Hombres

José María Goñi

En sus 10 años como joyero ha desarrollado un “ojo biónico” para elegir las piedras preciosas y semipreciosas que dan cuerpo a sus excéntricas piezas. Tiene clientas en Europa, Asia, Rusia y, por supuesto, en Chile, donde es una firma infaltable de las alfombras rojas locales.

  • Maria Paz Maldonado

Compartir vía email

interiorEn una de sus tantas visitas a ferias internacionales de joyería se enamoró de la piedra más impresionante que ha visto, pero que sin embargo jamás ha tenido. Era una turmalina Paraiba, proveniente del estado del mismo nombre en Brasil. “La vi en una feria en Hong Kong y me enamoré. Brilla como un diamante pero con un tono azul turquesa intenso. Es impresionante. Me encantaría trabajar con ella, pero el quilate cuesta 50.000 dólares, así que, a menos que fuese por encargo, es impagable”, cuenta para explicar por qué nunca ha hecho una joya con su piedra favorita. Pero aunque en este caso la historia no llegó a buen puerto, generalmente José María (32) se queda con las gemas de las que se enamora. “Cuando compro una piedra es como amor a primera vista, si me gusta, la llevo. Muchas veces he tenido que modificar diseños que ya he dibujado para que se ajusten a la piedra. Tengo un ojo biónico para elegir”, dice.

Su abuela Harriette Hou Carrier -mitad francesa y mitad japonesa- coleccionaba joyas antiguas, las que obtenía en diferentes remates en Europa a cambio de monedas de oro. Esa sensibilidad la heredaron sus 7 hijas e inevitablemente, sus nietos. “Mi abuela falleció cuando yo tenía 4 años, pero antes de eso vivió con nosotros y me acuerdo que yo admiraba todas las joyas que vestía. En ese tiempo la gente usaba con libertad todas sus joyas y desde ahí me cautivaron”, recuerda.

Estudió Diseño de Textil e Indumentaria en la Universidad de Palermo, pero cuando egresó se dio cuenta de que la ropa no era lo suyo. “Los pocos diseños que alcancé a hacer eran como prendas-joya, con muchas aplicaciones, detalles y pedrería, y resolví que por ahí iba mi interés. Me propuse convertirme en joyero y partí a especializarme en alta joyería a París”, cuenta. Estudió en la Universidad de Sorbonne y gracias a un concurso consiguió exponer en la lujosa tienda parisina Le Bon Marché.

De vuelta en Chile, el boca en boca hizo que su nombre y excéntrica propuesta barroca diera que hablar, y rostros como Cecilia Bolocco, Carola de Moras y Eva Gómez eligieron sus joyas para complementar sus vestuarios en galas como la del Festival de Viña. “Nunca busqué a nadie, la gente llegó a mí con naturalidad, pero sin duda eso ayudó mucho para darme a conocer”, asume. Metódico y detallista, José María supervisa todo el proceso productivo de una pieza, que en promedio demora 30 días. Finalizada la obra, la alegría del resultado final termina cuando hay que venderla. “Me da mucha pena cuando vendo una joya. Detrás de cada pieza hay una historia. En el tiempo que duró su construcción hubo viajes, búsquedas, dificultades, cambios, frustraciones. Cuando la vendes se va una pequeña historia. Me entristece, pero también es lo que me encanta de hacerlas: transmitir mi energía a través de un objeto”.