Belleza

Agua termal de Avène: Un baño sanador

Desde hace dos siglos y medio, Avène recibe a enfermos que van en busca de curas dermatológicas, mayoritariamente a quienes sufren de dermatitis atópica y psoriasis. Actualmente entre 2.600 y 2.800 pacientes por año son tratados en la estación termal de la ciudad; ahí gozan de baños que, gracias a la baja mineralidad y a una microflora muy particular del agua, calman y desinflaman la piel. Son las mismas aguas con las que se elaboran todos los productos de la marca homónima, creada en 1990 por el prestigioso químico farmacéutico y empresario Pierre Fabre.

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Por Verónica Marinao, desde Avène, Francia Fotos Gentileza Avène

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En la estación termal los pacientes pasan el día en un ambiente rodeado de vegetación.

La leyenda dice que todo partió en 1736 gracias a un caballo enfermo. Debido a una alopecia literalmente galopante y a la gravedad de sus eczemas, su dueño, el marqués de Rocozels, lo alejó del resto de sus animales y lo dejó pastorear en el valle de l’Orb, en el corazón del parque natural de la región del alto Languedoc, específicamente en el manantial de Santa Odile. El potro bebió y estuvo en contacto con las aguas termales de Avène y después de unas semanas su piel mejoró notablemente.

Ese es el único relato surrealista que se escuchará entre los trabajadores de los laboratorios Pierre Fabre, grupo que actualmente es dueño tanto de la estación termal de Avène como de la marca homónima creada en 1990. No habrá más historias míticas (hasta hoy no se han encontrado los restos del jamelgo), porque la filosofía del conglomerado es, ante todo, científica, y quedarse pegado en una narración mágica sería desconocer muchísimos años de investigación.

Algo de historia

Siete años después de la curación del caballo llegaron (en 1743) los primeros curistas al manantial de Santa Odile; se construyeron dos piscinas colectivas (una para hombres y otra para mujeres) donde se bañaban personas que venían de diferentes lugares de Francia para calmar afecciones a la piel. En 1871 la fama de estas aguas llegó hasta América;

El seguro médico francés cubre un tratamiento anual por paciente.
El seguro médico francés cubre un tratamiento anual por paciente.

ahí se maravillaron con las virtudes del agua termal de Avène, utilizada entonces para tratar a las víctimas del incendio de Chicago. El 1874 el éxito adquirió ribetes formales: la Academia Nacional de Medicina de Francia declaró de interés público el manantial. Durante el siglo XIX las termas pasaron por diferentes dueños y después de la Segunda Guerra Mundial funcionaron intermitentemente. Y en 1975 Pierre Fabre, visionario químico farmacéutico y botánico (ver recuadro), compró la estación e inmediatamente invirtió en estudios para entender por qué esa agua subterránea calmaba y sanaba las irritaciones de la piel. Además creó un moderno centro termal que ese año acogió solo a 20 personas. En 1990 el número creció a 300 y actualmente la estación recibe entre 2.600 y 2.800 por año (se cierra durante los tres meses de invierno). El seguro médico francés cubre un tratamiento anual por paciente (previa prescripción médica) que dura tres semanas. Mayoritariamente las termas atienden a pacientes con dermatitis atópica y psoriasis, pero también llegan mujeres con cáncer de mamas, por ejemplo, con la piel reseca debido a los tratamientos de quimio.

“A diferencia de otros centros termales, en el nuestro no existen ‘categorías’ dependiendo del dinero del paciente, todos los que vienen acá reciben el mismo tratamiento, solo varían las especificaciones de acuerdo a la enfermedad, pero básicamente es lo mismo”, explica Marie-Ange Martincic, directora de las Termas de Avène. Además de la terapia hídrica, los pacientes se pueden inscribir en cursos de maquillaje o de técnicas para aliviar las picazones que conllevan estas enfermedades.

