Vida Sana

Caminar es pensar

La sabiduría popular dice que un paseo a pie hace bien. ¿Quién no lo ha hecho? Salir a caminar para desconectarse del estrés del día a día, bajar estados de ansiedad, aliviar una pena o darle vueltas a un asunto y, en ese deambular, encontrarle solución. El contacto con la naturaleza, el entorno y otras personas tienen bastante relación con el efecto, pero también algo pasa en nuestro cuerpo cuando andamos, algo a nivel del sistema nervioso que explica por qué caminar es bueno para la salud, no solo física, sino mental y emocional.

  • Macarena Anrique

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De puro gusto, mirando el entorno, andando a ritmo personal, con ruta o sin destino, no por obligación ni pensando en quemar calorías, simplemente caminar. Es lo que hacen algunas personas para relajarse, despejar su mente, reflexionar mejor o desbloquear su creatividad. Y les da resultado.

Es curioso ver cómo en la historia es fácil encontrar que algunas de las mentes más brillantes y creativas fueron las de incansables caminantes. En un resumen breve de casos es imposible no recordar a los alumnos de Aristóteles, que junto al filósofo daban largos paseos por el jardín que rodeaba su escuela. A estos pensadores los llamaban los peripatéticos, nombre derivado de una palabra griega que significa nada menos que pasear.

Los filósofos parecen ser grandes caminantes. Hegel, Kant y Kierkegaard son descritos así en los libros. El mismo Jean-Jacques Rousseau habla de su gusto por pensar en movimiento en su obra Las Confesiones. También hay músicos; se dice que Beethoven recorría Viena y llegaba a su casa para componer.

Científicos y escritores son otros. En las biografías de Charles Darwin se menciona que el investigador solía meditar acerca de temáticas relevantes mientras caminaba solo o acompañado. Charles Dickens hacía largas caminatas de día o de noche y ahí dejaba volar la imaginación para sus historias. Friedrich Nietzsche, otro andariego, escribió en El Crepúsculo de los Ídolos: “Solo tienen valor los pensamientos que nos vienen mientras andamos”. Y Virginia Woolf, en su ensayo Street Haunting dice: “De regreso a casa a través de las calles desoladas uno podría contarse a sí mismo la historia de la enana, de los ciegos, de la fiesta en la mansión de Mayfair, de la disputa en la papelería”.

Mucho más contemporáneo y en el mundo de la tecnología: el ejemplo del ingenioso Steve Jobs. Su gusto por caminar es mencionado en el libro que lleva su nombre, texto donde el biógrafo Walter Isaacson hace referencia a que el creador de Apple caminaba mucho y lo hacía para resolver ideas, pensar y hasta para tener reuniones.

Más que liberación de endorfinas

En uno de los más recientes datos científicos sobre el tema figura el estudio de las universidades de Stanford y de Santa Clara, en Estados Unidos. Analizaron a 176 universitarios y se concluyó que las personas son mucho más creativas cuando están caminando, hasta 81% más.

Guillermo Gabler, siquiatra de Clínica Alemana, afirma que hay validación científica respecto de que la actividad física tiene un efecto sobre el ánimo en general, pero advierte que no está claro el origen del beneficio: “No hay información concreta. De hecho, desde los años 70, cuando comenzaron los estudios al respecto, costó mucho demostrar que el ejercicio era una indicación para casos de depresión. Esto, porque las investigaciones tenían problemas metodológicos, con altas tasas de abandono del tratamiento”.

Rodrigo Correa, también siquiatra y especialista en trastornos del ánimo, comenta que se ha demostrado que salir a caminar es beneficioso para la salud mental: “Los estudios más directos dicen relación con la liberación de endorfinas, lográndose una sensación de satisfacción al término de la caminata, así como la posibilidad de distraerse de las preocupaciones más contingentes para dar paso a un modo de ‘procesamiento’ de la información distinto al que sucede en reposo. Interesante evidencia apunta a que la actividad sensorial y motriz periférica de nuestro cuerpo también influye en el modo de procesamiento cognitivo y emocional a nivel del sistema nervioso central. Estos conocimientos podrían ser la razón de por qué muchas personas abordan sus problemáticas caminando”.

