Belleza

Un perfume verdaderamente exclusivo

Alguien tenía que pensarlo… y Jean Patou lo hizo: un perfume a medida, creado solo para una persona. Únicamente al alcance de una clientela excepcionalmente rica, esta tendrá el privilegio de ser propietaria de una fragancia totalmente personal y un frasco con su propio monograma.

  • Florencia Sanudo

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Thomas Fontaine, perfumista de Patou.

En nuestros días de globalización a ultranza la perfumería no podía salir indemne. Con más de mil cuatrocientas nuevas fragancias cada año, inevitablemente muchas se parecen o son totalmente idénticas. De esta masa, ¿cuántas atravesarán su época para acceder al rango de ‘clásicas’? Solo un puñado. La maison Jean Patou puede enorgullecerse de haber creado Joy, uno de los perfumes icónicos que revolucionaron su tiempo y se inscribieron en la historia de la perfumería.

Pero hoy la marca francesa va un paso más allá y, desde su sede histórica de la calle Saint Florentin -allí donde las clientas de la alta costura se sometían dócilmente a una media docena de pruebas para cada vestido y donde ahora funcionan el laboratorio y la tienda-, propone un perfume a medida, también exclusivo y singular.

Jean Patou en  1924.
Jean Patou en 1924.

¿A quién podrá ofrecerse esta fragancia totalmente personal? Sin duda será un hombre o una mujer de gran fortuna, que puede permitirse vestir en alta costura y lucir las creaciones de la alta joyería, quien se dará el lujo de oler como ninguna otra persona en el mundo.

La noción no es incongruente en nuestra época en que todo se produce en cantidades industriales y en que la exclusividad se ha convertido en un bien excepcional. Sin embargo, desde su creación en 1914, la maison Jean Patou, bajo la influencia de su carismático fundador, lanzaba ya en 1925 una serie de tres perfumes respectivamente para rubias, morenas y pelirrojas, y en 1931 la serie Cocktails, tres fragancias vendidas conjuntamente que cada mujer podía mezclar a su gusto. El germen de la idea ya estaba allí.

Hoy, de la mano de Thomas Fontaine, Jean Patou la pone en práctica. Así, el perfumista de la casa, responsable en los últimos años de la modernización y relanzamiento de los más grandes éxitos de la marca, se convertirá en una suerte de detective, confesor y psicoanalista para adentrarse en los gustos secretos de una clientela de excepción a fin de volcarlos en un perfume inédito y personal. Diplomado del prestigioso instituto ISIPCA (Institut Supérieur International du Parfum, de la Cosmétique et de l’Aromatique Alimentaire), apasionado de la música clásica, de los placeres de la buena mesa y de la historia, este arqueólogo de la perfumería ama tanto remodelar las antiguas fórmulas como crear acordes contemporáneos e inéditos.

 Perfumes originales  Le Sien, Adieu Sagesse, Amour Amour (ahora Deux Amours).
Perfumes originales Le Sien, Adieu Sagesse, Amour Amour (ahora Deux Amours).

¿Cómo nació esta idea? Para nosotros era una evidencia pues la idea ya estaba en el ADN de la casa. Jean Patou no fue el primer modisto en crear su perfume (ya lo habían hecho Poiret en 1911 con su perfume Rosine, y Chanel en 1921 con su Chanel Nº 5), pero él fue el primero en jugar con el concepto del ‘a medida’ al lanzar, en 1925, simultáneamente tres perfumes orientados para tres tipos de mujeres.

Una excelente idea de marketing. Exacto. Eran tres perfumes, para morenas, rubias y pelirrojas, que corresponden a tres tipos de piel: Que Sais Je (para rubias) Amour Amour (morenas) y Adieu Sagesse (pelirrojas). En 1930 fue aun más lejos al crear la serie Cocktails -Dry, Bitter Sweet y Bitter-, tres fragancias desarrolladas para mezclarse entre sí, que se vendían con un frasco vacío y una pipeta, con los que cada clienta podía hacer su mezcla ideal. Patou tenía un concepto de la perfumería muy elitista y decía que cada mujer tenía su particularidad y debía tener un perfume propio.

Una idea que se concreta en 2015. ¿Cómo es el proceso? Ante todo hay que saber que para desarrollar un perfume a medida para una sola persona deben seguirse los mismos pasos que al crear uno masivo. Esto significa que toda la legislación que se impone, todos los documentos, todas las pruebas necesarias desde el punto de vista sanitario, todo eso que es muy costoso y complicado de implementar, lo haremos rigurosamente para una sola persona. Pero esa persona tendrá un producto que será único, cuya fórmula será utilizada una sola vez, solo para ella. Ese es nuestro compromiso.

