Cocina

Mi mesa la comparto (con desconocidos)

La comida invita a compartir. Eso sí, cuando en la mesa no se conoce a nadie podría ser un poco raro, pero en cinco restaurantes nos contaron por qué vale la pena aventurarse en una mesa comunitaria.

  • francisca.colussa

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Una mesa larga, varios comensales, platos apetitosos y un ambiente animado. Todo normal salvo porque los compañeros de asiento son totalmente desconocidos. Una experiencia bastante nueva en Chile pero que en Europa y Estados Unidos comenzó a fines de los 90 para incentivar la generación de vínculos casuales. Casi 20 años después en Argentina es un hit y en Chile el movimiento de mesas compartidas o comunitarias ha crecido y se está transformando en un buen panorama.

“A pesar de la globalización y conectividad, geográficamente vivimos más alejados del resto, lo que tiene relación con que las tendencias llegan ‘más tarde’ acá. Por eso hoy esto de las mesas compartidas se ve como algo interesante, novedoso, y la gente verá si le gusta o no. Si la tendencia se adapta bien y tiene una correlación con la cultura del lugar, naturalmente va a permanecer”, explica Felipe Vergara, coordinador académico de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico.

Eso es lo que ha pasado desde que en 2009 debutara el emporio-restaurante del primer Coquinaria (en el Hotel W) -pionero en invitar a los clientes a compartir su mesa con extraños-. “Cuando estábamos en los planos, diseñando el local y su ambiente, les dije a los arquitectos e interioristas que quería una mesa larga. Todos trataron de convencerme de que era una mala idea, me decían que los chilenos eran tímidos, que nadie se iba a sentar, etcétera. Insistí mucho y de hecho terminé buscándola y comprándola yo (…) Nuestra experiencia es que a pesar de que la gente no la elige si hay mesas disponibles, cuando está lleno y se empieza a llenar la mesa larga, los clientes que no se conocen interactúan por la comida. Es muy linda y mágica la dinámica que se da”, cuenta la dueña de Coquinaria, Alejandra Elgueta.

Coquinaria. Alonso de Córdova 2437. Vitacura / Isidora Goyenechea 3000, Las Condes.
Coquinaria. Alonso de Córdova 2437. Vitacura / Isidora Goyenechea 3000, Las Condes.

Siete años más tarde, El Camino BBQ, Bravo 951, La Maestranza, 99 y Salvador Cocina y Café son algunos de los lugares que han apostado por un formato diseñado para compartir.

Como en casa

“Comer es un acto social que tiene una connotación de lazos afectivos, de la vinculación”, dice la directora de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, Carmen Gutiérrez. Esa misma premisa la comparten varios de los dueños de estos locales. En febrero de este año, Bravo 951 abrió sus puertas con una propuesta de ‘comfort food’ y la autodefinición de ser un lugar como ‘ir a la casa de tus amigos’. “(Quisimos) un lugar donde compartir y conocer gente sea parte de la experiencia. Sentimos que las mesas comunitarias o compartidas no solo permiten grandes celebraciones y grupos de amigos, sino que invitan a que los desconocidos compartan un trago, una conversación acalorada o al menos una sonrisa, y eso nos gusta”, cuenta uno de los socios del restaurante, Diego Salinas.

Bravo 951. Bravo 951, Providencia, 2 2350596.
Bravo 951. Bravo 951, Providencia, 2 2350596.

En estilo tejano, El Camino BBQ apostó por una terraza de mesas compartidas que invita a los comensales a disfrutar de un ambiente informal. “En Texas casi todos los restaurantes de BBQ usan mesa compartida y como queríamos hacer que El Camino fuera lo más parecido a estar allá, decidimos que era algo que debíamos hacer sí o sí. Al principio fue difícil porque era un concepto nuevo, aun así el 95% de nuestros clientes ha tenido una reacción positiva (…) la gente sin conocerse se hacen amigos, compran una botella de vino a medias y hasta rondas de tragos”, comenta la chef y copropietaria Michelle Letelier.

El Camino BBQ. Av. Italia 1034. Providencia, F: 29860765.
El Camino BBQ. Av. Italia 1034. Providencia, F: 29860765.

Sesiones para compartir

Como no todo el mundo se siente cómodo en lugares diseñados con mesas compartidas -aunque todos los restaurantes consultados tienen la opción de mesas ‘propias’-, algunos sitios han sido más cautelosos para instalar este formato, al ofrecer instancias controladas para las mesas comunitarias. Por ejemplo, el ‘99’ dispone de una y solo para el almuerzo. “Se les avisa de antes, entonces ya tienen la disposición y nunca ha habido un problema. Les gusta. (…) El público que va al almuerzo y el que va en la noche es diferente, yo la tengo (a la hora de almuerzo) porque es más rápido y más fácil que se acostumbren; en la noche la comida es más larga, es otra experiencia”, explica el chef y dueño del restaurante, Kurt Schmidt.

99. Dispone de mesa compartida en horario de almuerzo. Andrés de Fuenzalida 99. Providencia, 2 3353327.
99. Dispone de mesa compartida en horario de almuerzo. Andrés de Fuenzalida 99. Providencia, 2 3353327.

También hay algunos como Rolando Ortega -cocinero y dueño de Salvador Cocina y Café-, que crearon jornadas para ‘obligar’ a los comensales a compartir con otros. “Cuando vienen grupos grandes, de 6 por ejemplo, yo les pido o les recomiendo que se sienten separados o de a dos para que puedan interactuar con otras personas, y la mayoría engancha”. El resultado es toda una experiencia. Hace tres años surgieron lo que llama ‘cenas’, dinámica que se realiza una vez al mes, en la que Rolando participa de la mesa, lleva los platos y conversa con los clientes. “Es una instancia más íntima, mucho más tranquila que a la hora de almuerzo, que es un caos; es algo para compartir, para hacer un tipo de comida no más preocupada, pero con un nivel de técnica un poco más preciso. Este concepto siempre es con mesa compartida, y la verdad es que ha funcionado y vale la pena. La gente se va superfeliz, generalmente cuando sale el último plato aplauden”.

Salvador Cocina y Café. Las cenas son el último jueves de cada mes. Se reserva con anticipación (cupo máximo para 30 personas). Cuesta $35.000 p/p e incluye 10 platos de comida que los comensales desconocen, el vino (1 botella por persona), postre y bajativo (gin tonic). Bombero Adolfo Ossa 1059, Santiago, 2 2673 0619.
Salvador Cocina y Café.
Las cenas son el último jueves de cada mes. Se reserva con anticipación (cupo máximo para 30 personas). Cuesta $35.000 p/p e incluye 10 platos de comida que los comensales desconocen, el vino (1 botella por persona), postre y bajativo (gin tonic). Bombero Adolfo Ossa 1059, Santiago, 2 2673 0619.

¿Chilenos tímidos?


“Al principio sí, (los clientes) están un poco más reticentes, pero cuando las botellas de vino están puestas sobre la mesa y se las tienes que pedir a alguien, se empiezan a soltar más… con dos copas de vino somos todos argentinos, hasta el más tímido se pone a conversar. Aquí han salido pichangas, asados, divorcios, matrimonios, romances, ¡de todo! Y funciona superbién. Obviamente toda la gente que viene sabe que es mesa compartida, entonces sabe a lo que viene: a comer y a ‘hueviar’. Cuando veo que la gente está pasándolo bien comiendo y tomando, hablando fuerte digo ‘la hicimos’”, cuenta Rolando Ortega.