Entrevistas

Eduardo Fuentes: “Desde que supe que iba a ser padre veo el mundo más brillante”

No domina el arte de cambiar pañales -su única experiencia se limita a la práctica con muñecos en algún baby shower-, pero está ya totalmente inmerso en el complejo universo de los implementos infantiles: la cuna, que han comprado; el coche de guagua, cuyas prestaciones y últimos modelos investiga todavía en internet… Cuando su mujer atraviesa el ecuador del embarazo, Eduardo Fuentes nos cuenta cómo vive la espera de su deseada hija Alma, lo difícil que fue el camino para traerla al mundo y qué clase de papá le gustaría ser.

  • Ana Muguerza

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Fotos: Juan Pablo Sierra Producción: María Eugenia Ibarra Maquillaje: Yani Urbina Agradecimientos: Adolfo Domínguez, H&M, Tommy Hilfiger

En la casa de Eduardo Fuentes y su esposa, Andrée Burgat, todos se preparan para la llegada de Alma, prevista para octubre. Y todos, son todos, incluidos Clara y Lucas, los perros de la pareja, dos integrantes más de la familia.

La pequeña Clara, un bichón que duerme con ellos cada noche, intuye que algo está pasando. “Se apoya con un nivel de ternura sobre la guata de Andrée que me parece fascinante y muy emotivo”, cuenta Fuentes. También permanece a la espera Lucas, un ‘sucedáneo’ de labrador que cumple una década con la familia y que les regaló Marcelo Comparini. “Él es un protector de niños, le gustan y los cuida. Sin duda, los dos van a ser niñeras excepcionales de Alma”.

Desde que Andrée quedó esperando, Eduardo Fuentes presentía que iba a ser mujer: “Jugaba con la idea de que fuera una niñita porque veía la relación de mis amigos con sus hijas y me gustaba. Claro que si fuera niño, también feliz. Lo único que uno desea es que vengan sanos y que sean felices”, comenta. Dudaban entre tres nombres: Emma, Blanca o Alma, y finalmente se decidieron por el último porque “nos decía más”.

No ha nacido todavía, pero Alma es ya la protagonista de un libro que su papá está escribiendo para ella. En él, Eduardo Fuentes cuenta cómo ha sido el largo y difícil proceso que han atravesado para traerla al mundo: los momentos de desesperanza, la desilusión de las ecografías sin resultados, los pinchazos de hormonas que tuvo que soportar la mamá, pero también la profunda alegría que sintió cuando supo que iba a ser padre y cómo, a partir de ese momento, empezó a ver el mundo “mucho más bonito y brillante”.

¿Cómo está siendo la espera de Alma, Eduardo? Muy luminosa y con mucho cariño. Así como el proceso de fertilidad es de mucho desamparo y solo de dos, de la pareja, en esta espera me estoy sintiendo superacompañado y colmado de amor. He recibido una gran cantidad de mensajes deseando cariño y buena onda, tanto que a veces uno no sabe muy bien cómo reaccionar. No sé si te ha pasado alguna vez: de pronto hablan tantas cosas bonitas de ti que empiezas a sentirte incómodo con tanto halago. Siento mucho cariño y no sé cómo retribuirlo. Desde que se supo, muchos hicieron de nuestra alegría su alegría. También gente que estaba en el camino de la fertilidad manifestó su afecto, y eso es muy especial. Jamás imaginé que fuera así.

Dentro de poco estarás cambiando pañales, ¿tienes alguna experiencia? En algún baby shower gané el típico torneo que cambias los pañales a una muñeca, esa es la máxima experiencia que tengo, pero estoy en proceso de capacitación (ríe). Sí, tengo que aprender muchas cosas, el desafío es muy grande. Cuando Alma esté con nosotros va a ser cada día una experiencia nueva, un aprendizaje continuo donde probablemente vamos a cometer muchos errores, pero trataremos de minimizarlos. Queremos maravillarnos con cada cosa nueva: cada pasito, palabra, gracia, llanto… eso es parte del encanto.