Era una gotita…

No existe magia en las aguas termales, dice Bertrand Selas, director del prestigioso Laboratorio d’Leu (del agua), entidad creada por Pierre Fabre para cumplir con dos misiones: la primera es controlar periódicamente la calidad del agua que se extrae tanto para el centro Avène como para la elaboración de los productos de la marca homónima. La segunda es investigar los orígenes y las propiedades del agua termal.

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El agua de Avène fluye constantemente desde esta fuente.

¿Qué es el agua termal en realidad? En principio es “simplemente” agua de lluvia. Las comillas no están de más, porque después de las precipitaciones surgirá una maravillosa complejidad natural…

…Supongamos que hoy llueve en Avène. Solo una parte de esa agua caerá en una zona específica de la tierra llamada impluvio. Entonces ese líquido hará un recorrido subterráneo que tardará entre 50 y 100 años. Durante esa lenta trayectoria el agua penetrará las rocas y captará sus minerales, particularmente carbonato de calcio y de magnesio. “Esta agua seguirá su trayectoria, pasará por otras rocas y recuperará litio y oligomentos, es decir una serie de sustancias que le darán una identidad físico-química, a medida que avanza por el subsuelo. Esta agua termal seguirá bajando y se irá calentando (cada 100 metros, 3 grados), y al final llegará a una profundidad de 1.500 metros y a una temperatura de 665 grados. Entonces se producirá un fenómeno natural llamado termosifón, que sencillamente se trata de que las aguas más ligeras y calientes suben y aguas más frías y densas siguen bajando, entonces se invierte el flujo hidrodinámico”, dice Bertrand Selas.

Pero el agua trae mucho más que minerales, explican los entendidos. “Hasta fines de los años 90 creíamos que el poder del agua solo se debía a los minerales, pero en esa fecha descubrimos que dentro de esa agua hay una microflora única que nunca habíamos encontrado en ninguna otra agua en el mundo, y que actúa sobre la inflamación”, cuenta Alexandre Couttet, group manager Area Americas and U.K Eau Thermal Avène.

La cura

Cuando Pierre Fabre compró el manantial, en 1975, se desarrolló un sistema para captar el agua a 150 metros de profundidad y así alimentar la unidad de producción del centro termal sin riesgo de contaminación.

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Este antiguo afiche ya anunciaba los beneficios de las aguas.

Además de los controles periódicos que realiza el Laboratorio del Agua, cada mes el Ministerio de Sanidad francés supervisa que el agua termal del centro cumpla con los estándares de calidad que la han hecho famosa, en rigor vigilan que no haya microbios o bacterias. Además, estas aguas curativas cuentan con un seguro de certificación (AQUACERT HACCP), que poseen solo 30 de las 150 estaciones termales que existen en Francia.

¿Qué se hace durante estas tres semanas de tratamiento? Marie-Ange Martincic, directora de las Termas de Avène, resume a grandes rasgos la terapia: “Primero se programan baños de 20 minutos (en tinas individuales). Para reforzar las propiedades calmantes y antiirritantes del agua añadimos efectos mecánicos; burbujitas e hidromasajes. Eso ayuda a mejorar la flexibilidad cutánea, porque cuando hay eczemas la piel se vuelve espesa, por tanto es necesario reforzar el poder emoliente del agua y de esa forma devolver flexibilidad a la piel. Luego, en una cabina de ducha general se proyecta (con decenas de chorritos) agua termal por toda la piel, y así se limpian células muertas. Y para finalizar se realiza una pulverización que envuelve totalmente al paciente y permite calmar el escozor”. Estos pasos son casi iguales para todas las afecciones, pero también puede haber una etapa de aplicación de cremas emolientes Avène o con compresas de agua termal. Claro que eso dependerá de la enfermedad y de la indicación médica. El tratamiento también contempla que el paciente beba al menos un litro y medio de agua termal al día, agua que no está a la venta, pero que tanto pacientes como quienes viven en el sector pueden ir a buscar de forma gratuita. Una fuente con la forma de un león ubicada a la entrada de la estación termal expulsa constantemente este líquido de agradable sabor.

