Vida Sana

7 formas de simplificar la vida

Descomplicarse o vivir de forma más sencilla requiere una gran cuota de reflexión, hacer un alto para revisarnos, tomar decisiones prácticas y sacarle excesos al día a día. Es un tránsito que también requiere acciones coherentes con las propias necesidades y el concepto de simpleza que cada uno tiene. Aquí, algunos caminos.

  • Macarena Anrique

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Foto: Nicolás Abalo Producción: Belén Muñoz

1. Desconectarse (un poco)

Partir por lo más práctico y a la mano: tomar distancia de los correos electrónicos, de whatsapps, de las redes sociales. No para siempre, es entretenido estar en contacto con el mundo, nos gusta, pero la propuesta es salirse de estas redes en algunos horarios, algunos días. Susana Muñoz, sicóloga y directora de Serbal, Centro de Desarrollos Sistémicos, explica: “Los contextos saturados de demandas, requerimientos e información traspasan límites y dificultan los momentos de silencio necesarios para retornar a sí mismo y contactarse con el propio ritmo y lo esencial de cada uno”. Solange Anuch, sicóloga de Clínica Alemana, lo resume así: “El exceso de información ocasiona desconexión interior, te lleva a estar vinculado hacia afuera y desvinculado hacia adentro”.

La solución pasa por determinar cuándo es momento de estar conectado y cuándo no. Solange Anuch agrega que habría que cuidar la forma de seleccionar y ordenar la información: “Por cierto, hacerlo en función de nuestros mayores objetivos vitales. Cuando sabemos lo que queremos lograr con nuestra vida, también sabemos qué información necesitamos, cuánta y qué tiempos hay que brindar a su encuentro. Si no se hace eso, buscamos y recibimos sin saber para qué. Para qué seguir buscando más, si más me va a hacer tener menos de aquello que quiero tener, me desfocalizo, soy objeto de un automatismo de búsqueda”.

2. Una tarea a la vez

En un mundo donde las demandas son siempre numerosas e incesantes, comenzó a verse como positivo el multitasking, aquello de lograr hacer la mayor cantidad de tareas simultáneamente. “Sin embargo, con el tiempo se vio que así los errores eran enormes en contextos de exigencia y que las personas logran una relación superficial con la tarea, sin percibir las aristas y complejidades a resolver. Luego se comenzó a observar que quienes hacían una o dos tareas cometían menos errores. En los vínculos funciona parecido: si la mente está dialogando a la vez con muchas personas, muchas preocupaciones y varios temas por resolver, el contacto que se logra con el otro es bastante pobre. El otro lo percibe y las relaciones se hacen más livianas y casuales, superficiales, con poca hondura”, afirma Solange Anuch.

La vía sería detenerse en el presente y, a partir de eso, entrenar la capacidad de enfocarse en una tarea a la vez. No siempre es fácil, por eso existen técnicas que -como explica la sicóloga- se sugiere llevar a cabo cuando se está en un ambiente y tiempo aparte, es decir, si se trata de una acción laboral, no durante el trabajo. Pero ¿de qué trata el entrenamiento? Por ejemplo, de hacer una pausa para observar las flores de un jardín, sus pétalos, sus colores, sus aromas, las hojas de las plantas, sus diferentes tonalidades de verde, etc. “Algunos autores lo llaman ‘flow’ o tiempo de flujo, y en ese entrenamiento se intensifica la conexión sensorial y rítmica con el entorno, en el momento, ni antes ni después”, dice Anuch. La idea es conectarse con el jardín, lo mismo si nos sentamos cómodamente y hacemos consciente nuestra respiración, sintiendo el aire ingresar en el cuerpo, conteniéndolo y expulsándolo despacio. También cuando escuchamos una melodía lenta y cadenciosa o cuando nos acostamos de espaldas sobre una manta en el pasto y miramos al cielo para observar el movimiento de las nubes, su ritmo, las formas que van adoptando.

3. Simplificar el entorno

En pocas palabras: deshacerse de cosas, no acumular ni comprar en exceso, acciones que van muy relacionadas con el desapego y varias preguntas personales que uno mismo debe hacerse. “Hay confusión entre el ser y el tener”, dice Raúl Carvajal, sicólogo de Clínica Santa María. Añade: “Vivimos en una sociedad que permanentemente nos muestra las ventajas de tener más o tener mejor, haciendo un intento por vincular eso con ser feliz, no obstante, llenándonos de angustias. Si hiciéramos el ejercicio de preguntarnos cuántas de nuestras cosas han sido utilizadas en el último año, nos daremos cuenta de que muchas han perdido el derecho a seguir estando en nuestra casa. Antes de comprar algo sería bueno preguntarse: ¿realmente necesito esto?”. Por otro lado, si no nos detenemos a mirar lo que pasa con nuestra vida, es muy fácil que adoptemos las formas que socialmente están validadas para creernos felices, como pasa hoy con el consumo. Así lo explica Solange Anuch, quien comenta, además, que el cambio pasa por leer nuevamente la vida: “Releerla enfocándose en lo que nos hace sentido a cada uno. Habitualmente vamos a descubrir que las mayores alegrías estuvieron vinculadas a relaciones y momentos amorosos, donde compartíamos gratuitamente, entregábamos mucho de nosotros y recibíamos mucho amor más que cosas”.

