Columnas

Poder en femenino

Nosotras, que venimos integrándonos a este mundo del poder desde hace poco, y sobre todo las líderes, debemos ser el cable a tierra. Hay que entrar en razón.

  • Carolina Pulido

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400Desde que la nueva Primera Ministra británica, Theresa May, asumió en medio de una crisis política que terminó con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, los medios de comunicación de todo el mundo no han parado de hablar de liderazgo femenino. Claro, porque para fines de este año se prevé que al menos tres de las cinco mayores economías del mundo sean gobernadas por mujeres: Reino Unido, Alemania y Estados Unidos. Si bien en este último país las elecciones serán recién en noviembre, Hillary Clinton aparece hoy con la primera opción de llegar a la Casa Blanca, e incluso podría considerar a la senadora Elizabeth Warren como su compañera de fórmula. A ello se suma que entre los candidatos favoritos para dirigir la ONU hay seis mujeres.

La pregunta que se hacía el diario británico The Guardian es si todo esto es una coincidencia o si el tejado de vidrio del bloqueo femenino en el poder finalmente se quebró. Y la verdad, desde esta humilde tribuna creemos que poco importan esas interrogantes. Simplemente porque no nos sirven más mujeres en el poder si van a seguir haciendo las cosas como las han hecho los hombres.

No sé ustedes, pero yo estoy profundamente preocupada por la violencia en el mundo. Y todo indica que cada día se pone peor. El terrorismo islámico no cede ni lo hará jamás si las grandes potencias occidentales insisten en atacar de vuelta en territorios yihadistas. La masacre de Niza que revivimos por televisión la semana pasada ocurrió apenas días después del atentado en Estambul, que también cobró decenas de víctimas fatales. Y los lugares escogidos no son al azar, así como tampoco la fecha. En el caso de Francia, la fiesta nacional del 14 de julio es una demostración de unidad en torno a las fuerzas armadas, hoy implicadas en los frentes de Oriente Próximo y África para combatir a los yihadistas.

Nunca había estado tan de acuerdo con Donald Trump como cuando, horas después del atentado en Niza, publicó en Twitter lo siguiente: “¿Cuándo vamos a aprender? Esto solo se está poniendo peor”. Exacto. Cuándo vamos a aprender. El mundo está en guerra desde que los hombres tomaron el mando (se cree que cuatro mil años antes de Cristo eran mujeres las que estaban a cargo, y que habían establecido un sistema de relaciones muy igualitario… y sin guerras, claro).

Y en ese sentido, la gran pregunta que nos gustaría ver en los editoriales de los diarios es qué tipo de liderazgo deberían ejercer estas mujeres que por primera vez tienen una oportunidad histórica: unir fuerzas desde ideales más femeninos, como son la compasión, la armonía, la intuición, la receptividad. O para recordar a los padres de la república francesa (que hoy se deben revolcar atónitos en sus tumbas parisinas): la libertad, la igualdad y la fraternidad. Hoy suena descabellado hacer política desde ahí. Sobre todo porque, de alguna forma, esas cualidades carecen de peso en nuestra cultura. Se relacionan con estereotipos caricaturizados y subvalorados. Hacer política en femenino es relacionarse desde ahí. Desde la empatía y el entendimiento. No desde la guerra, que es el equivalente a esa competitividad enfermiza en que estamos insertos.

Entonces, queridas congéneres, nosotras, que venimos integrándonos a este mundo del poder desde hace poco, y sobre todo las líderes, debemos ser el cable a tierra. Hay que entrar en razón. Y equivocan el camino las que creen que la fórmula es adaptarse al ritmo del remolino tal como está, porque ese remolino arrasa con todo lo que encuentra, incluyendo nuestros recursos naturales y el futuro de nuestros hijos.