Hombres

Mathieu Michel

En 2004 llegó al valle de Colchagua buscando vinos para su restaurante en Gante (Bélgica). La estadía se prolongó bastante más de lo programado y este chef lleva más de una década radicado en Chile. Con un interesante acento belga/chileno y usando tantos modismos como un compatriota, nos contó de su historia y proyectos.

  • Maria Paz Maldonado

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Foto Marcela González

400Como era el nieto regalón de su abuela materna, Jeanne, a diferencia de su hermana y primos, tenía acceso ilimitado a la cocina. “Mi abuela era de esas personas que se levantan de madrugada para cocinar todo lo necesario para el día”, recuerda Mat (35), como prefiere que lo llamen. Levantando tapas de las ollas y probando la comida antes de que la sirvieran, la gastronomía lo fue conquistando. Luego vino una de esas situaciones medio de película en las que se está en el lugar y momento indicados. “Cuando tenía 16 trabajaba los fines de semana lavando platos en un restaurante pequeño de mi ciudad, éramos tres: el chef, el cocinero y yo. Un día el cocinero no llegó -parece que tenía caña- y el chef me pidió ayuda. Preparé una ensalada verde, bien simple, pero en adelante me hice cargo de los platos fríos y no volví a la lavar platos”, cuenta.

Convertirse en chef profesional fue una decisión que asumió con naturalidad, aunque su familia no. “Intentaron disuadirme por todos lados. Casi todos son sicólogos y no veían con buenos ojos que me convirtiera en chef. Me dejaron estudiar hotelería, pero con el compromiso de estudiar hotel management después”, dice. Así lo hizo, y luego abrió un restaurante con un amigo en Gante.
A Chile llegó invitado por una viña, atraído por el carménère para llevar a su restaurante. Venía por unos meses, pero lo poco y nada que sabía de español terminó por sellar su estadía ilimitada en el país. “Un belga conocido de mi familia estaba empezando un negocio acá y me pidió ayuda con los trámites porque no sabía español. Yo tampoco sabía mucho, pero sí más que él, así que acepté. Luego me reclutaron del Club de la Unión y decidí quedarme. Nunca pensé que sería por tanto tiempo, pero me gusta acá, la gente es buena onda”, reconoce.

De inconfundible aspecto europeo, los 11 años que lleva en Chile no han pasado en vano y aparentemente Mat ya se chilenizó: mientras habla los modismos e incluso garabatos (que le han traído varios problemas por no saber en qué situaciones decirlos) se le escapan con naturalidad, es fanático del asado al palo, solo el año pasado visitó 40 veces las Torres del Paine -su destino favorito junto a Coyhaique- y no se pierde los partidos de la Universidad de Chile sentado en la galería del estadio donde es un bullanguero más. “Hace tiempo un amigo me invitó a ver un partido de la U vs. Colo-Colo. La U iba perdiendo como 3 a 1, pero el público empezó a alentar eufórico y finalmente el marcador se dio vuelta. Ahí supe que ese era mi equipo, ahora no me pierdo los partidos y siempre en galucha”.

[block_quote cite=] Es embajador de Miele y ha dirigido las cocinas del Club El Golf 50, hoteles Radisson, Ópera, Cumarú y es dueño de la heladería El Toldo Azul. Este semestre inaugurará dos sucursales y un interesante local panadería/repostería/bistró.
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