Moda

Cindy crawford, medio siglo de belleza

Lejos de ocultar la fecha que se acerca, la supermodelo decidió “celebrar sus 50 en lugar de temerlos”, y lo hace con un libro, una crónica de su vida a través de fotos privadas y profesionales, acompañadas de sus reflexiones sobre la vida, la belleza, el matrimonio y la maternidad. La modelo cuenta, asimismo, los pormenores de su carrera y las lecciones que aprendió de grandes maestros como Helmut Newton, Richard Avedon o Herb Ritts.

  • Florencia Sanudo

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01-400Es una de las supermodelos auténticas y una de las mujeres más fotografiadas del planeta, célebre por su belleza all american y por su lunar supersexi sobre la boca.

Su libro -Becoming (Ed. Rizzoli)- no podía ser menos que una fiesta para los ojos. Ante el lente de los más grandes fotógrafos -Herb Ritts, Richard Avedon, Helmut Newton y Patrick Demarchelier entre otros- Cindy Crawford despliega su particular seducción en todas las situaciones imaginables: en traje de baño (y tacos altos), en ropa interior o vestido largo, natural, sofisticada, desnuda, semidesnuda, en color y en blanco y negro, embarazada y con su bebé en brazos, a los 20, a los 30, a los 40, alegre, pensativa, melancólica, atlética, provocativa… Para el lector estas más de 150 imágenes son como un recorrido por la moda y las actitudes de los 80 y los 90. Es probable que para ella, al borde de sus 50 años, Becoming (Deviniendo) fue un viaje al interior de sus recuerdos y una ocasión para hacer un balance de su vida.

Las bellísimas imágenes están acompañadas de sus reflexiones sobre una variedad de temas. Crawford escribe acerca de mostrarse desnuda, ser una madre que trabaja, las modelos de hoy, la revolución digital, su frustrada carrera de actriz y el paso de los años. “No me gustó cumplir los 40 -confesó al periódico inglés The Sunday Times- y ahora, a los 50, ni siquiera puedo intentar engañarme que soy la misma persona que a los 25… pero tampoco quiero serlo”. Para ella envejecer tiene sus ventajas. Con la edad, dice, “te sientes más cómoda en tu propia piel, aunque esta ya no esté tan firme como antes, pero sabes quién eres y quién no eres”.

Quién es Cindy

03-400Nació el 20 de febrero de 1966 en DeKalb, Illinois, un pequeño pueblo cercano a Chicago, en el seno de una familia de pocos medios (su padre era electricista y su madre ama de casa), la segunda de tres hermanas y un hermano, Jeff. La muerte de este, de leucemia, cuando ella tenía 10 años, marcó indeleblemente a la familia y fue el principio de la desintegración del matrimonio Crawford. Las niñas, y ella en particular, decidieron no causar más problemas a sus padres. En la escuela era una alumna excelente y al terminar el secundario obtuvo una beca para estudiar ingeniería química.

Optimista, la adolescente de 17 años pensaba que podría compaginar sus estudios con sus primeros trabajos como modelo, pero rápidamente se dio cuenta de que no podría hacer las dos cosas bien y luego del primer trimestre dejó la universidad. “Sabía que siempre podía volver a estudiar, pero el modelaje no podía esperar”, explica en el libro.

Si bien aun entonces, cuando una modelo talle 38 no era considerada obesa, con sus casi 57 kilos ella era más ‘voluptuosa’ que sus colegas. Pero, curiosamente, el mayor obstáculo que se le presentó no sobrepasaba unos milímetros: un lunar sobre su boca. El lunar de Cindy Crawford llegó a ser tan célebre y distintivo como lo son las gruesas cejas de Cara Delenvigne o los dientes separados de Georgia May Jagger. Como ellas, Cindy decidió muy temprano en su carrera que no se desprendería de él, a pesar de que algunos profesionales se lo aconsejaron con insistencia. Pero cuando en 1986 apareció en su primera portada para el Vogue americano se dijo que “si no era un problema para el Vogue, no lo sería para nadie”. Más aun, aquello que le hacía sentir más insegura se transformó en su marca de fábrica.

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Vogue India, octubre, 2010. Harper’s Bazaar Rusia, marzo 2014. Harper’s Bazaar Reino Unido, diciembre 2011. Playboy, julio 1988.

