero se reconoce como pensamiento, no como hecho. Y logra bajarle la carga emocional. Yo lo relaciono con esa frase budista que dice: “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. El sufrimiento es cómo nos relacionamos con el dolor, y el mindfulness te permite volver a conectarte con el cuerpo y los sentidos.

3 consejos clave


1. Parar y poner atención en lo que estamos sintiendo.

2. Reconocer las distracciones y volver a los sentidos.

3. Ser constantes con práctica, y adaptarla a lo que a cada persona le acomoda.