Gastronomía

Diógenes

El lugar es amplio, con terraza y segundo piso, ambientado con muchas plantas en jardineras colgantes negras, hay de adornos una bicicleta vieja, un auto de juguete de lata y unos teléfonos vintage que nos dieron risa porque eran iguales a los que había en nuestra casa de chicas.

  • Pilar Hurtado

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Cuando quiero buscar lugares diferentes para ir me meto a Vivirparacomer.cl, de la periodista Consuelo Goeppinger, y que les he recomendado en estas páginas. Ella es muy busquilla y siempre tiene datos entretenidos, como este. Diógenes, aparte del filósofo griego, nos remite al mal que tiene que ver con guardar cosas a lo largo de la vida, la mayoría inútiles. Con esas dos ideas llegamos con mi hermana a almorzar a este nuevo espacio en Providencia, muy ondero y lleno de gente joven. El lugar es amplio, con terraza y segundo piso, ambientado con muchas plantas en jardineras colgantes negras, hay de adornos una bicicleta vieja, un auto de juguete de lata y unos teléfonos vintage que nos dieron risa porque eran iguales a los que había en nuestra casa de chicas. Lo de Diógenes-coleccionista en este lugar se muestra con mucho estilo. Al almuerzo solo tienen el menú de la pizarra y una carta de sándwiches que parecen ricos. De noche se supone que es bar, aunque de día no nos ofrecieron alcohol. Solo jugos naturales, limonada y agua de la casa en botellitas mononas, con rodajas de fruta. Nosotras pedimos una limonada y un jugo natural de naranja y piña. El menú ese día era sopa de arvejas con tocino o pebre con mote y tiritas de lechuga como entrada, de los que pedimos uno y uno. La sopa venía tibiona, estaba rica pero en invierno se agradece que humee. El mote, delicioso. Como fondo había tres opciones: plateada con puré picante, gran plato que pidieron las chiquillas de la mesa vecina; mejillas de congrio con arroz salteado con verduras y el guiso para vegetarianos. Pedimos estos dos últimos, donde venían cinco mejillas de pescado ricas y el arroz estaba bien entretenido, tenía hasta repollo morado y harta soya (un chaufa peruano revisitado). El guiso vegetariano eran verduras picaditas con kale sobre cuscús, con queso gratinado encima. Servido en una ollita con tapa, también le faltó temperatura, si bien era sabroso. El servicio fue muy amable y conocedor de lo que ofrecen, cercano pero atinado. De postre había crumble de manzanas servido en pequeños frascos, rico y bien logrado. Aunque las porciones eran pequeñas, con el menú quedamos perfecto. En suma, buena relación precio calidad y algunas cosillas que ajustar para mejorar una experiencia que va bien encaminada.

Consumo: $6.900 el menú (entrada + fondo + postre o café, con agua de la casa).

NOTA: 5,8 / Andrés de Fuenzalida 48, Providencia | +562 22242290