Moda

Moda y cuentos de hadas, una historia con final feliz

Cada vez más creativas e imaginativas, las exposiciones de moda buscan las fuentes de inspiración más diversas. La que presenta el Fashion Institute of Technology, en Nueva York, examina la importancia simbólica del atuendo en los cuentos de los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen o Charles Perrault y su influencia sobre diseñadores del siglo XXI.

  • Florencia Sanudo

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Fotos ©Museum at FIT

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Había que pensarlo, pero cuando se observa atentamente las alusiones a la moda en los cuentos infantiles tradicionales no son solo evidentes sino recurrentes. Los zapatos de cristal de Cenicienta, el gato y sus botas extraordinarias, el traje invisible del emperador, la capa de Caperucita Roja… en todos ellos, y en muchos otros, los atuendos suelen simbolizar vanidad, poder, privilegios y, a menudo, la transformación de sus personajes.

En efecto, una Cenicienta harapienta jamás habría causado sensación en el baile y un zapato banal nunca habría obsesionado al príncipe como el delicado calzado de cristal que ella perdió en las escalinatas del palacio. En El Gato con Botas, el rey le ofrece ropas exquisitas al hijo del molinero cuando cree que se trata de un marqués a quien se las habían robado. Una vez correctamente vestido, el joven conquista a la princesa y se casa con ella. La importancia de este aspecto no escapó a Coleen Hall, curadora de la muestra: “A pesar de que la ropa tiene a menudo un lugar importante en los cuentos infantiles, hasta ahora nunca ha sido explorada de manera académica”, dice. De allí la exposición Fairy Tale Fashion, que examina la historia, significado y simbolismo de los cuentos clásicos a través del lente de la alta costura.

Entre las prendas exhibidas figuran creaciones de Tom Ford, Mary Katrantzou, Marchesa, Alexander McQueen, Rick Owens, Prada, Rodarte y Walter Van Beirendonck. En su mayor parte, las piezas seleccionadas no tuvieron un cuento como fuente de inspiración, pero cada una ilustra y refleja de alguna manera esas historias implantadas en nuestra memoria colectiva.

Bosques, castillos, mares y mundos imaginarios

Con fines de claridad, la muestra se concentra en catorce cuentos clásicos presentados en cuatro decorados: bosque, castillo, mar y mundos paralelos. En el primero, en el que se desarrollan las historias de Caperucita Roja, Blancanieves, Las Hadas y Rapunzel, se exhiben distintas variaciones de la famosa capa roja: la más antigua, del siglo XVIII; la más nueva, de 2014, una creación original de Comme des Garçons. Entre los vestidos puede verse uno en terciopelo verde y bordados color cobre que asemejan la larga cascada de pelo de Rapunzel, de Alexander McQueen.

Alrededor del castillo se agrupan imágenes que aluden a las historias de Cenicienta, La Bella y la Bestia, La Bella Durmiente y La Reina de las Nieves, esta última representada por una opulenta capa de piel de J. Mendel, mientras que los zapatos de Cenicienta están ejemplificados por un espectacular modelo en acrílico en 3D de Noritaka Tatehana. Con el mar como fondo, un modelo de 1987 de Thierry Mugler en tela metálica y otro de 2015 de Rodarte, bordado con perlas, lentejuelas y cristales Swarovski, evocan la silueta de La Sirenita de Hans Christian Andersen. Por último, la muestra destaca dos historias que tienen lugar en mundos paralelos, Alicia en el País de las Maravillas y el Mago de Oz. Si bien en Alicia no hay prácticamente referencias a la ropa, su original estética ha influido en la moda. En esta ocasión está representada por una creación de Manish Arora que evoca a la Reina de Corazones. En cambio, El Mago de Oz hace numerosas referencias a la moda, comenzando por el vestido-delantal de Dorothy (diseñado por Adrian, uno de los más célebres vestuaristas de Hollywood en los años 40) y los icónicos zapatos rojos recreados por Christian Louboutin.

La ropa juega un rol crucial en los cuentos de hadas, determinan el estatus, la fortuna o la vanidad de ciertos personajes y también simbolizan su transformación (de pobre a rico, de frágil a fuerte, etc.). En efecto, mientras que los cuentos infantiles brindan muy poca información más allá de la necesaria para el argumento, la ropa y accesorios a menudo se describen vívidamente a fin de contribuir a la sensación de asombro, integral a este género. El zapato de Cenicienta es quizás el ejemplo más célebre, pero es solo una de las piezas emblemáticas que pueblan estas historias.

