Columnas

Ser feminista es sexi

No sé si usted lo ha notado, querida lectora, pero todo indica que este 2016 es un año clave para nosotras. Hay señales alentadoras que hacen pensar que la cuestión de género cobra relevancia.

  • Carolina Pulido

Compartir vía email

400
Consuelo Astorga

No sé desde cuándo soy feminista. Fui educada de igual forma que mi hermano, por lo que nunca me sentí inferior. Mi encuentro con el machismo y la sociedad patriarcal vino después. Lo viví en carne propia cuando entré en la etapa adolescente del coqueteo, en la relación con el sexo opuesto, cuando aprendí que las mujeres no debíamos tomar la iniciativa y jamás mostrar inquietud, interés ni excitación. Los hombres las prefieren difíciles, era la consigna. Intenté rebelarme un par de veces, pero no tardé en notar que la treta funcionaba a la perfección para mantener al varón interesado. Así que memoricé mi papel al pie de la letra. Supongo que así fue para todas.

Ya estaba en el mundo laboral cuando pude observar lo que antes había leído acerca de las desigualdades. Que nuestro trabajo sencillamente vale menos para los empleadores. La frase no es mía sino de un medio de comunicación que tituló la semana pasada con ella, haciendo referencia a un estudio que indagó en las posibles explicaciones para la brecha salarial entre hombres y mujeres, que se mantiene en un 26% sin importar que los años de estudio y la experiencia sean hoy equivalentes entre ambos sexos. Y como ya sabemos, esto se traduce también en el menosprecio de todo lo femenino a nivel laboral. Hoy es sutil, porque ya no están los tiempos para descalificaciones abiertas, pero nunca ha dejado de existir esa molestia masculina ante el avance de nuestro género en su territorio. Así que aprendí, aprendimos, a convivir con la hostilidad. A ser racionales, duras, a mostrarnos seguras, a ocultar nuestra maternidad, o al menos a no sacarla a colación muy seguido. A interpretar un papel, nuevamente, para estar a la altura. Qué cansador. Y pensar que la cosa se pone peor cuando llegan los hijos, que es cuando el machismo aflora también dentro del matrimonio y nos preguntamos por qué nadie nos advirtió que la vida adulta sería tan difícil.

Para mí las injusticias siempre fueron evidentes y he pasado por varias épocas de pasión por la causa, defendiendo acaloradamente los ideales feministas. Pero hasta eso me han pedido que modere. Cae mal, me han dicho. Las feministas no gustan. Son poco sexis. Se ponen densas. Amargadas. Así que a ratos me gobierno. Y pongo en práctica la sonrisa simpática, despreocupada, liviana. Hay que saber vivir, decía mi padre cuando olfateaba mi espíritu oposicionista. Pero basta un nuevo caso de femicidio para que la ira me posea y me enoje con el mundo. Debe ser un asunto de ADN.

La buena noticia es que no todo está perdido para nuestras hijas. No sé si usted lo ha notado, querida lectora, pero todo indica que este 2016 es un año clave para nosotras. Hay señales alentadoras que hacen pensar que la cuestión de género cobra relevancia. Lo habrá advertido el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, cuando por primera vez la causa por la igualdad fue abrazada masivamente en redes sociales y medios de comunicación. Días después, una portada de La Cuarta sacó ronchas entre hombres y mujeres al titular con el brutal crimen de una joven en manos de su expareja. “El amor y los celos la mataron”, decía la publicación. La indignación creció en Twitter hasta que el hashtag #LaCuartaFemicida alcanzó el número 1. Poco después vino el hoy famoso discurso del diputado Boric en el Parlamento, cuando llamó a todo el mundo a luchar por la dignidad de las mujeres. Aplauso cerrado y lágrimas de emoción por doquier.

Pareciera que ser feminista ya no es tan poco sexi como antes. Pareciera que se ha puesto de moda, y eso no puede más que alegrarnos. Actrices de Hollywood denuncian sueldos desiguales en la industria y Juliette Binoche lanza su propia productora feminista sin fines de lucro. Sumémosle el inspirador discurso de Kate Winslet en los premios Bafta, recordando las palabras de un misógino profesor suyo: “Te va a ir bien si sabes conformarte con papeles de chica gorda”, le dijo. ¡Mírenme ahora! gritó ella emocionada desde el podio.

Sí. Hay esperanza para nuestras hijas. Para nosotras se podría decir que pasó la vieja… pero al menos ya no tenemos que pedir perdón por pensar como pensamos.