Gastronomía

Temple

Debo decir que al llegar nos reconocieron y nos atendieron muy bien, pero la calidad de la materia prima y las preparaciones no se pueden alterar así nomás con una visita sorpresa, por lo que Temple me sigue pareciendo un buen lugar para disfrutar los sabores asiáticos.

  • Pilar Hurtado

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¡Soy tan tentada! ¿Recuerdan que hace un par de semanas comentamos el ramen del Temple y, antes, una ensalada de wakame de otro local? Pues bien, solo de recordar esos sabores se me hizo agua la boca y decidí, pasado más de un año de mi última crítica, volver al Temple por esos platos. A mediodía este local en el hotel Intercontinental es superluminoso gracias a un alto techo de vidrio tipo invernadero. También hay una piscina grande con agua que corre sonoramente y ocupa buena parte de esta especie de terraza techada, lo que entrega un aire de frescor. A la hora de almuerzo, sus mesas de melamina tipo madera, sin mantel y con sillas negras, se llenan de gente: familias con nieto y abuelitos, parejas, grupos de amigos o colegas. La vajilla es blanca y la iluminación, muy grata. La carta está en un iPad que nos pasan para elegir los platos -con fotos-, uno va pinchando y se agregan a una lista, luego se le entrega al mozo el aparato y ellos descifran; otros usos de la tecnología en los restaurantes. Para partir pedimos una ensalada de wakame que estaba muy rica, y un sashimi de salmón, elaborado con pescado de excelente calidad. También dos rolls: maki furai, que trae palta, cuyo sabor se siente, y salsa de maracuyá, que a mí no me fascinó pero a mi acompañante sí. El otro roll es el unagui crunch, con pescado blanco por fuera, y adentro un crocante delicioso camarón tempura, ciboulette, huevos de pescado y salsa de anguila (unagui). Buena calidad de arroz y una equilibrada cantidad de este ingrediente hacen diferencia en rollos superiores a los de la media de locales. También, por la cantidad de ingredientes y el equilibrio logrado en sabores y presentación, se nota maestría al armar los rolls. Pedimos también un karaage ramen, partido en dos platos servidos generosamente, con sus chicharrones de pollo, huevo, el caldo picante y sabroso, todo cargadito al ajo, y los fideos a punto que a simple vista se ven artesanales. Claro que tuvimos los ojos más grandes que la panza, porque no pudimos terminar. Pero igual pedimos una torta de trufa de chocolate, a la que en la mesa le agregan ron Zacapa, que estaba mojadita y muy buena. Debo decir que al llegar nos reconocieron y nos atendieron muy bien, pero la calidad de la materia prima y las preparaciones no se pueden alterar así nomás con una visita sorpresa, por lo que Temple me sigue pareciendo un buen lugar para disfrutar los sabores asiáticos. Consumo: $14.500 (wakame salad + karaage ramen).

NOTA: 6.6 / Vitacura 2885, teléfono 223942000