Hombres

Sergi Torres

Este conferencista y escritor español recorre el mundo transmitiendo un simple mensaje: la vida misma es felicidad. Para el lanzamiento de su segundo libro, Saltar al Vacío, de Ediciones Presencia, visitó Chile por primera vez, y en medio de charlas y talleres hablamos con él.

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Foto: Rodrigo Cisterna

400Desde hace 11 años que Sergi Torres (39) se dedica a comunicar e impulsar una nueva forma de relacionarse con los sentimientos, aceptándolos, incluido el miedo, para ver y experimentar el mundo de una manera más simple de la que las personas acostumbran. Su mensaje se resume en su nuevo libro Saltar al Vacío, una compilación de sus charlas de los últimos dos años. “Este libro es una invitación a empezar a cuestionar nuestras creencias básicas que dan forma a nuestra propia realidad”, explica. “Si somos conscientes de nuestro alrededor nos daremos cuenta de que algo no va bien, vemos las noticias y está clarísimo: estamos generando un mundo en base a nuestras complejas ideas. Saltar al Vacío es observar esas ideas y cruzarlas en lugar de seguir aferrados a ellas”. El ejemplo que él siempre da para entender su mensaje es el de la noción de que la Tierra es plana. “La vida no es lo que nos enseñan qué es la vida, lo que nos dicen es solo nuestro prisma humano de las cosas. Es como si fueses consciente de que el planeta es plano, porque así lo vemos, nos lo han dicho y todo el mundo está de acuerdo, pero de repente te das cuenta de que no y piensas que estás loco (ríe)”. Uno de sus mensajes fundamentales es que el estar vivos ya es un motivo de felicidad. “Muchas personas no entienden lo que digo y algunos lo rechazan. En mí hay un respeto y comprensión por eso. En mis charlas no hay intención de convencer a nadie, porque entiendo la imposibilidad de comprensión, así que estos espacios representan una invitación, como el libro, a mirar y revisar ciertas cosas que nosotros damos por sentadas y que quizás no lo están”, cuenta.

Cuando no se encuentra de gira por Latinoamérica, Estados Unidos o en su país, reside en Mataró junto a su esposa, Sara, y su hijo Arnau. Esa simplicidad que él transmite también está presente en la relación con su familia. “Es una fiesta (ríe). Eso no significa que no haya momentos intensos o de conflicto, pero este nunca se evita, se le da la bienvenida para aprender de él”, cuenta. “Ahí se genera un espacio ‘sagrado’, en el sentido de que hay un respeto muy profundo en cómo cada uno de nosotros ve y aprende de la vida. Y al mismo tiempo, nos sumamos los unos a los otros porque formamos parte de la vida del otro. Eso es muy bello y es algo que está a disposición de todos”. Uno de los fundamentos clave que propone Sergi es que seamos honestos y demos la bienvenida a nuestros sentimientos, a tiempo real, sin reprimirlos y enfrentando de inmediato cualquier tipo de conflicto que nos pueda afectar. “Estamos tan acostumbrados a vivir huyendo de lo que nos incomoda, con la intención de llegar a estar cómodos y sentirnos bien, que no nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo la vida todo el tiempo”.