Durante las semanas que dura el tratamiento los curistas se alojan en el hotel (en los próximos días se inaugurará uno totalmente nuevo que pertenece al centro termal del grupo de Pierre Fabre) o también pueden quedarse en algunas viviendas de este bello pero pequeño pueblito con no más de 300 habitantes, una característica que a los Laboratorios Pierre Fabre les interesa conservar. “Cuantas menos personas vivan acá, menos riesgo hay de contaminación”, dice Bertrand Selas. La limpieza y belleza del paraje le dan la razón al científico. El pueblo parece detenido en el tiempo; una fotografía actual no distaría mucho de una tomada hace un siglo. Porque en rigor la verdadera transformación la sufrió esa gotita de lluvia que cayó en Avène hace unos 100 años y que hoy seguramente cura o alivia a algún enfermo.

El pequeño Nicolás


Cada año la estación termal de Avène, en conjunto con la marca homónima, beca a algún niño de cualquier lugar del mundo que sufra una enfermedad dermatológica. Este 2016, por segunda vez en la historia, el elegido fue un niño chileno. Nicolás Lufi, de 14 años, quien padece una dermatitis atópica severa, fue propuesto junto a otros casos por su médico tratante, el doctor Jorge Yutronic. Nicolás estuvo junto a su hermana Rocío durante tres semanas en Avène, con todos los gastos pagados.

Nicolás fue un privilegiado, claro, pero las termas reciben normalmente a pacientes de todo el mundo. El tratamiento completo en la estación termal cuesta 800 euros, más 100 euros de consultas médicas. Y hay que considerar además, más o menos, unos 100 euros por día en alojamiento.

Pierre Fabre, un gran visionario


En 1951, el químico farmacéutico Pierre Fabre abrió una farmacia en su ciudad natal, Castres. En esa zona, al sur de Francia, la mayor actividad era textil y Fabre rápidamente detectó una necesidad en las trabajadoras de esas fábricas; al final del día sus piernas estaban muy cansadas e hinchadas. Así que con un grupo de 5 colaboradores ideó Ciclo 3, un medicamento -en ampollas bebestibles- hecho a partir de una planta de la región, la Ruscus aculeatus, que mejoraba la circulación sanguínea. Toda una revolución porque en esos años solo se concebía una pomada para aliviar el cansancio, no algo que sanara ‘desde adentro’. El éxito fue tan grande que, diez años después, en 1961, Fabre fundó los laboratorios que llevan su nombre y compró marcas dermocosméticas como Klorane, entre varias otras.

Actualmente el grupo Pierre Fabre cuenta con 10 mil colaboradores y el año 2015 se facturaron 2.200 millones de euros. Fabré murió en julio de 2013, no estaba casado y no tuvo hijos. En Francia es común que fortunas como la de él -sin herederos naturales- pasen a manos del Fisco y se vendan o rematen. Por eso Fabre, quien quería que su legado sobreviviera, poco antes de morir creó una fundación y le cedió el 86% de su empresa. La fundación existe para velar los valores del grupo; por ejemplo, supervisar que las actividades se sigan realizando mayoritariamente en el sur de Francia para así desarrollar la economía local, un sueño de Fabre. Y, por supuesto, hacen misiones filantrópicas; entre ellas labores de formación farmacéutica en África y el Sudeste Asiático.

Hace más de 10 años el señor Fabre abrió parte del capital de la empresa a los empleados; es decir que un 10% está en manos de sus colaboradores. El 4% restante fue distribuido, después de su muerte, en herencia a su familia (sobrinos, por ejemplo).

El grupo Pierre Fabre actualmente tiene 46 filiales y sus productos, entre ellos medicamentos para luchar contra el cáncer y marcas dermocosméticas como Avène, se venden en 130 países.
Como Fabre además de farmacéutico era botánico, financió también un jardín donde hasta el día de hoy se preservan floras y especies de todo el mundo y que son esenciales para marcas como A-Derma, por ejemplo, también del mismo conglomerado.