4. Practicar la humildad

Comienza por entender que no podemos controlarlo todo, que nuestra naturaleza es limitada, que necesitamos a otros, que somos frágiles y nuestro tiempo es transitorio, que aunque aumentan las expectativas de vida, se trata de un tránsito. “Es importante darse cuenta de eso porque, no pocas veces, creemos que somos seres superiores, que tenemos todo bajo control y dejamos de contar que existe un orden natural por sobre nosotros, que la tecnología y los avances médicos están supeditados a esto (…) Si nos encerramos en los muros de nuestro propio ser, en los propios límites, te desesperas y tratas de vivir asegurándote, tratando de controlarlo todo. Te das cuenta de que es imposible que mantengas todo bajo control”, afirma Solange Anuch.

Cuando se habla de humildad, el tiempo presente también es importante. Los hechos pasados son eso, ya no existen. Solo queda aprender de desaciertos. El futuro, aunque esté lleno de esperanzas, tampoco existe. “Tenemos que repetirnos esto las veces que sea necesario, especialmente cuando quedamos atrapados en algún evento del pasado, o bien soñando con nuestras expectativas futuras”, recomienda Carmen Gloria Alvarado, sicóloga clínica de Sanatorio Alemán de Concepción.

5. Definir las prioridades

Importante pregunta que los especialistas repiten como una clave para simplificar todo. Raúl Carvajal dice que aprender a disfrutar de las cosas sencillas de la vida pasa por recuperar su sentido, reflexionando sobre lo que nos resulta de verdad importante: “Aquellas cosas que, al final del día, hacen sentirnos satisfechos y que habitualmente son gratis: disfrutar de un paseo, jugar con los hijos, compartir con amigos, divertirse con la pareja, etc.”. En ese sentido -afirma el sicólogo-, priorizar resulta de gran importancia: “Si hiciéramos el sencillo ejercicio de plantearnos las cinco cosas más importantes de nuestra vida y luego cuánto tiempo determino para cada una de ellas, la respuesta nos puede llevar a tomar conciencia de la incongruencia entre lo que establezco como prioridad y el tiempo que le otorgo”.

Solange Anuch propone a su vez: “En los tiempos de descanso mental resulta ideal lograr una sensación de cierre de las cosas pendientes más importantes. Siempre habrá cosas que hacer, pero los más importantes deben estar cerrados lo antes posible. Además de jerarquizar, hay que delegar y compartir tareas”.

6. No ponerse límites

Pensar que la simpleza es lo mismo para todos es un límite. Puede vincularse también con la exigencia y la angustia ante la posibilidad de error o fracaso. Así lo explica Susana Muñoz: “Estas exigencias determinan estar centrados en metas, imágenes y expectativas más que en el proceso, en las particularidades y potencialidades tanto de sí mismo como de otros”.

Por ejemplo, el estar en permanente movimiento, incluso sobrecargados de tareas, a todas luces inquieta y complica. Pero si se sale de este estereotipo, esa misma situación, en otro nivel, también alivia, porque se relaciona con sentirse completos, sin fallas, algo de la omnipotencia que se pone en juego cuando estás haciendo mil cosas a la vez, según explica Claudia Araya, sicoanalista y profesora de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica. En un caso como este, si estamos tan sobrecargados, la pregunta que deberíamos hacernos es por qué llegué a ese estado, qué estoy evitando o ganando. A veces la respuesta que surge es la sensación de tremendo poder. Y otra cosa más: “Hay gente que cuando está quieta es como si le alcanzaran sus fantasmas. En cambio cuando andas ‘corriendo’ no los ves o, más bien, no hay tiempo para verlos”, comenta Claudia Araya.

Entonces la recomendación es encontrar el propio camino, sin limitarse, tampoco respecto de lo que se supone que es una vida más simple. “También tener presente que elegir trae siempre aparejado el renunciar a algo”, dice Carmen Gloria Alvarado.

7. Bajar los ideales

Vivir de una manera distinta, más simple, es un ideal. Y los ideales nos mueven; su gracia es que dan un cierto norte, pero su pecado es que son ideales y eso implica que, muchas veces, las más, no se puede conseguir la figura completa. “Si además el ideal se separa mucho de la propia realidad se genera sufrimiento. La idea es bajar un poco ese horizonte y hacer modificaciones en el medio”, sugiere Claudia Araya.

Por ejemplo, si no quise soportar más tacos ni contaminación urbana, si mi ideal es disfrutar de la simpleza que hay en el campo, si quiero gozar el silencio hasta escuchar los grillos en verano o darme el gusto de cultivar mis propios vegetales y para todo eso me fui a vivir en las afueras de la ciudad, en un lugar de corte más rural, debo asumir que conviviré con insectos y otros animales, y que si continúo trabajando en la ciudad será necesario que me levante más temprano, saber que recorreré más distancias y que gastaré más dinero en trasladarme.

Otro caso: buscando la simpleza, muchas veces se recomienda darse espacios para la calma y el encuentro consigo mismo. Pero cuidado, porque en esos estados lo primero es un rato ingrato, advierte la sicoanalista: “Tienen un momento incómodo, que es al principio, algo de nada, y la nada es angustiosa; encontrar un camino o lo que tenemos ganas de hacer requiere un esfuerzo”.