Belleza

Al mal tiempo, buena cara…¡y cabello!

Algunas creen que la época donde sí o sí la piel y el cabello necesitan de un cuidado extra es en verano. Bueno, eso en parte es cierto. Pero es ahora, cuando las temperaturas bajan, el momento en que se requiere una rutina especial que contrarreste los daños que causa el frío y la contaminación. Sin excusas, ¡manos a la obra!

  • constanza.espinoza

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El principal daño que sufre la piel, y también el cabello, durante el invierno es la deshidratación. “El viento, las bajas temperaturas y la calefacción provocan resequedad de la piel, falta de flexibilidad y molestias, sensación de tirantez y rojez en zonas expuestas al ambiente”, explica la doctora Michelle Robles, dermatóloga de Clínica Indisa. Hay regiones de nuestro cuerpo que por sus propias características y también porque son las más expuestas (manos, rostro y cuero cabelludo) sufren un poquito más. “La zona de las mejillas y la región preauricular son bastante finas y poseen muy poca hipodermis”, explica la cosmetóloga y directora del centro Medsthetik Mónica Böhmer. “Son ellas las que acusan daños invernales como capilares dilatados (couperosis), envejecimiento prematuro y sequedad. Además, los labios sufren un alto nivel de deshidratación con el clima frío y el viento”, complementa. Y el cabello tampoco se salva. “Todos los factores invernales lo afectan de forma negativa dañando el estado de su capa más externa -la cutícula-, deteriorando su aspecto en general”, cuenta Rocío Oyarce, estilista de Peluquería y Barbería Condell.

Factor piel

“Las pieles secas y también las personas con dermatitis atópica o rosácea son las que más sufren en estos meses”, dice la doctora Michelle Robles. Los cambios de temperatura debilitan la dermis, la contaminación ambiental se adhiere a la piel y obstruye los poros, la calefacción y las duchas más calientes contribuyen a su deshidratación y el frío provoca contracción de los vasos sanguíneos, reduciendo el aporte nutritivo, lo que se traduce en sensibilidad e irritación. “Exfoliar, hidratar y reafirmar la piel son la rutina diaria-semanal durante los meses de invierno”, afirma Mónica Böhmer. Aquí detallamos cada paso a seguir:

Rutina diaria para el rostro:

1. Limpiar y aplicar un tónico suave.

2. Utilizar contorno de ojos en la zona de las ojeras, ya que es el área más delgada, seca, con muy poco colágeno y elastina del rostro. La forma correcta de aplicación es hacerlo con la yema del dedo anular, esparciendo suavemente el producto por la ojera -desplazándose desde el lagrimal en dirección hacia la oreja- y nunca, pero nunca dar golpecitos, debido a la delicadeza característica de esta región.

3. Aplicar serum, presionando con la yema de los dedos, para dar vitalidad a las células y aumentar las horas de hidratación y nutrición de la piel.

4. Para el día utilizar crema hidratante y en la noche aplicar una nutritiva. Y si se quiere evitar la deshidratación de la piel, hay que cuidarse de los cambios bruscos de temperatura.

5. No olvidar la protección solar, ya que el sol afecta en invierno en los días nublados y fríos.

Ten en cuenta

No hay que abusar de la exfoliación, ya que la piel está muy vulnerable con los cambios de temperatura. Lo ideal es realizarla una vez a la semana, aunque esto dependerá de cada tipo de piel. Por lo general, los cutis más grasos requieren dos exfoliaciones semanales. También se recomienda aplicar una mascarilla nutritiva una vez por semana para un cutis más radiante.

Las mascarillas invernales para el rostro deben aplicarse una vez a la semana. La cosmetóloga Mónica Böhmer propone una de avena casera para todo tipo de piel: un huevo batido, una cucharada de miel y una de avena, mezclar todos los ingredientes, limpiar la piel, aplicar la mascarilla y dejar actuar veinte minutos. Limpiar con agua tibia y humectar el cutis.

Cabellera sana

El invierno tampoco es amigable con nuestros cabellos. La exposición al viento, además de estropear cualquier peinado favoreciendo la aparición de nudos y enredos, es una especie de secador de pelo permanente que abre la cutícula y reseca el cabello en exceso, debido a que arrastra polvos microscópicos que lo ensucian y ‘electrizan’. “El aire frío y seco causa también que la cutícula se levante, lo que produce una menor dilatación de los vasos sanguíneos del cuero cabelludo, que son los que transmiten al resto del cabello los nutrientes que este necesita para lucir en buenas condiciones”, cuenta Rocío Oyarce, estilista de Peluquería y Barbería Condell. “Debido a este menor aporte el cabello se reseca y aumenta el riesgo de que aparezca enrojecimiento y descamación en el cuero cabelludo”, advierte. Y esto no es todo. El exceso de humedad provoca el incómodo encrespamiento y aumento de volumen; mientras que la calefacción se considera uno de los factores que más dañan la estructura capilar, volviéndola más porosa, áspera al tacto y ‘robándole’ el brillo.

Rutina para el cabello:

1. Desenredar el cabello seco y en la ducha peinarlo, con ayuda de un acondicionador o mascarilla, suavemente con los dedos. El pelo húmedo es más vulnerable al daño y la cutícula puede estropearse con el uso de un cepillo.

2. Lavar el cabello dos o tres veces a la semana. Lo ideal es hacerlo con agua tibia, dando un último enjuague con agua fría para sellar la cutícula y lograr un pelo brillante y fuerte. “Se puede enriquecer el acondicionador agregando miel o unas gotas de aceite de oliva, almendras o coco para potenciar así su efecto”, recomienda Rocío Oyarce.

3. Cada 15 días o una vez al mes se aconseja usar un champú clarificante purificador (sin sodio) que barra a fondo los residuos que puede dejar la contaminación, la que hace que el pelo pierda su brillo y deje de absorber la hidratación y nutrición que necesita.

4. Secado: envolver el pelo en la toalla para que esta absorba la humedad, ¡nunca refregarlo! Esto hará que las puntas se abran y solo lo dañaremos. “Sabemos que en invierno no debemos salir con el cabello mojado. Podemos utilizar el secador para quitarle humedad, pero antes hay que aplicar un producto termoprotector. Mantener el secador a una distancia mínima de 20 cm, evitando que el aire sea muy caliente; tratar de estar siempre cambiando la posición del secador para que el calor no sea constante en la misma área, y finalmente terminar el secado con aire frío para cerrar la cutícula.

Ten en cuenta que si el cabello está muy deshidratado se debe aplicar algún aceite a la hora de ir a dormir el día antes de lavarlo. Y lo más importante: recurre un corte cada 2 o 3 meses para eliminar las puntas partidas.