Hombres

Ennio Carota

El arte fue forjando poco a poco a este chef italiano originario de Torino. Algo de herencia cultural, algo también de influencia de familia. Como fuera, hoy es un amante de la buena mesa, cómo no, pero más que eso, se rinde ante el buen gusto, el diseño y la belleza.

  • Macarena Anrique

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Foto: Alejandra González

En la casa de Ennio Carota (59) hay una trompeta algo abandonada. A veces, sus hijos -de seis y ocho años- le sacan sonido. Y no es fácil, se requiere técnica. Tal vez, heredaron el talento del padre. El jurado de MasterChef Chile es un amante de la música y apasionado conocedor del jazz; siendo un preadolescente ya compraba vinilos de artistas como Oscar Peterson. En estos últimos años ha dejado de lado la trompeta por falta de tiempo, pues sus días se reparten entre grabaciones para el programa de Canal 13, las tareas que demanda su trattoría, Pastamore, y la familia, con la vuelta a la paternidad después de casi 30 años. “La trompeta era mi cable a tierra. Mi maestro, un trompetista argentino que era como mi gurú y quien me motivaba a tocar, decía que estaba muy celoso de mi condición, porque tenía un soplido como pocos. Luego me remataba diciendo: ‘Lástima que no sabe tocar’” (ríe).

A Ennio le gusta la música en general, la buena y del estilo que sea. Sobre todo, se define como amante del buen gusto. “Nadie queda indiferente ante lo bello”, asegura. Se encantó con Chile, su estilo de vida y su gente hace 25 años, cuando llegó al país y traía una carrera forjada en la cocina de hoteles extranjeros, además del sueño de abrir un restaurante propio. Décadas atrás, se formó como cocinero en la Scuola Alberghiera de Turín y, antes de dedicarse de lleno a la gastronomía, fue fotógrafo y serigrafista; tenía un laboratorio y una pequeña empresa vinculada al diseño, pero el emprendimiento no fructificó y regresó a la cocina. “Haber nacido en un país como Italia hace que uno reciba en el ADN todo lo que tiene que ver con el arte y el buen gusto, estás constantemente rodeado de aquello. Yo siempre he sido atraído por todo eso, por la ropa, el estilo, los autos, el diseño. Crecí entre mi abuela que cocinaba y mi tía que cosía; la hermana de mi mamá, modista de las de antes, que no existen más, una persona que hacía trajes a la medida y era, como dicen acá, ‘seca’, una artista. Me contaba que creaba blusas con las telas de los paracaídas, recuperaba materiales y los transformaba en algo bello”.

No sorprende, entonces, que sea un hombre de original look, sin problemas para dejar su pelo ordenadamente en caos y combinar colores, floreados y lunares, chaqueta y zapatillas: “No tengo restricciones. Uno tiene que ser uno mismo. Alguien puede decir ‘este es ridículo’, pero yo me siento sumamente cómodo”.

A través de la comida que preparamos nos presentamos, dice el chef: “Como cuando pintas y la paleta de colores que eliges tiene que ver con lo que llevas dentro. Se nota cuando haces un plato, la concentración y el placer al cocinar hacen la diferencia, se traspasan al paladar de otra persona”.

La educación es otra clave. “El oído, el ojo, el paladar se educan. No sé si soy bueno enseñando, porque es un don que no todos tienen. Por ahí, soy más de ‘yo te muestro’”.