Vida Sana

¿Es normal sentir más apetito en invierno?

Hay que sincerarse y admitir que en esta época, en lugar de un jugo natural, provoca más un café caliente con crema, quizás mucha crema. Algo pasa cuando baja la temperatura que nos hace comer más y buscar justamente los alimentos que atraen kilos extra que después son un problema cuando se acerca el verano. Quisimos saber si el frío es una excusa o si influye de verdad en el cambio de hábitos de alimentación

  • Macarena Anrique

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Imagen_350Que cuando hace frío aparecen las ganas de comer cosas más ‘contundentes’. Que en esta época hay menos variedad de verduras frescas. O que con las bajas temperaturas resulta mejor estar en la casa, donde siempre puede estar a la mano un chocolate o un plato tibio. Parecen excusas para tentarse y dejar de lado la alimentación equilibrada, pero hay argumentos que justifican de algún modo el cambio de hábitos de esta época. El doctor Jean Baptiste Camousseigt, nutriólogo de la Clínica Dávila, comenta que, según se ha visto en estudios, principalmente en países con latitudes parecidas a la de Chile, las personas consumen más calorías en invierno. “Los hombres comen más cantidad de alimentos y las mujeres eligen los que tienen mayor densidad calórica, es decir, aquellos con más grasa y azúcar”, especifica el médico. ¿La razón? No hay causas claramente definidas aunque, cuando hace frío, se sabe que el cuerpo ocupa más energía porque el organismo necesita mantener una temperatura que ronde 37 °C para efectuar sus procesos. “Cuando hay pérdida de ese calor, el sistema necesita generarlo y lo obtiene de los alimentos”, dice el doctor Camousseigt. Sin embargo, él aclara que todo eso es si uno estuviera desnudo a la intemperie, pero estamos calefaccionados y tenemos ropa de abrigo.

Ana Palacio, nutricionista del Centro de Tratamiento de la Obesidad de la Red de Salud UC Christus, explica que cuando hace frío puede aumentar el metabolismo basal, se queman más calorías, pero no significativamente como para llegar a la necesidad de consumir muchas más. “De igual modo, uno las aumenta ligeramente y es como que el cuerpo lo pide”, dice Palacio.

Marcela Cosentino, nutricionista de Clínica Santa María, dice que de manera inconsciente queremos comer aquello que acelere el metabolismo, porque así tendemos a sentir más calor, ya que los músculos queman más energía. En este grupo están los alimentos ricos en vitamina B, por ejemplo, carnes blancas y rojas, pan, legumbres, lácteos, espinaca y brócoli. “Estos optimizan el metabolismo y así regulan la temperatura corporal”, asegura la especialista.

En invierno, con los ambientes oscuros y el frío, pareciera que cambia el ánimo y surgen cambios de conducta, como el mayor deseo de comer. El siquiatra Rodrigo Correa, director del centro médico Psicoestasis, explica que muchas veces la reducción del ánimo en otoño e invierno puede deberse a lo que se conoce como depresión estacional, cuya causa no se sabe con precisión, pero tiene relación con las diferencias de luminosidad sobre la retina de los ojos. “Esta estructura es parte de nuestro sistema nervioso central y se ha demostrado que está involucrada en la estimulación de sustancias como melatonina e, indirectamente, de serotonina, neurotransmisores que miden la fisiología de nuestro sueño y ánimo, respectivamente”.

La sicóloga Valeria Francesetti, quien trabaja en el Centro de Tratamiento de la Obesidad de la Red de Salud UC Christus, resume la relación así: “Cuando hay menos luz se secreta más hormona melatonina, la que genera una baja en la temperatura corporal y además merma la serotonina, que es un neurotransmisor regulador del ánimo, así como de la sensación de placer y bienestar”.

Entonces, según explica el doctor Camousseigt, se tiende a buscar alimentos que intervengan en la síntesis de estos neurotransmisores actuando con ‘algún efecto antidepresivo’, porque se liberan más serotoninas, como es el caso de los azúcares.

Pablo Olguín, siquiatra del Programa Vivir Liviano de la Clínica Alemana, especifica: “Los carbohidratos dulces aumentan la cantidad de triptófanos, un aminoácido que incide en la síntesis de serotonina, y eso produciría una mejora en los niveles de este neurotransmisor. En algunos artículos eso se ha llamado teoría de la automedicación con comida de los estados anímicos”.

Sugerencias para no desordenarse


Sabiendo que las ganas de comer más calentito y contundente en otoño e invierno son normales, no hay que aprovecharse ni exagerar. “La sensación de placer en el cerebro dura máximo hasta el segundo bocado”, dice Valeria Francesetti. Pero si no hay fuerza de voluntad, se puede ser práctico y hacer lo que recomienda Giselle Muñoz, nutricionista de Clínica Las Condes, esto es, consultar con un especialista cuánto se puede comer de acuerdo al estado nutricional y tipo de actividad física particular.

Tampoco hay que privarse, sino elegir bien. Marcela Cosentino ejemplifica con el chocolate, tan deseado en invierno: “Si vamos a comerlo, se puede pero mejor con una barra que tenga 65% o 70% de cacao. También vale disfrutarlo con leche descremada”.

Como las ensaladas pueden dar frío, los vegetales mejor consumirlos en tortillas, guisos y sopas. Cosentino recomienda tibios consomés preparados con el agua de cocción de las verduras, agregando claras de huevo como aporte de proteínas. La nutricionista explica que estos alimentos que se sirven calientes temperan el cuerpo y entregan mayor saciedad. Ana Palacio concuerda y agrega otra cualidad de los alimentos cálidos, y es que contribuyen a la absorción de nutrientes. “De algún modo ayudan a la digestión, porque se rompen estructuras y van dejando las moléculas en un estado más simple, facilitando la absorción”, comenta.

Claro que se aconseja una mínima cocción para que no se pierdan las vitaminas y minerales, según advierte Katherine Larraguibel, nutricionista y directora de Clínica DYET, quien aporta, respecto de las sopas, que junto con saciar son nutritivas y suman pocas calorías si se preparan sin aceite.

Lo bueno de tomar sopas en invierno