Gastronomía

Rivoli

No estaba lleno como de costumbre, pero por suerte tiene su fiel público que no los abandonará pase lo que pase.

  • Pilar Hurtado

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Luego de las inundaciones en Providencia varias calles quedaron afectadas, y algunos restaurantes también. No solo por la entrada del agua, que pudo haber sido mucha o muy poca, sino por el olor, las calles cerradas, la gente con mascarillas y las motobombas chupando el barro. Unos días después, una amiga y yo fuimos a almorzar al Rivoli, solo por el placer de reencontrarnos y recordar que cuando nos graduamos de periodistas mi papá nos invitó a comer allí. No estaba lleno como de costumbre, pero por suerte tiene su fiel público que no los abandonará pase lo que pase. Al entrar, como siempre, tras el mesón, Massimo Funari, el propietario y chef. Esta vez nos recibió y nos contó un poco cómo habían vivido la inundación. Desde que recuerdo, antes de esa cena de graduación, Funari es parte de su Rivoli, siempre allí para supervisar todo. Eso me conmueve por la pasión que significa, son creo más de 25 años. Ya en la mesa, pancito de la casa -tinta de calamar y anís, muy rico- y aceite de oliva. El garzón que nos atendió estaba un poquito impaciente porque demoramos en decidir qué queríamos, mientras él además nos contaba las sugerencias que no están en carta, como el pulpo y la burrata. Mi amiga quería sopa, así que pedimos un minestrone, con garbanzos, lentejas, acelga, zapallo, que nos trajeron en dos platos y estaba muy rico; los garbanzos, como siempre aquí, gigantes y perfectos. También compartimos una burrata, que es un queso fresco como un paquetito, una cosa entre mozzarella y crema, cuyo centro es más líquido, que a mí me gusta mucho. Aquí la sirven con tomates secos sabrosísimos y con un punto de sal perfecto para acompañar este queso. La otra vez hablaba con una colega que decía que no le gustaba tanto la burrata del Rivoli desde que la probó en una calle en un pueblito italiano. Como no he tenido ese placer todavía, no tengo con qué compararla (otra tarea pendiente). De fondo, ambas nos fuimos por la pasta, mientras llegábamos a la mitad de nuestra botella de merlot Los Boldos. Tagliolini con erizos para mi amiga, que se apenó porque encontró chicas las lenguas, si bien la pasta estaba maravillosa. Yo me tenté con los tortelloni de foie gras, cómo no. Lo que sí me pareció, y se lo comenté al chef, es que los dobleces del tortelloni crean unas partes más duras que contrastan con la suavidad del foie que venía en trozos dentro de la pasta; un lujo y un tema que Funari prometió intentar solucionar. Nada que hacer, a pesar de esos pequeños detalles, Rivoli se sigue sosteniendo, y sin duda la presencia de su chef ahí es parte de la receta.

Consumo: todo lo descrito + 1 agua mineral, $63.600.

NOTA: 6.6 / Nueva de Lyon 77, local 11, Providencia. Teléfono 02 2231 7969