La importancia de la ropa ‘correcta’

Gran parte de los cuentos infantiles tradicionales que se cuentan y leen aún en nuestros días fueron obra de los hermanos alemanes Wilhem y Jacob Grimm y del danés Hans Christian Andersen, autores del siglo XIX. Cabe señalar que, en muchos casos, lo que estos hicieron fue poner viejas leyendas al gusto del día rematándolas con una caución moral destinada a mantener a los niños en buen camino.
Caperucita Roja, quizás el cuento más célebre de los Grimm, fue publicado en 1812. Además de que el personaje principal está definido por su vestimenta (su capa roja), la ropa también tiene un papel fundamental en el momento más dramático del cuento, es decir cuando el lobo se disfraza con la cofia de la abuela para engañar a la niña.
También Hans Christian Andersen produjo una gran cantidad de historias que contienen referencias a la ropa y a la moda. Pero estas juegan un rol particularmente prominente en La Ropa Nueva del Emperador, un cuento que advierte cómo un interés excesivo en la propia apariencia revela arrogancia, vanidad y hasta estupidez, que en su caso particular le impide al emperador percatarse de la evidente farsa que le juegan el sastre y sus cortesanos. O también en el terrorífico Los Zapatos Rojos, en que una niña prefiere cortarse los pies para no seguir bajo el embrujo de sus zapatos.

Pero en ningún autor el lazo con la moda se manifiesta tan claramente como en el caso del francés Charles Perrault. Perrault vivió en el siglo XVII, durante el reinado de Luis XIV, el soberano que, en cierta manera, ‘creó’ el concepto de una moda volátil y efímera, a fin de mantener ocupados a los nobles de su corte y consolidar la industria textil del país. Fue bajo su reinado que nació el concepto de Versalles como centro de moda y de la corte francesa como el modelo a imitar por todas las otras cortes europeas.

De esta época surge de su imaginación La Cenicienta, la joven que en una noche mágica, transformada por su vestimenta, ‘pierde’ un zapato al huir antes de que den las doce. El príncipe se obsesiona con el delicadísimo zapato, no come, no duerme, permanece encerrado durante días hasta que decide salir en busca de su dueña. La moda, en definitiva, transforma la vida de Cenicienta. Por obra del vestido y el calzado correcto ella pudo asistir al baile, es decir entrar en un privilegiado círculo social, gracias a lo cual sus circunstancias y perspectivas cambiaron radicalmente.

Por ese entonces Perrault también escribió El Gato con Botas. En la historia, el hijo menor de un molinero recibe un gato como herencia. Este no le es particularmente útil hasta que el joven le ofrece un par de botas y una bolsa. Gracias a estas botas (mágicas) puede realizar hazañas heroicas e impresionar al rey. Tal como Cenicienta se transforma en una dama cuando se pone el vestido de fiesta, el gato deviene en valiente e inteligente cuando lleva sus botas. La historia de Perrault enfatiza las virtudes del vestir, que permiten que el hijo del molinero gane el corazón de una princesa.

Pero al mismo tiempo que Perrault habla de la importancia de la vestimenta también parece burlarse de los círculos reales y su esclavizante devoción por la moda, como lo revela un pasaje de la versión original de su cuento La Bella Durmiente, cuando esta se despierta luego de su siesta de cien años. “La princesa estaba totalmente vestida en un estilo magnífico. Mientras la ayudaba a incorporarse, el príncipe se contuvo de decirle que su vestido, con el cuello alto, se parecía a los que usaba su abuela, si bien, en verdad, no disminuía en nada su belleza”. Una reflexión tan frívola en un momento tan grave revela la increíble importancia que la moda ocupaba en los más altos círculos sociales y que este refleja, no sin cierta ironía, en el cuento.

Por supuesto, la intención de estos cuentos no es vehicular la importancia de la moda sino explicar condiciones sociales y transmitir un fuerte mensaje moral. Pero al hacerlo capturan también la variedad de posibilidades que ofrece la vestimenta -a veces mágicas, a veces oscuras-, que muchas veces son decisivas para llegar a un final feliz y edificante.

Fairy Tale Fashion, Fashion Institute of Technology, Nueva York, 15/1 al 16/4