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[Columna] Guatita de delantal

El sistema de salud está lleno de funcionarios, partiendo por los doctores, que se sienten con el derecho de opinar y decidir sobre nuestra forma de parir y criar.

  • Carolina Pulido

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400La primera vez que escuché hablar del movimiento Ley Guatita de Delantal me dio risa. Me pareció una tontera en realidad, pero luego lo pensé mejor. ¿Sabes de qué hablo? Se le llama así, “estómago de delantal”, a la grasa sobresaliente que se acumula en el bajo abdomen de algunas mujeres que han sido madres, como consecuencia del corte de ligamentos y la fatiga del músculo, dejando una piel que se convierte, literalmente, en colgajo. No puede reducirse con dietas ni ejercicios sino solo con intervención quirúrgica. Y hay un movimiento que está peleando por llevar este trastorno al Plan Auge, para ayudar a todas esas mujeres (dicen que son cerca de 256 mil) a recuperar su autoestima y su vida íntima.

Dignidad es la palabra clave. Pensé en ella y todo lo anterior cobró sentido. Pensé en mi parto, en mi embarazo, en mi guata, en mis congéneres menos pudientes. Pensé en la vida de pareja después de la maternidad, en la vida personal, social y profesional después de la maternidad. Y pensé en cómo se minimiza todo este sacrificio. Se ha naturalizado tanto la metamorfosis femenina, ese tránsito por las áreas más animalescas de la vida, que se olvida que detrás de aquello habemos seres cerebrales insertos en un mundo cada vez más desconectado del cuerpo en su dimensión primitiva… el cuerpo como vasija que lleva la vida adentro y que llegado el momento logra expulsarla gracias a una catarsis hormonal, emocional y existencial de la madre, y que luego es capaz, el mismo cuerpo, de alimentar esa vida hasta que sea autopoiética.

Nunca dejará de parecerme fascinante que seamos capaces de esto y que a la vez al resto del mundo no parezca asombrarle. Que no se enaltezca el sacrificio al que estamos predestinadas y del cual depende la preservación de la especie, nada menos. Ja, siempre he pensado que si este mundo estuviera liderado por mujeres ya habríamos inventado la gestación al estilo Un Mundo Feliz, esa escalofriante novela de Aldous Huxley que plantea una sociedad aparentemente perfecta, sin guerras, enfermedad ni pobreza y donde los seres humanos son creados y condicionados para el lugar que ocuparán en ella. Entre otras cosas, esta sociedad imaginaria considera repugnante el parto y la maternidad tal como los conocemos, así que la fecundación, desarrollo fetal, nacimiento y lactancia son, en la distopía de Huxley, asunto de laboratorio. Recuerdo que no me pareció tan descabellado cuando lo leí. Claro, no había sido madre e ignoraba lo fundamentales que somos para esas criaturas en proceso de evolución (en lo emocional, claro, porque ya sabemos que la tecnología puede reemplazarnos en lo demás).

Sí, nuestro sacrificio se ha naturalizado. El sistema de salud está lleno de funcionarios, partiendo por los doctores, que se sienten con el derecho de opinar y decidir sobre nuestra forma de parir y criar. De pronto recordé a esa joven madre que fue separada de su hija recién nacida por semanas ya que afirmó haber consumido marihuana en un absurdo cuestionario ‘de rigor’ del hospital. Qué misoginia más brutal. Y para qué vamos a hablar del sistema laboral y de ese insolente argumento para justificar nuestro sueldo, un tercio más bajo que el de los hombres: la maternidad hace más caras a las mujeres, dicen. Como si los hijos no fueran también de los hombres.

El movimiento Ley Guatita de Delantal da risa. Parece una nimiedad. Gente preocupada por la apariencia que quiere burlar el sistema de salud en pos de su vanidad. Pero no lo es. Dignidad es la palabra clave.