Jean Patou en la calle Saint Florentin, donde aún se encuentra.
Jean Patou en la calle Saint Florentin, donde aún se encuentra.

Imagino que serán necesarias varias pruebas, como en la alta costura. En la primera cita dejaré de lado mi traje de perfumero para vestir un poco el traje de psicoanalista, lo que es imprescindible pues debo averiguar detalles de la persona, entrar un poco en su intimidad, conocer su vida, sus gustos, sus aspiraciones, para luego poder contar ‘su’ historia. También saber, por ejemplo, si a la persona le gusta mucho el acorde chipre o los florales; en consecuencia me orientaré hacia sus gustos naturales salvo que si a lo largo de la conversación se revela que desea cambiar o descubrir otra cosa. Con todos estos elementos, luego de un lapso de tiempo le propondré una serie de ideas de las cuales elegiremos una o dos para llegar a una que seguiremos puliendo a través de otros encuentros, ya sea aquí, en París o en donde él o la cliente lo desee, pues yo puedo llevarle las muestras donde se encuentre.

Y una vez terminado y producido…

… se le entregará el perfume en un frasco en Baccarat con sus siglas grabadas, en un pequeño cofre en cuero, tela o madera según el gusto de cada cliente, que contendrá también un frasco de recarga y un vaporizador para cartera y tendrá cinco litros del perfume a su disposición que mantendremos guardados en condiciones muy específicas.

¿Cuánto costará? Cincuenta mil euros. Parece caro pero hay que tener en cuenta que solamente depositar la fórmula cuesta alrededor de diez mil euros. Y por supuesto no hay que olvidar el tiempo que exige, ya que calculamos que todo el proceso dura casi un año. Por otro lado, cabe decir que si es caro para la inmensa mayoría, para cierta clientela esa suma es un detalle.

¿A partir de cuándo se podrá encargar un perfume exclusivo? Desde ahora mismo. Si quiere comenzamos por usted, ¡solo tiene que firmar un contrato y pagar un adelanto! (risas). En realidad decidimos comenzar con un anuncio a los periodistas en avant-première, mientras que paralelamente desarrollamos un trabajo de contacto de clientes potenciales. Por cierto ya algunas clientas -de Qatar, de Suiza, de África del Sur- nos dijeron que en cuanto estuviéramos listos para lanzar el proyecto ellas también lo estaban.

Rosas y jazmines

Prototipo del cofre en que se presentará el perfume.
Prototipo del cofre en que se presentará el perfume.0000000

Desde su llegada a Patou hace cuatro años, se ha dedicado a reformular los perfumes de la casa, la mayoría de los cuales había desaparecido. ¿Por qué esta estrategia? Cuando, como en el caso de la maison Jean Patou, se dispone de un riquísimo archivo de esencias, es lo más natural recurrir a él, reconectar con su historia. Algunas marcas tratan de crear un patrimonio, una historia. Nosotros tenemos la suerte de tenerla y es riquísima, por eso estamos reeditando nuestros perfumes más significativos en el marco de las colecciones Heritage (herencia). Claro que para actualizar las fórmulas de perfumes como Chaldée, L’Eau de Patou, Adieu Sagesse o L’Heure Attendue hay que hacer un verdadero trabajo sobre las materias primas, pues muchas de ellas desaparecieron y hay que recrearlas. Pero es un proceso apasionante de investigación histórica: comprender la escritura de una perfumería desaparecida y una manera de crear y pensar que era diferente.

¿Hay elementos de base en todos los perfumes? Hay productos que entran en todos los perfumes, pero no hay elementos imprescindibles. Dicho esto, en Patou siempre encontrará la rosa y el jazmín, porque es la característica de la casa. Pero no es solo la presencia de estos dos elementos sino el equilibrio entre ambos, que es muy particular. A propósito, en 1930, el perfumista Henri Alméras le propuso a Patou una fragancia compuesta de esencias de rosa y jazmín que exigía más de diez mil jazmines de Grasse y veintiocho docenas de rosas de Grasse y de Bulgaria (rosas de mayo) para obtener tres centilitros de perfume. A pesar del costo, Patou lo aprobó con entusiasmo y lo bautizó Joy, alegría. Toque de ironía, Joy fue lanzado al año siguiente del crash de 1929 que hizo temblar todas las economías mundiales, con el audaz eslogan “el más caro del mundo”.

¿Qué es un perfume icónico: el buen perfume en el buen momento? Hay algo de eso, pero también es un perfume que cuenta una historia, que es atemporal, que no sigue la moda, la crea.