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Familia ensamblada

Un ensamble es una obra para un grupo de solistas, que pueden mezclar instrumentos musicales de diferentes características, y también describe el grado de coherencia en una ejecución musical.

  • Carolina Pulido

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400Los niños de la edad de mi hija son, en un gran porcentaje, hijos únicos. Muchos tienen madre y padre por separado, y otros tantos tienen medios hermanos y hermanastros. Algunos no conocieron a su padre y unos cuantos viven la mitad del tiempo con uno y la otra mitad con otro. Por supuesto, siguen siendo muchos los niños que tienen una familia, digamos, funcional (aun cuando en bastantes casos sus padres jamás se casaron), pero podemos convenir que cada día son menos. Y podríamos convenir también en que el término ‘disfuncional’ para referirse a esas otras familias es, por lo menos, políticamente incorrecto. Debería pasar a la categoría de palabras socialmente reprochables, como inválido, marica o negro. Según la RAE, disfunción es un desarreglo en el funcionamiento de alguna cosa. Y la verdad es que hoy, estando como están las cifras de divorcios, es más raro nacer en una familia tradicional que en una de las otras.

Aunque si hablamos de cifras, esta es lejos la más asombrosa: el 70,7% de los niños que nacieron en Chile en 2013 provenían de parejas que no estaban casadas. En solo 25 años el cambio ha sido elocuente, tomando en cuenta que en 1990 la estadística era 34,3%, según el Registro Civil, y en 1960 sólo representaban el 15,9% de los nacimientos. El alza tiene todo que ver con la Ley de Filiación de 1998, que terminó con la figura del hijo ilegítimo y con niños que al nacer fuera del matrimonio eran ciudadanos de segunda clase, pero también con la Ley de Divorcio, que impulsó la opción de rehacer tu vida junto a otra persona. Con esto en cuenta, es fácil deducir que buena parte de ese 70,7% corresponde a niños de segundas uniones que muchas no se casaron.

Y ellos son los protagonistas de la nueva familia chilena. La familia ensamblada, que incluye a las segundas parejas de viudos, de divorciados y de madres solteras. Y a los hijos de estos, claro. Stepfathers of America, una organización que agrupa en Estados Unidos a segundas parejas con hijos, calcula que dentro de 10 años esta será la forma más común de organización familiar en EE.UU. Y esto supone un salto cuántico que da la impresión de que no está siendo asimilado del todo por el sistema. Sobre todo si consideramos que el modelo que está presente en la educación, en los medios y en el imaginario colectivo sigue siendo la familia nuclear. Hasta hace poco las familias ensambladas ni siquiera tenían un término en español socialmente conocido y aceptado para señalarlas. Estaban invisibilizadas.

El término, que ni yo misma conocía antes de investigar este tema, se lo debemos a la psicóloga argentina María Silvia Dameno, que para crearlo se inspiró en la música: un ensamble es una obra para un grupo de solistas, que pueden mezclar instrumentos musicales de diferentes características, y también describe el grado de coherencia en una ejecución musical.

Así que bien podemos decir que hay familias ensambladas más ensambladas que otras. O mejor. Y podemos decir también que lanzarse en una de esas hazañas no debe ser cosa sencilla. O tal vez sí. Por algo hay tantos modelos de estos que funcionan. Me pregunto si el hecho de firmar un papel y cambiar tu estado civil tendrá algo que ver con el fracaso del matrimonio. Porque de eso estamos hablando finalmente. En Chile, en 2013, los divorcios superaron en 19% el número de matrimonios celebrados. Y la cifra debería elevarse con el Acuerdo de Vida en Pareja.

Ya es hora, ¿no? Basta de estereotipos. La caricatura del padrastro, la madrastra y todo el parentesco terminado en astro deben desaparecer, porque se asocian a vínculos lejanos y tóxicos, y porque la figura del padre o la madre postizos son genuinamente relevantes afectivamente para muchos, muchísimos niños.

Habría que partir por cambiar el final de los cuentos de hadas.