¿Qué sentiste cuando supiste que ibas a ser papá? Una profunda alegría, pero muy contenida al principio porque ya nos había ocurrido antes que habíamos logrado generar el embarazo pero no se mantenía. Entonces, era una alegría con cautela porque el dolor de la decepción es muy grande cuando un tratamiento no funciona o cuando el avance se malogra después en el camino. Es una pena profunda, seca, un llanto ahogado. Así que tratas de no elevarte mucho para que no sea tan doloroso, pero a medida que van pasando los días te das cuenta de que avanza, avanza, avanza… Y cuando escuché los latidos de su corazón por primera vez, dije: “Ahí está, dando su batalla, está haciendo también su trabajo porque quiere venir y estar con nosotros”. Y fue cuando le dije Alma, hasta entonces había sido ‘la guagua’.

¿A quién le contaste primero la noticia? A mi suegra en el plano terrenal y a mi mamá, en el espiritual. En mi casa hay un altar con una fotografía de mis padres, que fallecieron, y de unos tíos de Andrée, y fuimos y les contamos formalmente que teníamos un embarazo en camino. Mi mujer tiene una abuela de 94 años, Aida, que fue también de las primeras en saber; ella como que intuía algo. Después, cuando se cumplieron tres meses, lo hicimos más público.

¿Tan importante era la paternidad para ti? Nunca pensé que si no tenía un hijo no iba a sentirme realizado en la vida, para nada. No era un tema que me deprimiera, pero de pronto sientes que existiendo la posibilidad, por qué no jugártela. Y jugártela, ¿para qué? ¿Por el capricho de tener un hijo? No. ¿Porque es necesario ser padre en esta sociedad que te exige y exige? Tampoco. Jugártela porque ese hijo es fruto de una relación preciosa, es una muestra concreta de un amor. Y eso es lo que más me motivaba a mí, que la relación preciosa que tengo con mi mujer se pudiera manifestar de alguna manera, y por eso pusimos el empeño. De alguna manera sentíamos que era algo que podía iluminar más la familia que ya teníamos con nuestros perros.

¿Qué tipo de papá crees que vas a ser? No creo mucho en clasificaciones o etiquetas, como la del papá severo, el papá amigo, el papá no sé… Creo que uno va fluctuando de acuerdo con las necesidades del momento. A mí me gustaría ser un padre que le dé a su hija las opciones de cumplir sus sueños, sean cuales sean. Soy muy respetuoso de la libertad de la gente y pienso que mi rol de padre es guiar, no imponer, porque el camino lo tiene que recorrer ella y los sueños son los suyos, es su vida. Yo solo quiero que sea feliz. Si tanto luchamos para que llegue a este mundo, no va a ser para otra cosa que no sea procurar su infinita felicidad, que extienda sus alas y que vuele tan alto como ella quiera. Por lo menos mis papás fueron así conmigo, en ellos tengo un buen modelo a seguir. Siempre me guiaron para que cumpliera mis sueños y tratara de ser en la vida lo que a mí me gustara. De niño yo quería ser locutor de radio. Tenía buenas notas, pero nunca trataron de influirme para que fuera médico o abogado. Así que tengo el ejemplo de mis padres, que me allanaron el camino para que jugara mis fichas.

Compromiso

Eduardo Fuentes y su mujer, Andrée Burgat, directora editorial de la revista Harper’s Bazaar Chile, se sometieron durante seis años a varios tratamientos de fertilidad para poder ser padres, y él ya lo había intentado antes con su primera mujer. El animador reconoce que en más de una ocasión estuvo tentado a tirar la toalla. “Muchas veces uno dice: Ya, esta es la última, porque la mujer se lleva una parte muy compleja del tratamiento, mucha inyección de hormonas; hay un desgaste emocional, físico y económico, y no puede seguir eternamente. Por supuesto que uno baja los brazos, se amilana, pero de pronto algo pasa, se abre una ventanita, escuchas algo, sientes algo y te decides a intentarlo de nuevo”. Durante ese tiempo Fuentes fue la voz y el rostro de muchas parejas que no podían tener hijos y que reclamaban que la infertilidad fuera considerada una enfermedad y costeada por las isapres, lucha que mantiene hoy.

