Vida Sana

Gokhale: La postura que sana

En nuestra sociedad el 80% de las personas reconoce haber sentido algún tipo de dolor de espalda, cuello u hombros. La autora de este artículo se incluye dentro de ese porcentaje y por lo mismo decidió asistir a sesiones del método Gokhale. Según esta terapia, el cuerpo sufre porque abandonamos nuestra postura corporal original. ¿Se puede volver a ella? Eso fuimos a descubrir con la kinesióloga Josefina Kutcher, quien dicta este curso en Santiago.

  • alejandra.villalobos

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Fotos Nicolás Abalo

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Hace un tiempo me hablaron acerca de una especialista que enseñaba técnicas para volver a la postura corporal ‘original’, a esa de nuestros antepasados, y con la que nacemos, pero que por algún motivo deformamos en el camino y la consecuencia son dolores lumbares. El método se llama Gokhale y tuve la oportunidad de probarlo.

Mi historial ‘lumbar’ no es muy alentador. A los 20 años tuve una hernia entre las vértebras L4 y L5. No me operé, pero tuve que ir a tratamiento con kinesiólogo durante varios meses. En la etapa universitaria los dolores de espalda cada vez se hicieron más frecuentes y para qué hablar del cuello: tieso semana por medio. Durante los años posteriores pasó lo mismo, cada cierto tiempo mi espalda me mandaba una señal de que algo no andaba bien. Y en los últimos 5 años he pasado por tratamientos con quiroprácticos, traumatólogos y kinesiólogos, y aunque después de hacerlos efectivamente me siento mejor, siempre vuelve algún dolor.

400-1Este método fue creado por una bióloga estadounidense llamada Esther Gokhale, quien durante su primer embarazo sufrió dolores lumbares que la dejaron incapacitada por algún tiempo. Se operó, pero los dolores permanecieron. Algo no le calzaba, por eso decidió investigar qué había tras estos constantes malestares. Estudiando, descubrió que algunas personas nunca sufrían estos problemas: nuestros ancestros, las guaguas y ciertas tribus. Decidió hacer sus maletas e ir a observar a estas personas, comenzando así su cruzada de una vida sin dolor de espalda. Durante una década recorrió países como Brasil, India y Portugal, y constató que en esas culturas ciertos grupos humanos no sufren los dolores que comúnmente experimenta el 80% de la población adulta de sociedades industrializadas como la nuestra: dolores de espalda, cuello, rodillas, hombros, etc. La pregunta era obvia, ¿qué hacían ellos bien que nosotros no? Gokhale descubrió que ellos sabían cómo moverse con la correcta postura del cuerpo y con esto lo fortalecían en vez de desgastarlo como nosotros. ¿Cómo volver, entonces, a esa postura originaria?

Josefina Kutcher, la única persona en Latinoamérica que imparte este curso, nos ofreció descubrirlo experimentando la terapia.

Por una espalda sin dolor

400Josefina descubrió el método hace dos años por un artículo que escribió un ingeniero chileno que conoció e hizo el curso con Esther Gokhale en Estados Unidos. Como es kinesióloga, ha tenido muchos pacientes con problemas lumbares, con hernias y otras dolencias, y siempre le había llamado la atención que a pesar de los tratamientos, muchos de ellos recaían. Le encontró tanto sentido a lo que planteaba Esther que decidió ir a Estados Unidos a estudiar y a capacitarse como profesora. Trajo la franquicia para acá y hoy tiene su estudio en Santiago.

Cuando la vi, lo primero que me llamó atención fue la arquitectura de su cuerpo y la armonía con la que caminaba, se agachaba o hacía cualquier movimiento. Su tronco estaba completamente recto y parecía totalmente independiente de sus caderas y piernas. Me invitó a sentarme en una silla con un televisor al frente. Al costado derecho, una pared de espejos me mostraba de cuerpo entero. Una vez sentada de manera ‘cómoda’ y ‘normal’ para mí, miré el espejo de reojo y me di cuenta de mi triste realidad: hombros y pelvis hacia adentro y espalda totalmente encorvada. Mientras Josefina instalaba el computador para empezar la clase, traté de sentarme ‘derecha’ (saqué pecho y moví los hombros hacia atrás) para no desentonar tanto, pero a los pocos segundos volví a mi otra posición sin darme cuenta. Josefina empezó la clase mostrándome fotos de diferentes personas, todas con una postura corporal parecida a la mía. Y después me mostró unas fotos de esculturas antiguas, de guaguas, de tribus y de personas de pequeños pueblitos del mundo, y todos con una postura impecable (espalda recta, cuello estirado, cola levantada). “El cuerpo está diseñado para vivir 100 años sin problemas”, me dijo. El problema es que a nosotros, los miembros de las sociedades industrializadas, nos moldean inconscientemente desde chiquititos para tener esta mala postura. Desde la forma en que nos acuestan a la manera en que nos toman en brazos, todo influye y va haciendo que el cuerpo vaya tomando esa forma de ‘huevito’: con el cuello hacia adelante, los hombros hacia adentro, la espalda encorvada y la pelvis metida. Entonces, me explicó, la idea de estas clases es aprender técnicas que nos ayuden a usar cada parte del cuerpo correctamente.

Lo primero que aprendí es a sentarme. Para eso, me advirtió que lo fundamental es la pelvis. “Cuando tienes una buena postura de la pelvis, lo otro se sostiene sobre una buena base. Es como construir un edificio. Para que quede recto requiere una base plana, así no necesitarás de ningún cable para afirmarlo”. Es por eso que cuando no está bien posicionada, o se tensa para estar derecha o se encorva para estar relajada. Y obviamente todos preferimos estar relajados, pero ninguna de las dos es correcta. La pelvis tiene que estar en anteversión (para graficarlo, hay que ‘levantar la cola’, pero cuidando de no quebrar la columna y hacer una hiperlordosis). Después, una vez que la pelvis está apoyada correctamente, la columna debe estirarse. Para eso Josefina me enseñó a ‘colgarme’ de la silla y dejarla elongada y recta. Luego, hundir las costillas para que no se curve la espalda hacia afuera, y los hombros me los puso en posición neutral, es decir, “ni tensos ni hacia afuera”. Y, finalmente, el cuello se estira como si desde arriba alguien lo estuviera tirando. ¡Voilà! Me miro al espejo y el cambio era impresionante. Y, además, para mi sorpresa, muy cómodo.

Ese mismo día me enseñó también una técnica para elongar la columna estando acostada, y la clase siguiente otra para dormir de lado. También aprendí que para pararme correctamente todo está conectado, desde la postura de los pies hasta el cuello; que para caminar nuestro motor son los glúteos, y que hay un punto específico (L5 – S1) para quebrar la columna para que quede recta y la pelvis hacia afuera sin hacer hiperlordosis.

Así transcurrieron seis sesiones teórico-prácticas, entendiendo y aprendiendo diferentes técnicas para moldear nuevamente mi estructura corporal. Debo reconocer que me volví un poco obsesiva mirando las posturas de la gente (Josefina me advirtió que eso pasaría), pero también reconozco que muchas veces me he pillado cometiendo las mismas malas prácticas, pero como me dijo la especialista, esto depende de mí. “Yo te enseño todas las herramientas, pero eres tú la que tiene que hacer el cambio”. Y en eso estoy.