Hombres

Matías Bize

A pocos días del estreno de su nueva película, La Memoria del Agua, el director chileno repasa el largo proceso que recorrió para completar este proyecto. Asegura que es el más logrado de su carrera y que una vez más lo enfrenta al tema que ha sido una constante en su filmografía: el amor.

  • Josefina Strahovsky

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Foto Rodrigo Cisterna

400Después de ganar el premio Goya a la Mejor Película Extranjera de habla hispana por La Vida de los Peces (2010) las opciones para el próximo proyecto del director chileno Matías Bize (36) eran infinitas. Podría haber revisado algún conflicto social o histórico que atrajera público a las salas, haber adaptado un best seller literario con sello hollywoodense o llevado al cine un excelente guión con una historia ajena. Pero una vez más decidió hablar de lo que, asegura, mejor conoce: el amor. “Siempre termino hablando de amor porque no me nace otra cosa. Puede ser algo inconsciente, pero es lo que me ha tocado vivir. Las películas que como espectador me parecen interesantes siempre tienen a un director hablando de su mundo. Para mí esas películas están hechas desde una verdad, desde la honestidad y me parece que para hacer una película uno tiene que hablar de lo que, en alguna medida, conoce”, asegura.
¿Qué puede separar a una pareja que se ama? Para contar la historia que tenía en mente la respuesta tenía que ser brutal, similar a una “bomba atómica” que quebrara este amor desde sus bases. Aunque el conflicto principal de La Memoria del Agua (que se estrena el 27 de agosto) no lo ha vivido en carne propia sí lo siente cercano. La historia, protagonizada por la española Elena Anaya y Benjamín Vicuña, es la de una pareja que se quiebra después de la muerte de su hijo. “Vemos cómo esta pareja intenta reconstruirse, luchar y mantener su relación viva. En el fondo, cualquiera puede conectarse con eso porque todos alguna vez hemos tenido que luchar por una relación”, explica.

El desafío, dice, era contar una historia que emocionara pero que también perdurara en la memoria. Lo más importante: no recurrir a los clichés obvios. Para lograrlo trabajó más de tres años, junto a Julio Ponce, en el guión, aunque no quisieron investigar sobre los efectos sicológicos de una situación tan intensa como la que viven los protagonistas. Sin embargo, Benjamín Vicuña (quien perdió a su hija Blanca en 2012) sí fue capaz de imprimir su experiencia personal. “Él me llamó como para colaborar en lo que necesitara desde conversar, revisar el guión hasta participar en el casting. Me pareció un acto de valentía tremendo que le agradeceré para siempre. Fue un regalo para mí que estuviera en la película, porque me entregó todas sus vivencias, pero también fue un regalo para él porque, independiente de su experiencia personal, profesionalmente logró un trabajo espectacular”, cuenta.

Aunque aún quedan meses de promoción y trabajo, sabe que pronto tendrá que plantearse cuál será su nuevo proyecto. “Por ahora no tengo nada pensado; cuando termino una película quedo vacío. Hay directores que trabajan en cinco proyectos paralelamente, yo no. Mis películas nacen tan adentro que no puedo pensar en nada más hasta que completo todo el proceso. Aunque nunca me bajo de la máquina, porque soy director y quiero vivir del cine”.