¿Olvidados ahora los malos ratos, la frustración y el desencanto? Sí y no. El haber conseguido el embarazo eclipsa todas las penas y todo lo que pasó, pero como me ha tocado trabajar en la difusión y la visualización de la infertilidad como una enfermedad tengo contacto con mucha gente que todavía está en el camino y con otros que ni siquiera han podido emprender ese camino, entonces no lo he olvidado. Al saber que íbamos a tener un hijo sentí una gran felicidad, pero, al mismo tiempo, la profunda tristeza de saber que hay gente que no puede siquiera ilusionarse porque no tiene plata para financiar los tratamientos, que son muy caros, y nadie hace nada. Un solo intento cuesta desde un sueldo mínimo a un automóvil. Nosotros fuimos a hablar con las isapres, que nos prometieron una mesa de trabajo hace cuatro años y todavía no se concreta. Me causa dolor que en un país que envejece como el nuestro no haya una política para las parejas infértiles, que son más de 350 mil diagnosticadas, y de ellas un 75% no puede costear el tratamiento más básico. Solo me queda seguir ayudando a visualizar esta campaña, aprovechando todos los espacios para recordarlo y ver si por ahí, de repente, le llega de rebote a alguna autoridad. La batalla nunca fue por mí sino por la gente que no lo podía costear.

Fuiste muy valiente al reconocer públicamente tu infertilidad… Era porque no había hombres conocidos que lo hubieran dicho. Sabía que había muchas parejas que estaban en esta situación, sabía lo caro que eran los tratamientos porque lo estaba viviendo, y cuando supe que existía una corporación que estaba tratando de ejercer presión para que la infertilidad fuera considerada una enfermedad, dije: ‘Bueno, yo también sufro de esto y no es una maldición o un castigo divino, ni afecta tu hombría, como algunos piensan’, y conté mi relato. Andrée me dijo que no tenía ningún problema y aproveché una entrevista para contarlo y dar un poco de sentido a todo. Desde entonces muchos hombres se me han acercado y comentado su experiencia. Ha sido superenriquecedor.

¿Se llegaron a plantear la adopción? No, no nos llegamos a plantear porque queríamos agotar esta instancia. Creo que la adopción es un gesto muy bonito de solidaridad y me parece muy loable. Ahora, también creo que no todas las parejas están preparadas para ello, y la adopción no puede ser el premio de consuelo, no se puede ver así. Hay mucha gente que te pregunta por qué no adoptas en lugar de gastar tanta plata, pero me parece muy injusto que digan eso, es una intromisión muy profunda en la intimidad, y si la gente no quiere adoptar o no lo asume, es una decisión muy personal y superválida, así como hay otros que deciden adoptar y me parece muy loable.

La vida te sonríe en lo personal y en lo profesional. Sí, pero para mí el tema del trabajo es tan circunstancial… Es solo trabajo, y si no lo hago en la tele, será en la radio, y si no, en otra cosa. Además, la televisión está tan revuelta que uno no sabe muy bien para dónde va el viento (Eduardo Fuentes conduce ahora el programa Amores Perros, de Canal 13). Para mí lo importante y relevante en mi vida hoy día es Alma. Yo nunca he comprado mucho eso de ‘este trabajo es mi vida’ o ‘ la tele es mi vida’… No, para mí la vida está en otro lado, eso es solo trabajo, y hay muchas formas de hacerlo. Yo he sido pobre, he sido rico y siempre he sido feliz.

¿Tienes previsto tomarte el permiso posnatal? Sí, totalmente, absolutamente. No sé cuánto tiempo es, pero me tomaré todo lo que sea posible. Afortunadamente mi trabajo no es horario de oficina y me da cierta libertad. Tengo esa fortuna que muchos padres no tienen. Los hijos también necesitan de la atención del padre, sus cuidados y ejemplo.