El doctor Gabler advierte que caminar cabe en la categoría de actividad física siempre que lleve la frecuencia cardiaca a un cierto ritmo. Por eso es importante que la caminata, además, considere cierta cantidad de tiempo: por lo menos media hora. Estas condiciones son las que podrían generar cambios. El siquiatra concuerda en que dentro de lo que más se postula como una de las razones que explica el beneficio de la actividad física es que, a partir de esta, se liberan endorfinas: “Opioides endógenos con impacto positivo en el ánimo que generan sensación de placer, calma, control de ansiedad y, al parecer, también existe un efecto cognitivo por la existencia de una activación a nivel del cerebelo. Además de la liberación de endorfinas, mejora la transmisión de esos opioides endógenos, se activa su sistema”. Y eso sería clave, porque hoy se sabe -explica el siquiatra- que son muchos los factores involucrados en el estado de ánimo y mental: “No solo está determinado por la serotonina, hay muchos neurotransmisores más, el ánimo es muy complejo como proceso”.

Momento personal

Susana Muñoz, sicóloga y directora de Serbal: Centro Desarrollos Sistémicos, también quiso reflexionar por qué caminar calma y permite pensar mejor. Desde la perspectiva sicológica, concluye que hay tres importantes factores: movimiento, cambio de contexto y la experiencia del recorrido.

“Pensando en el cuerpo como una zona de convergencia, de tiempo y espacio donde confluyen lo biológico, lo histórico, lo familiar, lo transgeneracional, lo social y cultural, el movimiento nos remite a una de las claves primarias de la vida. En este sentido, la marcha, el desplazamiento con conciencia, nos retrotrae a la historia de lo humano”, dice la sicóloga.

Por otro lado, salir implica cambiar de entorno. “El contacto con otra realidad favorece la conexión con el recorrido, estableciendo vínculos con escenas y melodías que este ofrece, ampliando los límites o bordes de pensamientos repetitivos que en otros momentos se han tomado el protagonismo”, afirma Muñoz.

La experiencia del recorrido es el tercer factor que plantea: “Caminar con la consciencia de habitar, ser en el cuerpo, nos sitúa en el tiempo presente, levantando emociones y sensaciones que dan cuenta de vivencias o memorias corporales que se metabolizan en la marcha, generando sentimientos de pertenencia y apertura perceptual hacia adentro (mundo interno) y hacia afuera (mundo externo). Especialmente cuando estos desplazamientos se guían por la experiencia del recorrido, más que por un objetivo, de este modo se favorecen entonces los procesos creativos.
El momento de la salida podría describirse como una experiencia que sitúa a las personas en un tiempo presente y que contacta con una confianza, ritmo o melodía interna que lo liga como parte de lo humano y de la naturaleza. Una experiencia de salir al mundo. En este sentido, la salida es con la disposición a dejarse tocar por sonidos y silencios, escenas, encuentros, que entran, salen o quedan resonando”.

Como terapia


“Como cualquier otro ejercicio físico, caminar se recomienda especialmente a pacientes que están cursando un cuadro depresivo”, afirma el siquiatra Rodrigo Correa. Pero también es cierto que los procesos terapéuticos son únicos y particulares, según lo explica la sicóloga Susana Muñoz: “A menudo, el deseo de realizar caminatas surge como una predilección íntima del caminante. En ese sentido, la recomendación es escuchar y poner en acción la intuición, atendiendo al recorrido, sus matices emocionales, ritmos y melodías en un tiempo personal que, a menudo, es indefinido y ocurre fuera del tiempo lineal, es el tiempo de la vivencia”.

La sicóloga recomienda: “Hacerlo con el juicio y la ‘expectativa entre paréntesis’. Respirando y atendiendo a ese proceso de entrada y salida del aire al cuerpo. Permitiendo que escenas y pensamientos viajen en direcciones inciertas en la mente de uno, sin censura ni control; sintiendo el clima, las luces, las sombras, la temperatura en la piel. Todo esto para sentir los momentos presentes y las redes vinculares que nos unen con uno mismo y con otros”.