Gastronomía

Carrousel

Es de esos lugares que te hacen preguntarte ¿qué es más importante, el fondo -la comida- o la forma -la decoración-?

  • Pilar Hurtado

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Íbamos con mi madre hacia la calle Beaucheff, con toda la intención de almorzar un viernes en La Casona de don Nacho. Pero los tacos nos detuvieron, la hora avanzaba y el hambre también, por lo que en el camino el solo recuerdo de los erizos al cajón del Carrousel nos hizo cambiar el rumbo y detenernos allí. Si bien la ambientación del salón es un poco noventera, está muy bien puesto: paredes amarillas, sillas finas con tapiz amarillo, verde y guinda a rayas, piso flotante, coloridos cuadros expuestos y a la venta, vista a un jardín lleno de pájaros a esa hora. Pero cuando llegan los erizos al cajón que compartimos, todo prejuicio se va a las pailas, es un plato celestial, esa textura del erizo, ¡cómo combina con la caja de pan frito y el jugo de carne! Es una maravilla, fascinante; qué importan el comedor como casa de abuela y la música a ratos de ascensor. Es de esos lugares que te hacen preguntarte ¿qué es más importante, el fondo -la comida- o la forma -la decoración-? Aunque estoy segura de que ambas cosas pesan en la experiencia de salir a comer, en este caso la comida pesa más, junto a un experimentado equipo de garzones, y perdono ese estilo algo anticuado. Pero sigamos… De fondo, de una carta larga y variada, pedimos locos Jack en salsa de whisky y con camarones, que sirven con una torrecita de arroz. Y corvina al limón -acompañamientos se pagan aparte- con un original apio gratinado. La comida está perfecta, sabrosa, maravillosa, los locos son blandos como una esponja, me recuerda a la comida en la casa de mi abuela paterna, una crack. La corvina está a punto -hace mucho que no comía corvina-, deliciosa, y el apio gratinado es una revelación fresca y crocante. El postre, Orleans de castaña y lúcuma, es como casero y uno poco demodé en su presentación, pero es perfectamente congruente con el restaurante y su oferta. El único punto negro fue que al levantar el plato quedó sobre el albo mantel una rueda de pelusas oscuras. No era suciedad, pelusas nomás. Le preguntamos al amable garzón y no supo explicar bien lo que pasó, pero pidieron muchas disculpas porque “son los detalles los que hacen la diferencia”, dijo. Por eso creo que Carrousel es como un animal en extinción, ya no quedan lugares así y podemos dejarlos desaparecer o elegir cuidarlos, visitarlos y mantenerlos vigentes. Consumo: todo lo descrito + 3 copas de vino y 2 cafés: $57.000.

NOTA: 6.9 / Los Conquistadores 1972, Providencia. Teléfono 022-2321728