Pocas conocen el mundo de las modelos como ella y las ‘trampas’ que hacen creer a cientos de jóvenes que están decidiendo su propio destino y su carrera cuando en realidad están a merced de otros. Ya el hecho de llamar ‘chicas’ a las modelos es según ella una manera de infantilizar la profesión. Hoy, como ella misma lo dice en una frase muy bien formulada, quiere “honrar y reconocer a la chica que fui una vez y aceptar a la mujer que soy hoy, e incluso espero con ansiedad la sabia mujer que aspiro convertirme en las décadas futuras”.

Sus maestros

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Portada Becoming by Cindy Crawford (con Katherine O’Leary) Ed. Rizzoli ; Harper’s Bazaar Singapur, septiembre 2011 ; Elle Francia, diciembre 1992.

Cindy siempre fue una buena alumna. Lo fue en la escuela y en el colegio, y lo fue también a lo largo de su carrera. En el libro rinde homenaje a sus ‘maestros’, los fotógrafos que le enseñaron todo lo que ella sabe. A Victor Skrebneski, el primero, en Chicago, cuando ella no había dado el gran salto a Nueva York, a quien llama su “mentor”. Él le enseñó que ser modelo se trataba de “crear un deseo” y, más prosaicamente, a estarse quieta, hacer lucir la ropa y prestar atención a la luz. A Richard Avedon, “la leyenda”, quien la fotografió decenas de veces y la aleccionó a poner vida en sus poses y chispa en su mirada. Al “Maestro” con mayúscula, Irving Penn, uno de los padres fundadores de la fotografía de moda, que no tomaba una foto si no encontraba su valor intrínseco. A Patrick Demarchelier, “el mago”, que transmitía una particular nonchalance en sus sesiones y hacía que todo el mundo trabajara con alegría. A Helmut Newton, “el provocador”, un genio fetichista con una visión ligeramente depravada (pero que siempre trabajaba junto a su esposa de toda la vida), quien creó algunas de las imágenes más icónicas de la carrera de Cindy. A Herb Ritts, “el purista” y el amigo en que tenía total confianza, quien, según ella, la hacía lucir como “querría verme por las mañanas”. A Peter Lindbergh, “el director de fotografía”, fabuloso productor de imágenes en blanco y negro que hace que sus mujeres irradien fuerza y personalidad. Y a Steven Meisel, a Sante d’Orazio y a Marco Glabiano, y… Todos ellos, dice, le permitieron explorar partes de sí misma “que ni siquiera sabía que existían”.

Cindy ama su profesión y se siente “eternamente agradecida” por haber tenido la oportunidad “de ver el mundo a través de los lentes de tantos fotógrafos”, así como de conocer y ver lugares a los que nunca hubiera llegado por ella misma. “Al explorar otros países y culturas me siento mucho más rica como persona y mucho más humilde”, afirma.

Las supermodelos

Hoy es difícil comprender el fenómeno cultural que fueron las supermodelos en los años 90. Durante unos breves cinco años (de 1990 hasta aproximadamente 1995), las cinco del grupo original -Naomi Campbell, Cindy Crawford, Linda Evangelista, Claudia Schiffer y Christy Turlington- eran las más grandes superestrellas y generaban tanta o más atención que actrices y cantantes. El matrimonio de Cindy y Richard Gere (1991-1995) provocaba el mismo interés que Angelina y Brad hoy. Su divorcio ocupó miles de páginas así como su boda con Rande Gerber en 1998 y el nacimiento de sus hijos Presley (1999) y Kaya (2001). Cuando esta se inició como modelo, la noticia recorrió el mundo.

En ese panteón de bellezas Cindy Crawford se destacó especialmente, pues abarcó una esfera de actividades muy amplias, de los desfiles, las portadas de las revistas de moda y las campañas publicitarias por las que cobraba cifras millonarias (es una formidable mujer de negocios) a manifestaciones menos convencionales como animar un programa de moda en MTV, diseñar muebles, o posar desnuda para la revista Playboy… no solo una sino dos veces y ¡a diez años de distancia! Hoy en día, lejos de haberse retirado, Cindy es aún requerida para sofisticadas producciones de moda, es portavoz de la marca de relojes Omega y trabaja activamente para sus causas favoritas (lucha contra la leucemia infantil y el mieloma, seguridad medioambiental y protección de la naturaleza). Para ella, “la mejor manera de afrontar los cambios inevitables es vivir el momento presente, seguir evolucionando y sentir una enorme gratitud por todo lo que tengo: un matrimonio feliz, una relación con mis hijos que me llena de orgullo y un trabajo que sigue inspirándome”. Happy Birthday, Cindy.

“Becoming” by Cindy Crawford (con Katherine O’Leary) /Ed. Rizzoli (www.rizzoliusa.com)